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La indefensión aprendida y los ratones– CDV (Capítulo 3)

Capítulo 3 – El ratón nadando

Uno de los principales objetivos que tengo con Mi Báscula Me Odia es  trabajar los procesos mentales en el mundo del fitness para lograr nuestros objetivos.

Bienvenido al mundo del mindfitness, o la búsqueda de la salud física a través de la salud mental. Ahí es nada.

Puedes seguir el índice de esta serie en orden pinchando en el enlace siguiente:

Cambio de vida

Capítulo 1 – Los primeros pasos

Capítulo 2 – Enfréntate al espejo

Hola motivad@.

Te cuento una historia. Hace unas décadas Rudolf Blitz realizó unos experimentos con ratones (pobrecillos) que consistía en echarlos a un barreño lleno de agua para que nadaran e intentaran escapar. Los pobres ratones nadaban de aquí para allá, llegando a las paredes del barreño e intentando escalar por ellas sin suerte. Durante unos minutos continuaban nadando de acá para allá hasta que, pasados quince o veinte minutos, comenzaban a morir.

La mayor parte de las muertes fueron causadas por el estrés. Otros se abandonaron, dejando de nadar para ahogarse ante la imposibilidad de salir del barreño. Hay que tener en cuenta que esta raza de ratones es capaz de nadar de forma ininterrumpida por más de 80 horas antes de desfallecer. Vamos, que nosotros los seres humanos, nos hemos encargado de llevar a estas criaturas a esos límites para saberlo. En fin, cosas de la ciencia. No abriré otro debate.

Este cruel experimento tiene segunda parte y a esta segunda parte le acompaña el grueso de la historia de hoy.

En un segundo barreño nuestro investigador introdujo un ratón para que nadara en círculos sin poder salir, igual que hizo con los anteriores. A los pocos minutos colocó una rampa de madera para que el ratón la escalase y, de esa manera, salvara la vida. Luego le dio una semana de vacaciones.

Para los ratones una semana debe ser como varios meses para nosotros, ¿no?

Volvamos al meollo. A la semana, Blitz volvió a meter al desdichado ratón en el barreño lleno de agua. Esta vez no habría rampa salvadora. Blitz lo sabía, pero el ratón no. Eso lo mantuvo vivo durante días, dando vueltas en el barreño, hasta que murió de agotamiento. Blitz había logrado darle esperanza al ratón.

¿En qué se diferenciaban los primeros ratones del segundo? Pues que los primeros sufrieron una indefensión aprendida y el segundo aprendió que, pese a todo, había esperanza. Y de lo primero vamos a hablar hoy, de la indefensión aprendida.

indefensión aprendida

Indefensión aprendida por etapas

Este blog está enfocado en mejorar nuestra mente para mejorar nuestro cuerpo. Es necesario que haga una exposición global de la indefensión aprendida en nuestra vida para que después podamos aislar la parte que afecta a nuestra salud y nuestro cuerpo.

Esto lo vamos a ver primero en las etapas que quiero mostrar. Y quiero que lo tomemos como un experimento para identificar en cuantos lugares de nuestra vida ocurre este fenómeno. No te asustes con los resultados, todo tiene remedio en la vida.

En la infancia

Te suenan frases del tipo: “no toques eso que lo vas a romper”. O esta otra: “siempre te estás tropezando, eres un patoso”. O tal vez “tú eres una niña y las niñas juegan con muñecas”. Y quien dice muñecas dice vestidos rosas, hacer la colada y ocuparse del marido.

Pues esto son ejemplos de indefensión aprendida programada en la infancia. También lo podemos llamar programación neurolingüística negativa. Esto nos da una esperanza, ya que si existe en su forma negativa existe en su forma positiva.

Si alguna vez has escuchado frases de este tipo provenientes de tus seres más queridos, véase papá, mamá o similares (tíos, primos y demás farándula) ten claro que se te han grabado a fuego con un hierro candente en tu personalidad, generándote un tipo de indefensión aprendida.

Toda la vida mamá te ha dicho que has de ser coqueta y hacerte la tonta con los hombres, que si conquistas a tu hombre con la comida ya lo tendrás en el bote… no sé, hay millones de ejemplos que te hacen vivir una realidad sesgada cuando creces.

Desde el amor han limitado tu potencial diciéndote, por cuestiones culturales o sociales, qué y qué no puedes hacer en los primeros años de tu vida. En los más determinantes.

En el colegio e instituto

¿Y qué ocurre al llegar al colegio cuando te han dicho que eres un torpe que se tropieza con todo? Pues que la leyenda crece. De una forma u otra esos condicionantes llegan a los oídos de tu profesora, que a su vez los comenta en clase como el que no quiere la cosa y tus compañeros lo escuchan. Sin saber muy bien cómo ha ocurrido todo tu pequeño mundo da por hecho que eres el patoso de clase.

Y eso que todo empezó porque una vez se te calló un vaso de leche y la liaste en la cocina. A partir de ahí, cada vez que te tropezabas o se te caía un boli mamá te recordaba tu torpeza. Eso sí, con una sonrisa en los labios y con un beso en la frente. La indefensión aprendida no está reñida con el amor de una madre.

En este punto tú estás casi seguro de que eres así de patoso. Ya es un hecho y no te planteas que pueda ser de otra manera. Qué más da. De todas formas siempre ha de haber un patoso en la clase, al igual que un tímido, un mocoso, un gruñón y así sigue hasta completar los 7 enanitos y unos cuantos más.

Y lo mejor de todo es que no tienen que hacer nada en clase. Se viene condicionado de casa. En el colegio e instituto lo único que se hace es alimentar el mito sin que nadie haga preguntas.

En la vida laboral

Otra pata de la silla. Con diversas cargas llegamos a nuestro primer trabajo. Eres el feliz aprendiz de camarero en un bar de barrio. Has oído hablar a la gente y a tus padres de  derechos laborales y cosas así, pero resulta que en ese nuevo trabajo hay multitud de cosas que son costumbre y que no se pueden cambiar.

Es costumbre hacer horas extra sin cobrar. Es costumbre cobrar menos del sueldo mínimo y en b. Es costumbre que el jefe se quede con las propinas. Es costumbre no replicar y tratar al jefe como si fuera un ser divino, descendiente de la estirpe del iluminado Kim Jong Un.

Algo no te cuadra y quieres compartirlo en casa. Lo cuentas y tus padres escuchan con atención. Gruñen y refunfuñan a la vez que añaden: “y qué vamos a hacer. Las cosas son así. Si protestas te echarán y contratarán a otro”.

Y tú piensas que eres joven. Que tienes toda la vida por delante para trabajar y para encontrar mejores oportunidades, pero el caso es que esta situación se repetirá una y otra vez sin que puedas hacer nada. Salvo gruñir y refunfuñar en casa, en el bar o con los amigos.

En la vida social

Intenta gritar en medio de la calle, o chapotear por los charcos en un día de lluvia. Sal con una silla y una mesa plegable y plántate en medio de una plaza a comer. Enciende un fuego si te atreves. Llévate a tu hijo de vacaciones una semana en horario escolar. Apúntate a clases de baile al cumplir 60 años, o a piano. Dile a tu familia que vas a dejar ese trabajo que te está matando para hacer lo que siempre has deseado en la vida.

Intenta no terminar en la cárcel o marginado por tu entorno si haces algo de eso, o más de una cosa. Y lo más grave no es que no quieras hacer alguna actividad de las propuestas. Lo realmente grave es que ves normal reprimir esos impulsos. Porque la vida es algo muy serio. Eso te han enseñado.

¿Recuerdas lo de la letra con sangre entra? Y que para ganarse la vida hay que sufrir. Y que si estás feliz es porque estás loco… creo que lo vas pillando.

Indefensión aprendida en tu salud y tu cuerpo

Lo he querido separar a posta por la temática del blog. Y has de comprender que es más de lo mismo. Que lo que ves frente al espejo está en gran medida programado.

Hay un componente genético en la obesidad. Eso está claro. Pero una gran parte la podemos controlar. Pasa lo mismo con la depresión. Un 50% de las causas de depresión tienen un origen genético. Este estudio habla de esto.

El otro 50% se divide entre las circunstancias vitales (40%) y las circunstancias económicas (10%). En estas circunstancias estamos a la par entre componente genético y componente ambiental. Por suerte, en el caso de la obesidad el componente genético se puede minimizar hasta hacerlo desaparecer. Este otro estudio reconoce el papel de la genética en la obesidad pero hace mucho más hincapié a temas conductuales y a hábitos de vida, por ejemplo.

No perderé peso ya a mi edad

Es uno de los principales mantras a cierta edad. Junto con el lema de los huesos anchos y el de la genética. Como te criaste rellenito o rellenita es normal que no cambies y que sigas obstruyendo tus vías coronarias. Total, para qué vamos a explorar otras opciones. Para qué vamos a cuestionar los puñeteros paradigmas.

Últimamente me harto a escuchar que llegados a los cuarenta ya no se pierde peso. Que ya no se puede recuperar la figura que se tenía con veinte años. Y cada día, viendo mi evolución, me pregunto una y otra vez por qué se dice tamaña falsedad. Vale que envejecer te deteriora, pero la pérdida brutal de prestaciones comienza entre los sesenta y setenta años, y depende de la genética. ¿Por qué con cuarenta o cincuenta ya no hay esperanza? ¿Por qué nos resignamos a nuestro orondo destino?

Privarnos de la movilidad total por estar gordos y débiles porque no nos queremos mover del sofá es una cosa. Hacerlo porque se ha cumplido cierta edad es absurdo. Es otra indefensión aprendida.

No pierdas más peso que tienes cara de enferm@

Está muy vinculado al punto de la vida social. Si con cuarenta y cinco o cincuenta años te pones tan en forma que eres capaz de escalar montañas y bucear a pulmón más de tres minutos, créeme, estás dejando en evidencia a tu entorno. Y a tu entorno no le mola nada que destaques así. Así que no te lo va a poner fácil. Y no es por la crisis de los cuarenta.

Necesitas perder, por ejemplo, treinta kilos. Y has perdido diez. Estás feliz por tus progresos y lo cuentas por ahí. La gente se alegra por ti y te pregunta hasta dónde quieres llegar. Tú comentas que te quedan 20 más y se echan las manos a la cabeza. Comentarios del tipo “¿qué quieres, pesar menos que cuando ibas al instituto?”. Y piensas por un momento, “pues sí. En el instituto ya estaba gordo”.

Si crees que eso no cala en tu programación neurolingüística te estás engañando. La gente hace dieta una y otra vez porque tarde o temprano comienzan a llegar esos comentarios. Y un día bajas los brazos y lo mandas todo a la mierda. Total, cómo lucho contra la genética, la sociedad, tu infancia rellenita, tu entorno familiar y laboral… contra todo.

Parar la indefensión aprendida

Esa programación neurolingüística se puede revertir, claro que sí. Lo único que has de hacer es quererlo. Es así de fácil. Y da igual el ámbito de aplicación. Llena tus alforjas con una buena dosis de paciencia y de determinación y lo lograrás.

Cambia tus pensamientos

Es el primer lugar en el que tienes que hacer reformas. No se pintan las paredes antes de revisar los cimientos. Ten claras tus convicciones y tus objetivos. Apúntalos en un papel o en una nota en el móvil. Y cúmplelos. Si eres fiel a tus convicciones nunca fracasarás ni te sentirás mal contigo mismo. Y me da exactamente igual cuáles sean las convicciones. No te falles. Eres lo más importante que tienes.

Date valor, que lo tienes y mucho

Cree en ti. Olvida lo que has oído y te han repetido toda tu puñetera vida. No eres un patoso, ni una figura de porcelana que se rompe en cuanto la tocan, ni un borrico incapaz de aprender nada, ni un cero a la izquierda. Haces muchas cosas bien y lo sabes. Analízalas y encuéntralas. Descubre en qué eres buena o bueno y explótalo. Y que no se le ocurra a ningún idiota venir a detenerte. Tus sueños no se pueden embargar.

No aceptes todo lo que te imponen

Matar está mal. Eso no va a cambiar y además no hace falta explicarlo mucho. Pero hay miles de cosas que no tienen explicación y las tragamos sin cuestionar nada. No lo hagas más. No tienes derecho a fallarte a ti mism@. Desde el respeto a los demás puedes recorrer los senderos que quieras. Lo que es injusto es injusto y si piensas un poco encontrarás ingeniosas maneras de salirte con la tuya.

Haz tu propio camino

Y cuando lleves un trecho recorrido comprobarás cómo te envidian los demás, los que no se atreven, los que nadan en círculos dentro del barreño esperando a morir ahogados. ¿Recuerda la triste historia de los ratones? No seas uno de ellos y busca tu senda. Pierde peso, pisa charcos, aprende a tocar la guitarra, estudia esa carrera a los sesenta años… no sé, vive tu vida, que solo tienes ésta.

Colofón

Sé que es duro lo que propongo. Yo he comenzado el camino y me estoy encontrando con mis primeros obstáculos. Esta realidad que hemos fabricado me quiere golpear en la cara cada día. Oigo continuamente que las cosas son así, que no se puede hacer nada y demás mandangas. Yo decidí cambiar, no solo mi cuerpo sino mi cabeza y mi vida. Y sigo en ello. No sé si llegaré donde creo, tal vez mi destino sea distinto. Pero estoy seguro de que será diferente a lo que tengo ahora. Estoy seguro de que operaré muchos cambios y que será a mejor sin duda.

Y yo soy una persona normal que se ha hartado de tanto “no se puede” y de tanto “es lo que hay”. Es muy bonito tomar acción y comprobar cómo evolucionan las cosas. Es bonito comprometerse con el mundo después de firmar y cumplir un compromiso con uno mismo. Tal vez salga derrotado, pero estaré orgulloso de mi intento.

En eso debes creer. Debes llevar tu propio puente de madera para escapar del barreño de agua y fabricar tu esperanza. Como te he contado no será fácil, pero será apasionante.

¿Por qué no lo intentas y me lo cuentas?