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Mi báscula me odia

Y después de las fiestas… ¿qué?

8 enero, 2018
despues de las fiestas

Tú y yo sabíamos que este momento llegaría.

No lo querías reconocer, de hecho hasta te sorprendías pensando en ello y te frustraba. Hubieras deseado que se pospusiera, por lo menos, hasta después de semana santa.

Pero no. Las navidades se han terminado; los banquetes, las reuniones sociales, las cenas de empresa, los saraos, los bailes, los cocteles, los gin-tonics y los bigotes de gamba se han ido.

Pero los kilos de más se han quedado…

Te doy un minuto de tiempo para que corras en círculos con los brazos en alto. Pasado el minuto componte y sigue leyendo.

Porque…

El desastre posterior a las navidades está aquí

Es como el final de una buena obra de teatro, un buen libro o un gran coito. Lo has disfrutado plenamente pero sabías que acabaría, solo que los tres ejemplos propuestos no dejan kilos de más a su paso. Bueno, salvo el coito…

Pero no te alarmes, que todo tiene solución menos una cosa. Y en primer lugar debes saber unos cuantos datos técnicos acerca de ese peso extra que has acumulado.

Lo que rápido sube, rápido baja

Nuestro hígado y nuestros músculos tienen unas cuántas capacidades innatas que debes conocer.

Antes de que la grasa crezca por todo tu cuerpo, el exceso de comida hace distintas escalas. Esas escalas duran un tiempo razonable en el que podemos actuar. Lo que te has comido hoy no se transforma en lorza mañana a primera hora. Se toma su tiempo.

Veamos las principales escalas de nuestros excesos.

Qué hace el hígado con el exceso

El hígado es nuestro filtro natural. Sus funciones son tres:

  • Desintoxicarnos de toxinas
  • Sintetizar nutrientes
  • Almacenar glucógeno y vitaminas

Su peso aproximado en condiciones naturales es de 1,3 a 1,6 kilos en las personas adultas. Y goza de una capacidad única para almacenar el desayuno de los campeones de nuestro cerebro: el glucógeno.

Cuanto más comemos y bebemos más componentes (sobre todo agua) almacena el hígado para su procesado. Necesitará general más bilis para hacer la digestión. Necesitará filtrar un montón de tóxicos provenientes del alcohol que hemos bebido. Y también necesita hacer sus síntesis de glucógeno habituales.

En resumen, sin entrar en detalles técnicos (no es objeto de este artículo), a causa de todos estos procesos el hígado aumenta su tamaño y su peso. Se ha inflamado.

No te asustes. Si regresas a tus hábitos el hígado también lo hará y no dejará secuela alguna.

El cuerpo es muy resiliente.

Qué hacen nuestros músculos con el exceso

Pues en cuanto al almacenamiento realiza una labor similar.

Por norma el glucógeno muscular ronda el medio kilo de peso para las actividades diarias. En estas circunstancias hay que sumarle el exceso de agua y otros nutrientes que no tienen donde colocarse y que, a falta de un sitio mejor, se escampan por todos tus músculos.

Tanto tus músculos como el resto de tus órganos están siendo sometidos a mucho estrés en estos días. Se sienten como los almacenes de Amazon en el día de la madre.

Tú sabes que esa situación es temporal, pero tu cuerpo no razona al mismo nivel.

El cuerpo está alborotado

Si tu dinámica continuara en ese camino afianzarías los excesos transformándolos en depósitos de grasa y, con toda probabilidad, problemas mayores (hígado graso, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, etc.)

Después de fiestas los líquidos acumulados (y sólidos. Tu intestino delgado y grueso están a reventar) volverán a sus niveles normales si nosotros lo hacemos, y no al revés.

El síndrome de “acabar con las sobras navideñas” nos lleva a estar hasta febrero consumiendo dulces, gambas, restos de pavo y cordero fuera de nuestra rutina básica.

Si perpetuamos ese comportamiento esos kilos de más (entre 2 y 6 dependiendo de sexo, edad, mano larga y demás) se quedarán a vivir. Serán como ese amigo incómodo que venía a pasar dos semanas en casa y lleva ya seis meses.

Recomendaciones para terminar con las sobras

Lo primero será mantener la cabeza fría. No vale eso de “como el daño ya está hecho…” Es la misma filosofía del fumador: total, por un cigarro más…

Así que pongamos negro sobre blanco y pasemos a la acción con las siguientes recomendaciones:

  • Haz un inventario de todo lo que te ha sobrado en las navidades, tanto de bebida como de comida.
  • Programa con tu gente una última comida homenaje (sí, ya sé que estáis hartos de tanta comida, pero es mejor llenar veinte tupperwares para la familia que subir cinco kilos más de peso) y acaba con todas las sobras
  • Cocina todo lo que tengas que cocinar y bébete todo lo que tengas que beberte en ese evento
  • Ese último homenaje ha de estar dentro del mes de enero. No se puede posponer
  • Si, por cualquier circunstancia, no se pudiera celebrar en este mes, deberás tomar una dura decisión: o deshacerte de las sobras o aplazarla, si los alimentos lo permiten, hasta el verano como mínimo
  • Si no quieres tirar la comida y tu gente no quiere o no puede quedar, cocina igualmente y reparte los tuppers. Aquí, o jugamos todos…
  • Después de esta última celebración has de volver a tu estatus original pre-navidad. Se acabó lo que se daba

Por eso siempre es recomendable comprar de forma aislada los alimentos para cada uno de los eventos. Se limitan las sobras y la necesidad de almacenar.

Plantéate siempre preguntas del tipo: si somos tres en casa, ¿por qué compro 6 kilos de langostinos? Si no me gusta el vino, ¿a qué vienen esas tres cajas de rioja?

Y si te las regalan, haz lo mismo: regálalas.

Sugerencias para perder peso después de fiestas

En esta segunda parte veremos cómo retomar ese cauce normal de los acontecimientos en nuestra dieta.

Lo primero, aunque te parezca tonto, es recoger toda la decoración navideña. Vivimos en el imperio de los sentidos; mientras mantengas el espumillón y el belén cerca te apetecerán mazapanes y roscones.

En serio, he ido a casas en marzo que aún tenían plantado el árbol de navidad.

Activa tu interruptor de la grasa

Dice el doctor Richard Johnson en su libro The Fat Switch que las personas obesas consumen más alimentos debido a que tienen un interruptor defectuoso. Hacen una menor cantidad de ejercicio porque su energía es baja.

Activando ese interruptor que se encuentra en las mitocondrias (hice unos cuantos dibujos de ellas en el artículo de la crioterapia) encontraremos la clave para combatirla.

Cómo activar el interruptor de la grasa

Pues realizando las tareas que debemos hacer después de las fiestas navideñas, a saber:

  • Reducir las porciones de alimentos a una cantidad normal
  • Que tu dieta se componga principalmente de verdura, fruta, hortalizas y legumbres
  • Que los hidratos de carbono simples (como pasta, pan y derivados) se reduzcan al mínimo o se eliminen
  • Que los refrescos azucarados, dulces, azúcar y procesados desaparezcan
  • Que el alcohol se tome unas largas vacaciones
  • Que hagas deporte, ejercicio, camines o lo que sea que implique moverse del sofá
  • Que no pienses nunca que estás renunciado a nada, sino que estás dándote vida cada día

Estas actividades se deben prolongar durante todo el año, año tras año, el resto de tu vida.

Vuelvo a repetirte que no estás renunciando a nada. Estás dándote vida. Si dentro de unas semanas o meses tienes un evento social, podrás disfrutarlo a gusto. Tu trabajo estará hecho. Tu flexibilidad metabólica te permitirá ese exceso puntual.

No renuncias a nada cuando pones vida en tus años.

Qué no hacer para que el interruptor de la grasa se atasque

Pues, básicamente, lo contrario de lo dicho.

  • Comer grandes porciones de alimentos y no moverse
  • No controlar los niveles de ácido úrico y los chutes de insulina a causa de esto
  • Tomar azúcar y refrescos, con el gran contenido en jarabe de maíz alto en fructosa que contiene
  • Dejar que el síndrome metabólico campe a sus anchas
  • No hacer ni caso a ninguna recomendación de este blog, ¡y mira que hay!

Como tengo total confianza en tu capacidad, daré por sentado que estas últimas líneas no se aplican a tu persona.

De lo contrario… ¿escuchas una respiración en tu nuca?

Soy yo…

Regreso a la calma

El 2018 ya está aquí.

Bastante tienes con todos los buenos propósitos amontonados unos encima de otros como para preocuparte por tantos kilos.

Sabes lo que tienes que hacer y lo vas a hacer.

Recuerda, nunca te preguntes por qué tienes que perder peso, sino para qué lo haces. La respuesta te gustará mucho más.

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