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¿Por qué engordamos? Cosas que no sabías sobre la obesidad

obesidad

El cuerpo humano es una máquina perfecta.

¿Estás seguro? Igual no siempre es así.

Llevamos escuchando ese mantra desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los casos de obesidad no dejan de aumentar año tras años hasta convertirse en la pandemia global que sufrimos hoy en día. Por mucho esfuerzo que se dedique a las políticas actuales contra la obesidad, los resultados son los que son. Mas obesos y cada vez, más muertes vinculadas al sobrepeso.

Si revisamos las estadísticas elaboradas por el INE en España, en el año 2015 las principales causas de muerte en nuestro país son las siguientes:

CAUSAS DE MUERTE EN ESPAÑA EN 2015

  • Enfermedades del sistema circulatorio 29,39%
  • Tumores 26,35%
  • Enfermedades del sistema respiratorio 12,27%
  • Enfermedades del sistema nervioso 6,11%
  • Trastornos mentales del comportamiento 5,05%
  • Otros (suicidios, accidentes de coche y otras causas internas o externas) 20,83%

Tiene el dudoso honor de encabezar el registro las enfermedades del sistema circulatorio. A saber: insuficiencia cardíaca, hipertensión arterial, circulación inadecuada, ataque cardíaco, arteriosclerosis, angina de pecho, arritmias, etc. Ahí lo dejo que me está empezando a doler el brazo izquierdo.

La relación entre estas enfermedades y nuestros hábitos alimenticios está más que demostrado en la literatura científica. Como ejemplos tenemos este  estudio sobre los hábitos en la infancia, o este otro  donde se habla de buenas prácticas alimentarias y actividad física en preescolares. O este otro sobre población universitaria. O tal vez este otro. O este último sobre nutrición y salud en general

Creo que son suficientes ejemplos, sólo con publicaciones en castellano, como para ilustrar la irrefutable relación entre los accidentes cardiovasculares y nuestros hábitos.

Ahora bien, como ya sabes, no soy amante de citas tipo “menos plato y más zapato” puesto que el tema de la obesidad es multifactorial. No se reduce únicamente abandonando una vida sedentaria y aficionándose al brócoli. Si fuera así de sencillo con hacer una dieta de 1500 calorías durante el tiempo necesario hasta llegar al normopeso sobraría. Luego, como el cuerpo ya está enseñado a vivir con menos alimento, pues problema resuelto. Nunca más estaremos gordos.

Eso no funciona, ni a mí, ni a ti, ni a nadie que conozca. Hace poco, en una reunión coincidí con unos familiares que hacía meses que no me veían. Uno de ellos me dijo que estaba genial ahora, pero que hiciera todo lo posible por mantenerlo. ¿Te ha pasado? ¿Has perdido 15 kilazos y los has vuelto a recuperar en un santiamén? Pues como todo el mundo.

sobrepeso

¿Y por qué pasa esto? Si lo supiera iba a estar aquí escribiendo este blog. Estaríais ofreciendo a vuestras hijas en sacrificio para saber la gran verdad. Y no os la daría porque me mareo con la sangre. Bromas aparte, la ciencia no tiene ni idea, después de tantos años y estudios médicos, de los porqués. Por eso es un tema multifactorial, donde entra en juego calorías, genes, insulinas, resistencias metabólicas, metabolismos basales, energías, leyes de termodinámica, comida real versus productos industriales, y un largo etcétera que iremos desgranando poco a poco.

Recuerda que no soy médico, ni nutricionista, ni entrenador personal. Simplemente soy divulgador de los trabajos que gente con estudios acreditados va publicando. Cierto es que doy mi opinión en ocasiones, pero quiero dejar claro este punto. Cualquier duda deberá ser contestada por un profesional de la salud o del deporte.

Yo solo soy un profesional de la obesidad después de vivir 40 años con sobrepeso. Algo de experiencia empírica sí que tengo y principalmente es de lo que hablo.

Y ahora, vamos allá.

Subscríbete!

El gen ahorrador

Jean Neel, un genetista estadounidense propuso esta teoría allá por 1962. En ella describía la posible existencia de un gen que el hombre del paleolítico habría desarrollado para ahorrar el mayor número de calorías en forma de grasa.

paleolitico

Cuando éramos homínidos

En aquellos tiempos del homo antecesor la comida no sobraba. Si la tribu de turno tenía la suerte de rodear y cazar una buena pieza, se atiborrarían de carne hasta no poder más. Llegaban a triturar los huesos para extraer el tuétano. Ya que desde ese instante hasta la siguiente pieza de caza podían pasar semanas.

Mientras, nuestro amigo de hace casi 1 millón de años, debía alimentarse de bayas, insectos y pequeños animales, pasando un hambre atroz y recordando lo sabroso que estaba el mamut aquel.

Esta secuencia, repetida una y otra vez durante miles de años, dio pie a una mutación de nuestros genes para un cierto grupo de homínidos, trasmitida de madres a hijos mientras se estaban gestando. Este cambio suponía una importante mejora evolutiva, ya que nos permitía ahorrar el máximo posible gastando lo mínimo. Por lo que los periodos de escasez eran más llevaderos.

Nadie ha pasado tanta hambre como nuestra especie en el pasado. No solo se agudizó nuestro ingenio, sino que nuestros genes hicieron lo mismo. Tal cosa perduró hasta la llegada del neolítico y la desaparición progresiva de las tribus nómadas. Con los asentamientos neolíticos comenzó el sedentarismo.

El cuerpo humano lleva evolucionando 2,5 millones de años, tiempo de duración de la época paleolítica. El neolítico comprende un total de 11.000 años y llega hasta nuestros días. La teoría sostiene, al igual que ocurre con toda la filosofía paleo, que el ser humano aún no se ha adaptado a los cambios recientes. 11.000 años frente a 2,5 millones es el 0,05% del tiempo, apenas unos parpadeos. Y la naturaleza tiende a hacer cambios genéticos permanentes con mucha lentitud.

El homo mutante

Uno de los grandes puntos en contra de esta teoría lo tenemos en la leche con respecto a nuestra flexibilidad genética. Como comenté aquí (artículo sobre la leche), solo un tercio de la población mundial actual tolera la leche, y eso es gracias a una enzima llamada lactasa. Pues bien, un ciudadano europeo de hace 18.000 años, al que llamaremos Felipe, tuvo un dolor de estómago tremendo y se acostó descompuesto.

Durante esa noche y un par de ellas más lo pasó mal, pero lo superó gracias a la leche de los animales que su pareja iba ordeñando. Se la bebía junto con la propia leche de su pareja, que acaba de alumbrar a su quinto hijo y la estaba produciendo en abundancia. El tratamiento le ayudo sin preguntarse por qué. Hizo lo que siempre habían hecho, aunque le sentara mal, pero Felipe desconocía que esta vez algo en su cuerpo había cambiado.

paleo
Felipe ¿eres tú?

La vida continuó como siempre, entre cacerías, largas caminatas y peleas con clanes rivales. Y cuando la mujer de Felipe estuvo lista para volver a quedarse preñada, no lo dudó y embistió con todas sus ganas. Aquellos días de dolores de estómago formaban parte del pasado.  Descargó su esperma en su pareja y se tumbó a dormir. De los millones de espermatozoides que viajaban por la vagina de su mujer en busca del preciado óvulo, unos cuantos miles eran diferentes. Tenían algo especial. Dentro de su código genético portaban una enzima llamada Persistencia de la Lactasa. Tal vez alguno de ellos conquistará el óvulo o tal vez no. De no ocurrir, el cambio genético se perderá en el olvido, o esperará a una mejor ocasión. Esa vez funcionó.

Uno de los cabezones con cola de Felipe con el nuevo gen entró en el óvulo. El genotipo fue fenotipo dominante y el bebe que comenzó a crecer en el interior de la mujer se convirtió el primer mutante bebedor de leche de la historia.

Eso ocurrió hace 18.000 años en el centro de Europa.

Si tal mutación genética se produjo hace tan poco tiempo, evolutivamente hablando, ¿por qué se iba a sostener durante millones de años la teoría del gen ahorrador? He aquí una de las discrepancias de las muchas que existen. No obstante, seguimos.

¿Eres uno de ellos?

Pero qué ocurre cuando traemos esa mejora genética a nuestros días. Pues el desastre más absoluto.

Hay 3 tipos de cuerpos según algunos analistas, lo que técnicamente hablando se llama somatotipo. Los ectomorfos, los mesomorfos y los endomorfos. El homo sapiens actual portador del genotipo ahorrador sería el endomorfo, a los que yo pertenezco. Somos esa rara especie a la que un bocadillo de tortilla nos engorda como si nos hubiéramos comido la tortilla Record Guinnes (que, por cierto, midió 5,2 metros de diámetro y 7 centímetros de alto) y que la lata de cerveza que la acompaña se convierte en un barril dentro de nuestro cuerpo.

Si te ocurre lo mismo, ¡enhorabuena! Posees el genotipo ahorrador. A pesar de los miles años que han pasado tu genética no se ha enterado que no necesitas cazar para comer. Por tanto no serás nada eficiente desprendiéndote del exceso de reservas que tienes.

No obstante hay mucha controversia alrededor de esta teoría, en la que intervienen múltiples factores. Pero no se puede descartar que algo haya con respecto a nuestros genes. Cierto es que de padres con sobrepeso surgen hijos con sobrepeso y no necesariamente ha de ser algo conductual. Algún tipo de información genética se le debe enviar al feto durante su desarrollo.

Causas endógenas de la obesidad

Vamos con otro factor que puede estar vinculado con la pandemia de obesidad.

Una causa endógena es una causa que surge en el interior de algo o alguien. Hablar de causas endógenas para la obesidad sería hablar de lo que ocurre en el interior de nuestro cuerpo y que nos hace engordar. Sobre esos factores tenemos poco o carecemos de control.

¿Y qué sería una causa endógena? Pues una enfermedad del sistema endocrino, como una insuficiencia suprarrenal, enfermedad de Cushing, gigantismo, hipotiroidismo, síndrome metabólico o síndrome de ovario poliquístico entre otras.

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Síndrome metabólico

El síndrome metabólico, bajo mi opinión, se convierte en un problema endógeno que sobreviene por problemas exógenos, por lo que dudo si su sitio correcto es éste. La comunidad médica aún no está de acuerdo en todas las causas que produce este síndrome, y tal vez mereciera un capítulo aparte. Intentaré sintetizarlo lo máximo posible.

Este síndrome es un catalizador de otras patologías, que sirve de punto de inflexión, para derivar después en una enfermedad cardiaca o en una diabetes tipo 2. ¿Y cuáles son esas patologías? Pues la hipertensión, la glucosa alta en sangre, niveles altos de triglicéridos o exceso de grasa abdominal.

¿Y por qué digo que son causas exógenas? Pues porque para sufrir una hipertensión debemos acudir al extenso catálogo de factores poco saludables, al igual que ocurre si sufrimos un exceso de glucosa, de triglicéridos o una buena pancha cervecera. Eso lo considero exógeno porque nacemos sin esas patologías. Las vamos adquiriendo a lo largo de los años pero no de forma espontánea. De ahí que dude si el síndrome metabólico merece estar en este grupo o en el siguiente.

Enfermedad de Cushing

Este es un caso similar al síndrome metabólico. Un problema endógeno que sobreviene de problemas exógenos. ¿De qué se trata? De que el cuerpo está inundado de cortisol, esa hormona tiroidea en respuesta al estrés que nos viene genial para enfrentar un peligro, salir huyendo o entrar en combate. No nos viene tan genial cuando estamos emborrachados de ella y no la podemos sintetizar.

A partir de ese momento, con los niveles de azúcar disparados y el sistema inmune deprimido, nuestro cuerpo empieza a hincharse y a reaccionar a ese desajuste.

¿Cómo se llega a esa situación? Pues a través de tratamientos con corticoides como la prednisona y similares. Por tanto, al tratarnos para una afección en la que se necesita corticoides podemos hacer germinar un brote de Cushing en nuestro cuerpo. De nuevo, una causa exógena termina provocando una causa endógena.

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Otras causas

El hipotiroidismo entra dentro de las afecciones autoinmunes. El síndrome de ovario poliquístico es multifactorial aunque hay una prevalencia en mujeres con sobrepeso (entorno al 80%). También sería multifactorial la insuficiencia suprarrenal, a pesar de que la insuficiencia primaria sea autoinmune. En el gigantismo también afectan diversos factores, principalmente el genético y un tumor benigno de la hipófisis.

El caso es que, por no entrar en harinas diversas, que estos trastornos obedecen a diversas causas, o derivan a su vez de otras patologías. Determinar que son endógenos al 100% no es posible, ni necesario, pero encajan bastante bien en este apartado.

Podemos tener un control bastante riguroso de nuestros hábitos en general, pero no podemos evitar que un problema médico determinado haga un efecto dominó en nuestro organismo y genere otros problemas. No estamos hablando de la diabetes tipo 2, sino de patologías bastante más complejas y sobre las que se necesita más investigación.

Tampoco atribuiremos al 100% nuestra obesidad al padecimiento de una de estas enfermedades. Eso me recuerda a la famosa frase de portera “yo es que retengo mucho líquido”. Claro que sí, señora. Por eso pesa usted 97 kilos midiendo 1,55. Porque tiene ovarios poliquísticos que le hacen retener 40 litros de agua entre la cintura y las caderas. Los desayunos con bollería y las bolsas de patatas al punto de sal no tienen nada que ver. Seamos serios.

Yo mismo sufro de diverticulitis y mis peores cuadros con ingresos incluidos los he tenido con mi mayor sobrepeso. Aunque se desconozcan las causas de la diverticulitis, que también es multifactorial, mi obesidad tenía mucho que aportar al problema. De lo contrario, el tratamiento con dieta absoluta que me pautaban los médicos en el hospital no tendría sentido.

Causas exógenas de la obesidad

En este apartado nos podemos divertir un rato largo, porque lo exógeno es interminable.

Exógeno es todo aquel factor externo que afecta de una forma u otra a un ser vivo o a un objeto. Por ejemplo, un guantazo en un factor exógeno que inflama nuestra cara. Aclarado, ¿verdad? Pues vamos allá.

Sobre el entorno social

Una de ellas sería nuestro entorno social. Ya lo comenté aquí  en el punto Taponando Nuestras Carencias. Eres lo que es tu entorno, para bien o para mal. Si te pasas el día delante de la tele apuntando en una libreta cada producto alimenticio nuevo que se anuncia por la noche, repleto de azucares refinados, para ir a comprarlos al día siguiente con el beneplácito de los tuyos, pues qué esperamos.

Recuerdo el programa “Crónicas Carnivoras” que emitían hace un tiempo en la tele. El insensato Adam Richman se dedicaba a recorrer Estados Unidos de restaurante en restaurante devorando los platos más atrozmente gigantes o picantes que existían. Yo disfrutaba con aquellos programas, y mucho. De hecho, de no ser porque mi mujer me ponía freno, hubiera organizado algún que otro reto a nivel personal, con amigos y familia. Por suerte (eso lo digo ahora, entonces me mosqueaba un poco), nunca llegué a hacerlo para no tener problemas.

Mi entorno más inmediato me ató en corto con ese desmán. Mucha gente no cuenta con esos frenos, incluso son estimulados, creándose grandes familias con grandes miembros devoradores de platos poco saludables. Nadie se plantea el reto de ser el hombre que más brócoli hervido es capaz de comer en menos tiempo. Eso no vende.

Sobre las emociones

Dentro del catálogo de emociones también se encuentran motivos que nos engordan.

La comida es un valor refugio, un consuelo, en momentos de depresión. Las respuestas organolépticas que tenemos ante determinados estímulos están tan estudiadas que asustan. El envoltorio de esas galletas con sus colores, el olor al abrir el paquete, el primer paladeo del sabor que detectan nuestras papilas gustativas, obligando a nuestro hipotálamo a liberar dopamina a chorros, todo. Absolutamente todo está diseñado para que devoremos esos insanos productos.

Por norma, el ser humano cree tener el control sobre sus emociones. Menos cuando Iniesta marcó aquel gol en el minuto 114… ¡Ay, que descontrol! La realidad es que la industria alimenticia tiene el control sobre nuestras emociones mucho más que nosotros mismos.

Saben que la mezcla correcta de azúcar, sal, grasa y aroma hará que se nos nuble el juicio. Para ello lo ensayan una y otra vez. Así consiguen que, una vez que abres la bolsa de patatas, o el envoltorio de las oreo, no puedes parar de comer hasta que acabes con todo el contenido.

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Luego nos bombardean con su publicidad, principalmente por la noche, para crearnos la necesidad de llenar nuestra despensa con esos productos. Ojo, que no les reprocho que quieran vender. Son empresas privadas y se mueven por lo que se mueven. Si reprocho que se nos manipule. Esos anuncios se emiten de forma intensiva en prime time, cuando estamos en nuestros sofás descansando después del duro día de trabajo, o de lo que sea. Entonces comienza el ataque. ¿Es que acaso no te mereces un premio después de toda la larga jornada? Pues claro que sí, insensato, corre y devora un kilo de helado aunque se te congele el cerebro. Porque tú lo vales…

Y entramos al trapo, porque, amigo mío, a esas horas tu capacidad de razonar y de luchar están agotadas. Y ellos lo saben. Consejo gratis, no veas tanto la tele. Películas y series, sí. Y deporte si te gusta, pero que no contengan anuncios. Como siempre digo, la fuerza de voluntad es finita.

Sobre la administración

La sociedad moderna actual, con todos sus estamentos, tampoco favorece en demasía los hábitos de vida saludable. O, al menos, los resultados no son muy evidentes. Después de una política mundial contra el sobrepeso de casi 40 años de vida, las estadísticas están ahí. No solo no hemos detenido y resuelto el problema, sino que aumenta paulatinamente año tras año.

En la imagen siguiente extraída de aquí  se puede observar el fracaso de todas esas políticas intensivas de las que tanto se alardea en ocasiones. Es curioso que coincida en tiempo y espacio con la creación de la famosa pirámide nutricional que campa a sus anchas por todas partes y que es una auténtica atrocidad.

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Y la proyección no mejora. Se ve en esta infografía extraída de este excelente artículo que proyecta nuestra evolución en los próximos años.

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Lo que está por venir, si seguimos en la dirección actual, va a ser bastante peor que lo que tenemos hoy. Me pongo apocalíptico ahora ¿Quizás este sea el inicio de nuestra extinción? Igual crees que me excedo y así será si se cambia de políticas, de lo contrario… Ahí lo dejo.

Y cuál es mi propuesta, porque está muy bien denunciar, pero después hay que proponer algo. Pues que al igual que hay campañas tremendas y con grandes resultados para prevenir los accidentes de tráfico, la violencia de género, el tabaquismo o el bulling, se debería hacer más hincapié en políticas globales para erradicar la obesidad.

En el inicio del artículo citaba datos del INE sobre mortandad. Recordamos que los accidentes cardiovasculares son la principal causa de muerte en España con más de un 29% del total de fallecidos. El 12,27% de las muertes son por complicaciones respiratorias, gran parte de ellas relacionadas con el tabaquismo. Los accidentes de tráfico generan un 0,3% de las muertes en este país. La violencia de género un 0,02%.

Sin embargo, las campañas mediáticas a favor de las dos últimas causas (accidentes y violencia de género), totalmente justificadas y fundamentadas, faltaría más, no se pueden comparar ni de lejos a las que se realizan en la lucha contra el sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo. Y hablo de su impacto mediático.

Los ejemplos que tenemos son como los de la web www.habitosdevidasaludable.com, web que aparece de forma continua con cada anuncio de productos envasados y llenos de azúcares. Fijaros bien cuando veáis un producto de Bimbo, o Danone en la parte de abajo. Veréis la dirección. Esta web, promocionada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad tiene una serie de empresas adheridas a la causa, que son las siguientes:

He hecho un copia y pega de su web. Se exhiben con orgullo…

¿En serio me tengo que creer que Coca Cola, El Pozo, Panrico-Donuts, Ferrero, Bimbo o Kellog´s van a cuidar mi salud? ¿De verdad? ¿A qué estamos jugando? Se han olvidado de McDonals, Burguer King y Telepizza. Despistados…

Y me daría igual que fuera una iniciativa privada como tantas que ahí. ¿Pero avalada por Sanidad? Uno no sale de su asombro. He aquí un grandísimo ejemplo de una causa exógena: Coca Cola cuidando de nuestros hábitos de vida saludables. El lobo cuidando a las ovejas.

Si queremos ver resultados necesitamos una política similar a la aplicada por la Dirección General de Tráfico en los últimos años. Hemos pasado de una tasa de 5940 fallecidos en 1989 a 1126 en 2015, incluyendo un aumento considerable del parque móvil en ese tiempo. ¿Lo han conseguido recomendando a los conductores que no sean imprudentes? Pues no solo con eso. Hay una mezcla de sanciones severas, recomendaciones, campañas publicitarias, educación al conductor hacia el respeto, mejora de carreteras, aumento de la vigilancia, y más sanciones.

Así se consigue combatir un problema. Con meras recomendaciones, o diciéndole a una persona con sobrepeso que lo que tiene que hacer es moverse más y comer menos no. Así no se consigue.

El problema, que lo es y muy serio, se debe afrontar de forma holística y de forma inmediata. El ser humano es adaptativo, pero necesita tiempo para ello, miles de años en concreto. Es imposible que seamos capaces de encajar todos estos factores exógenos en nuestros genes y convertirlos en ventajas metabólicas en 8 o 10 generaciones. Ningún ser vivo muta tanto en tan poco tiempo sin intervención externa. ¿Tal vez la eugenesia sea el camino?

Como siempre, ese es otro debate.

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