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Tú no eres tu sobrepeso. 9 reflexiones para que te des cuenta

El sobrepeso es una particularidad más en la vida de una persona.

He leído suficientes correos de lectores de este blog como para darme cuenta de que el sobrepeso se convierte en muchas ocasiones en algo que define nuestras vidas, nuestros gustos y nuestros hábitos, y eso no debería ser así.

Tener sobrepeso es un problema con solución y, por suerte, la vida es algo más que nuestra apariencia física, siempre y cuando el sobrepeso no sea tan exagerado que nos permita hacer una vida normal.

Si tu caso requiere de cirugía bariátrica porque hace tiempo que se te fue de las manos, pues no quiero decirte que no te pueda ayudar, pero tal vez necesites algo más contundente.

Este post está pensado para esas personas que les sobran de 10 a 15 kilos. Los llamados fofisanos. Individuos que, a pesar de tener unos kilos de más, realizan una actividad física constante sin trabas y, sobrepeso aparte, su vida es de lo más normal… hasta que se miran desnudos en un espejo.

Hoy, en Mi Báscula Me Odia , quiero hablar de que no somos nuestro sobrepeso, y de 9 reflexiones que nos pueden hacer cambiar el chip. Allá vamos.

 Reconociendo nuestro sobrepeso

Soy el primero que cree que cuanto más normo peso tengamos, mejor.

Por la misma razón, también tengo claro que se puede vivir con 10-15 kilos de sobrepeso sin que eso afecte demasiado a nuestra salud. Y estas afirmaciones no tendrían valor si no fuera porque hay un porcentaje de la población que se tortura a causa de esos kilitos de más que no les permiten estrenar bikini.

No eres los números que aparecen en una báscula. Sí eres los números de tu índice de azúcar en sangre, tu colesterol, tu presión arterial y tus pulsaciones en reposo. Clic para tuitear

Estas personas son las que se someten a dietas del huevo, depuraciones o veganismos varios sin darse cuenta que tarde o temprano van a fracasar con su dieta.

Si ese es tu caso, este artículo es para ti y necesitas que reflexionemos juntos.

¿Comenzamos? Pues claro que si.

 Tu apetito: ese potro salvaje

Falta media hora para comer y sientes que tu estómago te chilla más que la institutriz de Heidi. Por tu cabeza pasan pensamientos absurdos que incluyen mordiscos a tus compañeros de trabajo. Lo que sea con tal de calmar esa sensación atroz.

Eres tú contra tu instinto de devorar. Y sabes que eso es terrible, porque cuando te sientes delante del plato de comida no te detendrás ni a respirar. Será como hacer el largo en una piscina olímpica sin tomar aire, braceando con desespero hasta cruzarla.

¿Te has sentido así alguna vez?

Pues si la respuesta es sí no te preocupes. Le pasa a mucha gente.

No debes luchar contra tu instinto, sino comprenderlo. Entender que es un mecanismo que nos da la naturaleza para seguir vivos. No podemos luchar contra quienes somos, pero sí que podemos entender las razones por las que somos así. Y eso nos reconforta.

Si tienes hambre entre comidas, toma más cantidad de alimentos saciantes. Y entre horas come unos frutos secos, frutas, aceitunas o hummus. Te saciará y calmará a la bestia de tu interior.

 Miedos equivocados a los atracones correctos

¿Serías capaz de atiborrarte a muffins? ¿O a donuts? La respuesta es obvia.

¿Y a manzanas o plátanos?

Y esto pasa casi siempre. Nos da un ataque de desespero y corremos a la tienda más cercana. Miramos al vendedor, él nos mira, y buscamos la complicidad en sus ojos. Piensas que no debe juzgarte por que le acabas de comprar 4 paquetes de donuts dobles. ¿Qué sabrá él? Puedes estar organizando una fiesta, ¿no?

Con la cabeza gacha corres a casa, te encierras en tu habitación y mientras pones esa peli que tanto te hace llorar en Netflix, devoras uno a uno los 8 donuts que has comprado.

Media hora después, una montaña de cadáveres de plástico te contempla, señalándote con un dedo imaginario para que reconozcas tu culpabilidad. Y lo haces. Porque te sientes peor que media hora antes. Y no solo en lo emocional, ya que tu tripa hace cinco minutos que emite sonidos extraños.

¿Y si ese atracón te lo hubieras pegado de plátanos? ¿Sería tan perjudicial? Sabes de sobra la respuesta.

Y cuando digo plátanos, digo la fruta que más te guste. Y seguro que hay una que te gusta más que las demás. ¿Te gustan las manzanas asadas? Pues compra dos kilos de manzanas, ásalas y date un atracón mientras ves la peli de llorar de Netflix. Tu cuerpo y tu alma te lo garadecerán, no lo dudes.

 Miedo a una sobredosis de azúcar por lo anterior

El tercer punto es una continuación del segundo.

Como dice Aitor Sánchez, el famoso nutricionista de Mi Dieta Cojea, a ver si el problema de diabetes tipo 2 que hay en España es por culpa de que la gente come mucha fruta.

Quiero recordarte que la naturaleza es muy sabia. La fruta tiene mucho azúcar, pero también mucha fibra. La naturaleza siempre nos va a brindar un veneno y su antídoto.

Si tu instinto te dice que adelgaces de forma drástica porque de lo contrario lo pagarás caro, hazle caso. Clic para tuitear

El contenido en fructosa de cualquier fruta sería muy perjudicial si no fuera acompañado de la fibra de su pulpa. Por eso es tan malo licuar las frutas, porque necesitamos esa fuente de fibra. El cuerpo tiene que hacer horas extras para separar el azúcar de la fibra en la digestión, y eso consume energía, ralentiza la digestión y hace que el conjunto nos siente bien.

Por tanto siempre será más sencillo tener un shock hiper glucémico con una indigestión de donuts o madalenas que de fruta, por mucha cantidad que se coma.

Además, por la misma razón que he dicho, la naturaleza hará que vomites antes.

 No se trata de lo que dice la báscula

Tu eres tú y tu sobrepeso.

Tú eres tú y tu entorno.

Tú eres tú y tus filias y fobias.

Tú eres tú y tus manías.

Tú eres tú y tus habilidades, tanto sociales como personales o humanitarias.

Tú ere tú y tu plato favorito, ese que te sale tan bien y que le gusta a todo el mundo.

Tú eres tú con tus buenos y malos momentos.

Tú eres tú con tus chistes malos.

Tú eres tú por tu manera de luchar, de ser, de vivir y de sentir el mundo.

Tú eres tú y esa canción que siempre tarareas.

Tú eres tú porque no puedes ser de otra manera, y al mundo le encantas por eso.

¿Tú eres tú y tu sobrepeso?

 La energía que hay en ti

Si te sientes bien por las mañanas, aunque al mirarte en el espejo no te guste lo que veas, ¿estás realmente mal?

Tú también ere tú con tu energía. Si te sientes bien y todo va bien, ¿por qué lo vamos a estropear con una dieta que nos va a cambiar el humor para mal?

Resulta contradictorio sentirse bien y, al mismo tiempo, pensar que estamos mal porque nos agarramos el michelín y hay más de tres centímetros de carne entre dedo y dedo.

Si nuestros niveles de energía son buenos, nuestra mente y memoria hacen lo que deben, sentimos paz de espíritu y nuestro cuerpo nos responde cuando lo reclutamos, es que todo va bien. Aunque sobren esos kilitos dichosos.

Como dicen los anuncios de las energéticas, la energía mueve el mundo. Y si la tuya está en niveles astronómicos, úsala para disfrutar de la vida.

 Las analíticas que hay en mi

Si hemos quedado en que tú no eres tú y tu sobrepeso, ¿qué pasa con tus analíticas?

Pues que ahí sí que tenemos una gran fuente de información sobre quiénes somos por dentro. No eres los números que aparecen en una báscula. Sí eres los números de tu índice de azúcar en sangre, tu colesterol, tu presión arterial y tus pulsaciones en reposo.

Sí que eres todas esas actividades que realizas al aire libre o en un gimnasio que consiguen mejorar esos niveles.

Sí que eres un antídoto contra el sedentarismo, cosa que también altera esos niveles.

Sí que eres amante de la paz mental y de espíritu, cosa que también altera los resultados de tus analíticas.

Puedes seguir dándote atracones a manzanas asadas mientras que todo vaya bien por dentro. El problema no lo tienes ahí ni de coña.

 El equilibrio que hay en ti

No hay mejor sensación que la de tirar la báscula por la ventana. Mira antes de hacerlo, no vayas a escalabrar a alguien.

Los seis puntos anteriores nos llevan a éste. Porque en cualquier actividad de la vida el éxito lo define la búsqueda del equilibrio. Los extremos atraen, pero no son sostenibles. En el equilibrio se encuentra el secreto de la eterna juventud, por decirlo así.

La semana pasada hablé de esto cuando te conté cómo ibas a morir. Como dice José Enrique Campillo, autor del magnífico libro “El mono obeso”, debemos encontrar el equilibrio entre el GYM y el ÑAM.

Si te sientes bien, tus analíticas están bien, descansas bien y todo en tu vida funciona razonablemente bien, ¿por qué te torturas por esos kilos de más? Te has parado a pensar qué sentido tiene perder peso porque sí. ¿Por el mero hecho de hacerlo? ¿Acaso reducir una talla de vestido es una razón saludable? ¿Qué te aporta a parte de estrés? ¿Cuánto te hace odiarte el no poder bajar esa talla?

Esas no son razones, y sin causas médicas objetivas que lo justifiquen, debemos buscar el problema en causas psicológicas. Y ese mundo hay que tocarlo con mucha cautela. He hablado con mucha gente que no tenía problemas físicos evidentes pero que el continuo abuso de dietas se lo estaban provocando. El fin siempre era ocupar una prenda de ropa con menos tela que otra.

Reflexiona sobre tus razones para querer bajar esos números que aparecen en la báscula.

 Perdónate de una vez

Todos tendemos a ser duros con nosotros mismos. Si estás leyendo este artículo y has llegado hasta aquí, es porque eres de esas personas que se juzgan constantemente y quieren mejorar a toda costa.

Quiero decirte dos cosas al respecto:

 No pasa nada por querer mejorar continuamente si no se convierte en una obsesión

 Vigila si esas ganas de mejorar o cambiar no llevan asociado algún temor o trauma implícito

Repito que si todo está bien en tu vida no deberías darles vueltas a estas cosas, y si lo haces es porque aun no te has perdonado. Te animo a que lo hagas ya. Tú no eres tu sobrepeso y no le debes nada a nadie por ello.

Perdónate. Date una oportunidad y conseguirás que todo fluya en el camino correcto.

No quiero que tomes esta parte como una comedura de coco. No lo pretendo. De hecho, te la puedes saltar si no es tu caso, pero si lo es, párate a pensarlo un minuto. Háblalo con alguien y no tengas miedo de explorar esos sentimientos. Se consiguen más resultados con una buena charla sin tapujos que con una dieta détox de un mes.

Hablar nos hará libres.

 Confía en tu instinto. Confía en ti

Acabamos ya con una última reflexión: el instinto rara vez se equivoca.

Si te das un atracón de palomitas y luego sigues con hambre es porque las palomitas no son comida. Son una chuche, y las chuches no alimentan. El hambre emocional es difícil de batir y más sin herramientas.

Apóyate en la fruta y en snacks saludables de sobra conocidos para esos momentos. Te nutrirán y saciarán, al tiempo que acallan ese monstruo interior que todo lo devora.

Cuando tu instinto te advierte de que algo no te conviene rara vez se equivoca. Y si no, para eso tienes blogs como este, para que te lo recuerde y te anime a que confíes en ti, porque nadie más lo va a hacer con tal intensidad.

Si tu instinto te dice que adelgaces de forma drástica porque de lo contrario lo pagarás caro, hazle caso.

Si tu instinto te dice que no te obsesiones con eso porque no estás tan mal, según las cosas que he explicado aquí, hazle caso.

No te boicotees desoyendo tu instinto. Sabe más que tú, te lo aseguro.

¡Hasta dentro de 7 días!

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Si te sientes bien, tus analíticas están bien, descansas bien y todo en tu vida funciona razonablemente bien, ¿por qué te torturas por esos kilos de más? Te has parado a pensar qué sentido tiene perder peso porque sí. ¿Por el mero hecho de hacerlo? ¿Acaso reducir una talla de vestido es una razón saludable? ¿Qué te aporta a parte de estrés? ¿Cuánto te hace odiarte el no poder bajar esa talla?
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Mi Báscula Me Odia
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