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Mi báscula me odia

Cómo perder 30 kilos (de momento) y cambiar de vida. Parte 1 – El comienzo

4 julio, 2017

Voy a narrar un viaje. Mi viaje.

Subscríbete y me acompañas

Da comienzo el relato de una lucha contra dos factores determinantes para una vida sana: la edad y la obesidad. Contra lo primero no podemos hacer gran cosa, pero sí contra lo segundo. Esta es la historia de una obsesión: la de adelgazar y la de ponerle vida a los años.

Y de como entrené mi mente para cambiar mi cuerpo y mi vida.

Vamos al meollo.

Vivimos en una jaula compuesta de músculos, huesos, tendones, otras fibras y otros fluidos. Dependiendo de los casos esa jaula se maneja mejor o peor. Y la gobierna un capitán inflexible y eficaz llamado cerebro. Las razones por las que el capitán a veces no decide lo que debe son un misterio. Y de vez en cuando necesita un motín a bordo.

Mi jaula era demasiado grande y maltrecha y mi Capitán llevaba demasiado tiempo dando órdenes de espaldas a la realidad. A mis 41 años mi barco prisión exhibía 127 kilos de eslora, zozobrando en aguas tranquilas. Y gobernado por los grumetes.

El 3 de diciembre de 2015 tuve que fondear en puerto, subirme al dique seco y replantear muchas cosas: necesitaba más que nunca un reseteo mental profundo y una nueva alimentación que diera resultado de verdad. Harto como estaba ya de no poder con mi alma a cada paso, no dormir bien, roncar como un oso en celo, de agacharme y tener que agarrarme a cualquier lado para poder levantarme porque me dolían todas las articulaciones, harto de… uf!, ¿la vida?

Con 41 años me sentía sin ambiciones, con una enfermedad intestinal preocupante, trabajando en algo que no me gustaba y con una obesidad mórbida que me enseñaba el camino hacia la cirugía bariátrica.

Por suerte, en esta vida, en ocasiones ocurren cosas que vuelven tu mundo del revés y que te hacen tomar decisiones que lo cambiarán todo.

La enfermedad que no duele

Para quien no se plantee adelgazar le diré que estar gordo mata, y no duele. No duele en comparación a lo que duele la quimio de un cáncer, o un hueso roto. Te mata lentamente, sin prisa, pero lo hace. Y mientras lo hace te hunde moralmente.

Y lo peor no es acumular los kilos que, en un momento dado, se pueden perder y a más velocidad de lo que se ganan. Lo peor con diferencia, es ser una persona gorda de mente. Nos podemos operar el cuerpo, pero no el cerebro. El Capitán se lleva fatal con el bisturí. A ese nivel es intocable.

Lo llamo Capitán porque así minimizo mi culpa. Me obligo a verlo como una tercera persona que toma las decisiones por mí, de la que soy víctima. Siempre puedo decir que no soy yo el que ha decidido comerse esa hamburguesa gigante, es el Capitán el que me lo ordena. ¿Qué puedo hacer yo? ¿Cabrearlo y que ordene a mis pulmones que no respiren más aire? Antes repito hamburguesa, vive dios.

Nuestra preparación mental es el alfa y el omega para la solución al problema. Si no reseteamos lo que somos y lo que pensamos no cambiamos nada. Tengo que tomar muchas decisiones y hacer una lista con las cosas que quiero en mi vida y las que no.

Reconozco que el Capitán tiene el mando patas arriba. Que no toma las mejores decisiones en cuanto a mi vida. Soy un cuarentón con un hijo casi independiente, intentando recordar lo que era la vida cuando la vida merecía la pena.

Sé que tengo mucho trabajo por delante, pero el propósito está iniciado.

Antes de pintar la casa hay que sacar los muebles

La tarea más complicada a la hora de resolver un problema es reconocer que hay un problema.

Si la salud te está abandonando, pregúntate por qué. Si al mirarte al espejo ya no ves al que veías, pregúntate por qué. Si has dejado que la rutina invada todo tu mundo, pregúntate por qué. Si has renunciado a un cuerpo fitness como el de hace veinte años, a cumplir tus sueños, a recuperar tus aficiones de la juventud, en definitiva, a volver a vivir…

Pregúntate por qué puñetas lo has hecho.

¿Y para qué cuento esto?

Para que puedas contemplar el vacío que yo vi. Y para que puedas leer cómo lo he ido solucionando. Empezando por:

Mejorar hábitos

He logrado cambiar mis hábitos trabajando estos frentes:

A nivel mental

  • He vuelto a creer que hay vida a los cuarenta
  • Mi madurez ha de ser mi aliada. Soy más sabio que a los veinte. Utiliza eso.
  • Me he dado valor. Mis logros son mis logros. Que nadie me los niegue
  • Me planteo hacer lo que quiero y decir lo que pienso, desde el respeto
  • Cada día brinda una oportunidad para crecer. ¡Aprovéchalo!

A nivel físico

  • Puedo recuperar mi cuerpo volviendo a entrenar
  • Recupero las sensaciones musculares que había olvidado. Ya no me acordaba lo que era una agujeta, ¡y es maravilloso!
  • Cada día veo en mi cuerpo las muestras de mis conquistas
  • Mi dieta es mi aliada. Una buena dieta saludable. No me castigaré más con productos que solo me hacen daño

Y la lucha continúa. Empoderarme cada día hace que mis posibilidades aumenten. Sé que metiéndome en el papel del personaje y creyendo en él, me convertiré en él. Quiero abandonar, de una vez por todas, mi jaula de músculos, huesos, tendones, otras fibras y otros fluidos.

Entrena tu mente. Mejora tu cuerpo. Cambia tu vida.

La lucha contra la obesidad requiere paciencia

Y los resultados llegan. Siempre lo hacen. Pero olvídate de adelgazar rápido. Lo bueno es que cuando llegan es para quedarse. Ya que han pasado dos meses desde que empecé y esta nueva vida se está convirtiendo en un hábito. El Capitán comienza a despertar.

Y si esto me está haciendo bien a mi, a mi mujer y a mi hijo, por qué no a otras personas. Esto no se puede quedar aquí. Hay muchas personas que necesitan abandonar sus respectivas jaulas. Y es posible, lo estoy viviendo.

Para acabar, como mensaje importante, por no decir vital, quiero decir que importa bien poco qué tipo de dieta hagas. Lo restrictiva que sea, o lo permisiva, o lo proteica, o el argumento que te hayan dado.

Sólo existe una dieta: la saludable. Y solo funciona en combinación con ejercicio físico y mental. Alimentos reales, mover el culo y trabajar tu consciencia plena. Ya está. Y el milagro se produce. Desconfía de los vendedores de biblias, las píldoras mágicas y todas esas patrañas. Las he probado casi todas y no funcionan.

Opera el cambio en tu cabeza, sigue ciertas reglas, y te convertirás en otra persona. Tu cuerpo lo agradecerá. Todo lo que me irá pasando, lo que iré averiguando y lo que pueda transmitir, tendrá cabida en Mi báscula me odia. Acompáñame en el viaje. Y dime en qué te puedo ayudar.

¡Será un placer hacerlo!

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