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Mi báscula me odia

Como perder 30 kilos (de momento) y cambiar de vida. Parte 4 – Conciencia global

19 octubre, 2017

Esta es la historia de cómo perdí más de 30 kilos desde que empecé en 2015.

Aquí no hablaré de una dieta o de un deporte concreto. Aquí hablaré de la vida y de sus complejos mecanismos. Hablaré de cómo fui transformando mi mente para transformar mi cuerpo y mi vida, que es el lema de Mi báscula me odia. Te contaré qué es lo que he hecho y qué es lo que no para llegar a mis objetivos.

No vendo humo. No soy tu gurú. No te cobraré un duro por una dieta milagro ni por pastillitas. No te diré que es fácil. Te hablaré de trabajo, de sufrimiento y de cambiar hábitos para que tus logros perduren. No será fácil pero sí será apasionante.

Si no te quieres perder nada de mi historia aquí tienes un índice de lo publicado.

Parte 1 – El comienzo Parte 2 – La fase de los batidosParte 3 – El descubrimiento del pilates

 


En capítulos anteriores…

Decidí en diciembre de 2015 cambiar mi cuerpo y mi vida para siempre. Comencé a perder peso primero con los batidos de Herbalife con los que me maté de hambre, por eso perdí tanto, hasta que mi cuerpo se habituó y la pérdida se ralentizó. Empecé con 128 kilos en diciembre de 2015 y bajé hasta 106 kilos en junio de 2016, momento en el que la línea de bajada se estabilizó y comenzó a invertir el rumbo.

Cambié la estrategia y fui abandonado los batidos gradualmente por mis antiguos hábitos. Mi mujer y yo nos apuntamos a clases de pilates a finales de octubre de 2016. Por aquel entonces ya pesaba 108 kilos. Había recuperado 2 y me imaginaba lo que iba a pasarme a continuación.

Sigamos con lo ocurrido desde esas primeras clases.

Repasando mis hábitos

A principios de noviembre de 2016, recién matriculado en pilates, volví a sentir el dolor muscular que jamás pensé que volvería a sentir: las famosas agujetas. Gracias al estudio BodyFit & Salud volví a saborear esas maravillosas sensaciones.

Mis primeras y dolorosas clases intentaban poner apunto una máquina de 43 años agarrotada y enferma, porque hay que dejar una cosa clara: perder peso por perderlo no te hace una persona sana. Estar delgado no es estar sano necesariamente. Conozco a personas muy delgadas que están gravemente enfermas por dentro. De hecho yo siempre he sido una persona con obesidad y con unas analíticas perfectas. Con la recuperación del ejercicio físico algo me empezaba a decir que el éxito en aquello no iba a ser a causa de una sola cosa. Y lo iba a descubrir muy pronto.

A finales del 2016, con los batidos casi abandonados y mi báscula comenzando a revelar la cruda realidad, recuperé mi mala alimentación. Volví a la comida basura, a olvidarme de la nutrición, a disfrutar elaborando platos en la cocina, una de mis grandes pasiones. Y me olvidé, en la práctica, de los fundamentos que ya sabía sobre la pérdida de peso y que me empeñaba en no aplicar.

O al menos eso creía yo, que lo tenía claro en cuanto a los fundamentos por los que se pierde peso. Comer poco y beber mucha agua ¿no? ¿Es así?

¡Qué equivocado he estado media vida! Pero sigamos con los hábitos.

Llegando al final del año

No hace falta recordar lo que nos vamos a encontrar en diciembre. Llegan las navidades, esa bonita época en la que los fabricantes de estatinas se frotan las manos por los nuevos clientes que van a reclutar.

Como se acercaban las fechas y yo hacía pilates, pues me podía permitir ciertos excesos. Como se quema tanto con el pilates, ¿verdad Rubén? Unas 200 calorías por hora, por si alguien se lo pregunta. Pero a mí me daba igual. Era un deporte al fin y al cabo y eso me capacitaba para ser catador oficial de delicias varias pre-navideñas. De forma habitual hacía eso. A principio de diciembre comenzaba con las compras masivas de comida y con las pertinentes catas. Todo debía estar a punto para las fiestas.

Esta obsesión por utilizar cualquier pretexto para ponerme ciego de comer es algo que le pasa a mucha gente. He tratado varias veces este tema en el blog. Hacemos eso para tapar alguna carencia, y yo las tenía. Y aunque estuviera haciendo pilates y tomándome batidos de vez en cuando, mi vida no era saludable. Mi dieta no era saludable y mi cabeza tampoco.

Lista de mis malos hábitos

Esto es lo que hacía. A ver si alguien se siente identificado:

  • Picar entre horas, de todo, hay que visitar la nevera más veces que el baño
  • Comerme las sobras de los demás, no se vaya a hacer malas en el cubo de basura
  • Fumar todos los día un paquete completo. Malditos aquellos no fumadores que no nos entienden
  • Beber alcohol todas las semanas. Pero solo los findes. Esas cervecitas de los domingos… y de los sábados y viernes. Y los festivos, y los puentes.
  • Tener siempre programadas los fines de semana al menos una comida con amigos o familia. A veces dos o tres. Qué quieres, ¿que sea un antisocial?
  • Hacer la compra sin lista. Lo que se me iba antojando por los pasillos. Esto está bueno, pues al carro. Y esto también, y esto. ¿Leer etiquetas? Me espero a la peli.
  • Todas las noches entre semana, y muchos sábados y domingos completos, ver pelis y series. ¡Hay tanto bueno en Netflix! Creo que tengo que cambiar el sofá, está muy desgastado
  • Picar mientras veo la tele. ¿Cómo esperas que vea una peli sin pipas o palomitas, insensat@?
  • Dormir pocas horas. Por la misma razón. Hay mucho para ver en la tele.

Ahí lo dejo.

Pero estaba apuntado a pilates. Eso cuenta ¿no?

Estudiar

Estudiando para perder peso

Las navidades pasaron con todo su esplendor. Y las disfruté, como siempre, haciendo gala de mis hábitos mencionados. Lo curioso es que la gente me decía que estaba muy delgado. No en vano había perdido 22 kilos desde diciembre de 2015. ¿Seguro? Porque eso era en junio. Al empezar pilates en octubre estaba ya en 108 kilos. Mi pérdida se había reducido a 20 kilos totales.

Después de las navidades mi peso subió hasta los 111 kilos. Había recuperado 3 más y mi pérdida total bajo a los 19 kilos.

Haciendo lo de siempre me estaba pasando lo de siempre. Menuda novedad.

Detener la mala dinámica de una vez

Como si tuviera una especie de revelación caí en la cuenta de que tenía que revertir esa situación. Necesitaba cambiar mis malos hábitos y resetear mi cabeza. Había cosas chungas en mi vida que estaban desapareciendo y eso debía usarlo a mi favor.

Me di cuenta de que sin cambios globales no obtendría resultados globales. Ya había pasado por el efecto yoyo. Y conocía las dietas proteicas y las carbohidratadas. Tenía las bases para comenzar un aprendizaje real que lo cambiara todo. Y me puse manos a la obra.

Internet es una fuente inacabable de sabiduría si sabes buscar. Empleé mucho tiempo en leer blogs, artículos y comencé una colección de libros relacionados con la nutrición y la salud. En aquellos entonces fue cuando conocí a Marcos Vázquez y sus trabajos en fitnessrevolucionario.com. A Sergio Peinado y su canal de YouTube. A David Marchante y su PowerExplosive. Volví a leer a Ángel Alegre y su Vivir al Máximo, blog que ya seguía desde hacía tiempo. Y comencé a arreglar mi cabeza con los podcast de Álvaro Gómez y su Minfulness Online. Y un sinfín más que me resultaría complicado resumir.

Leí y sigo leyendo títulos como “Cerebro de Pan” del Dr. David Perlmutter; “Comer sin miedo” de J.M. Mullet, al que el mundo solo va a recordar por su pelea con Mercedes Milá. Así somos. “Guía de alimentación para runners” de Albert Grabulosa; “Desencadenado. Tu cuerpo es tu gimansio” de Marcos Vázquez; o “La ingestión es la cuestión” de Giulia Enders.

Estos son solo algunos ejemplos que quiero comentar para extraer una idea. La información está ahí. Solo hay que leerla, procesarla y aplicarla. Es así de fácil. De cada libro, de cada artículo, extraigo ideas útiles. De otros no. Y de esa manera perfilo mi entrenamiento y mi alimentación.

Reseteando conceptos

Este camino que había empezado me dejaba claro varias cosas. En primer lugar que las dietas milagro para perder peso de forma rápida son un error. Que necesitas tener clara la cabeza para poder tener claro que hacer con tu cuerpo. Que no necesitas tener la fuerza de voluntad de un espartano para conseguir tus objetivos. Solo necesitas conocimientos y aplicarlo.

Y ahora te preguntarás que cuáles son esos maravillosos conceptos. Porque aquí mucha cháchara sobre esto y lo otro pero lo que queremos es que vayas al grano. Pues lo haré. Y ahí van unas pinceladas. Es evidente que cada una de las siguientes líneas necesita ser explicada, pero por lo pronto te puedes quedar con el titular:

  • No existen malos macronutrientes (proteínas, grasas e hidratos), existen malas combinaciones
  • Que el ayuno intermitente es un gran aliado, no sólo en la pérdida de peso sino en tu reparación interna
  • Que el descanso es crucial para tu mente y tu cuerpo
  • Que se debe comer comida real, no productos industriales
  • Que se debe comer con hambre y beber con sed para recuperar el circuito de la recompensa
  • Que, de vez en cuando, puedes darte un capricho, que no pasa nada. Siempre que no sea un atracón ni a diario. Hay quien se premia todos los días
  • Que necesitamos meditar para comprender que debe y que no debe estar presente en nuestras vidas
  • Que hay que hacer ejercicio al menos cinco días a la semana, no tres ni dos. Y si es más, mejor
  • Que el deporte por sí solo no adelgaza. Te pone en forma
  • Que la dieta por sí sola no te pone en forma. Sólo adelgaza
  • Que si en tus comidas (2, 3, 4 o 5, las que hagas al día) pones un 50% de verduras en tu plato, y el otro 50% lo divides entre proteínas y grasas saludables raro será que falles.
  • Que si dejas de beber alcohol, bebidas con gas, zumos envasados, azúcar y pan de molde, pierdes peso
  • Que si dejas de fumar, rendirás mejor en el deporte y tu salud mejorará exponencialmente
  • Que decidas ponerle vida a tus años, no años a tu vida

La lista puede alargarse, pero esas son las líneas maestras. Créeme, y no te estoy vendiendo nada con esto, que si cumples esas reglas adelgazarás y estarás en forma de por vida. Sin gastar ni un euro en pastillas, batidos, cremas quemagrasas ni nada parecido.

meditacion

Liberando lastre innecesario

Como es normal, esto que indico tiene un método. No me puse a aplicar todos los conceptos a la vez ni he terminado mi transformación. Siento que esto está en constante movimiento y debo seguir aprendiendo. Es la única manera de progresar. Eso, o ir de la mano de alguien para todo hasta que ese alguien no esté. Entonces a ver qué haces. Ah, y págalo.

Todo esto se inició después de que el 20 de febrero de 2017 me subiera a la báscula y marcara 111,7 kilos. Quería detener los procesos obesogénicos que me iban a llevar a la tumba. Los divertículos de mi intestino grueso, mi migraña constante, mi tos perruna por el tabaquismo, mis ardores continuados, todo eso iba a terminarse de una vez por todas. Y comenzaría una lenta pero paulatina pérdida de peso y mejora física que continúa a día de hoy.

En la siguiente entrega de mi historia empezaré a perfilar las diversas rutinas que he practicado desde entonces. Explicaré de forma progresiva qué y que no funciona, al menos en mí. Hay  muchas generalidades que son aplicables a todo el mundo. Luego existen las particularidades para casos más precisos. Eso es otro tema.

A partir de este punto comienza la segunda parte de mi pérdida de peso. La mejor parte hasta ahora, la más completa y la más disfrutable. Hay momentos bajos, como en todo, pero está mereciendo mucho la pena.

Y tú, ¿te animas con el cambio? Ponme un comentario y hablamos.

 

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