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La resiliencia. Levántate o muere

No. No se trata de la palabra residencia mal escrita. La resiliencia es la capacidad del ser humano para caerse y volver a levantarse después de sufrir un trauma. ¿Hay sistemas para conseguirlo? Pues vamos a verlo.

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Significado

Ser una persona resiliente en psicología significa ser capaz de recibir un golpe tras otro y volver a recuperarse, para seguir con tu vida como si nada hubiera pasado.

Los manuales o la definición ortodoxa hablan de la evolución que ha tenido su significado en los últimos años. Al principio se pensaba que la resiliencia era una capacidad innata del ser humano. Se tenía o no se tenía, pero con el tiempo y con los análisis se empieza a tener más en cuenta los factores sociales que rodean al individuo y que condicionan esa capacidad.

Dentro de los factores sociales tienen que ver el tipo de educación recibida, el entorno laboral en el que se desenvuelve, la zona geográfica que habita y hasta la dieta que ingiere, entre otros.

Y alrededor de todas esas razones, la que es para mí más importante: la obligación social de estar feliz.

Condicionantes

Quiero ser lo más respetuoso posible con la sensibilidad de quien lea esto. Pero debo aclarar que hay situaciones en la vida de las que no se sale si no te dan un buen empujón. Y de otras circunstancias, directamente no se sale.

Dicho esto, personalmente no creo que existan problemas de los que no se pueda salir salvo uno. Y como no tiene solución, ¿para qué me voy a preocupar?

TDH

Factores culturales

En occidente, en este primer mundo infectado por el virus de la prisa y el lema olímpico altius, citius, fortius (o sea, para los no gafapasta como yo: más alto, más fuerte y mejor), todos los avatares de nuestra vida tienen que ser circunstanciales, de rápida digestión y eliminación, para poder pasar al siguiente asunto.

Nuestra excesiva exposición a los torrentes de información es tal que somos incapaces de mantener la atención de forma sostenida en algo concreto si no nos obligan a ello. Pongo por ejemplo los videos de Youtube. Muchos de ellos no pasan de los 6 u 8 minutos. Si fueran más largos la gente perdería el interés por ellos y pasaría a otro.

Tenemos los continuos casos de TDH infantil que va en aumento, junto con los no diagnosticados de TDH adulto, que los hay y en cantidad mayor desde mi inexperta opinión. A ver si alguien se siente identificado con esto: Estás viendo una serie en la tele y haces una pausa porque tu pareja quiere ir al baño. De forma automática coges el móvil para mirar algo, lo que sea que se te haya pasado por la cabeza, para llenar esos dos minutos que tu pareja va tardar en volver del baño.

Quedarse tranquilamente mirando al techo y reflexionando sobre el sexo de los ángeles no es una opción. Nos aterra esa situación de inactividad de solo pensarlo. Mirad a vuestro alrededor, en el autobús, en el metro, andando por la calle o en un bar, en todas partes. Poca gente hay mirando por la ventana, absorta en sus pensamientos. Poca gente queda así.

Esto que cuento se convierte en un patrón de conducta por medio de la repetición. Hoy en día es un hábito y es perfectamente extrapolable al resto de circunstancias de la vida. Cuando estás disfrutando de una cena en un buen restaurante, o estás haciendo una ruta de senderismo, o cualquier otra actividad, de forma automática estás planeando la siguiente cena, ruta o actividad.

¿Y esto es malo? No necesariamente. El hecho de desear algo, obtenerlo y perder el interés por ello es algo de lo que se ha hablado en multitud de ocasiones a lo largo de la historia, desde que Iván Pávlov promulgó su ley del reflejo condicional.

Como no voy a entrar en ese extenso tema, sí que quiero utilizarlo para establecer la analogía que he planteado. Y es que nada debe durar demasiado, de lo contrario te pierdes lo siguiente. ¿Por qué no iba a pasar lo mismo con los estados de ánimo negativos y con los reveses de la vida?

duelo

¿Podemos estar tristes?

Yo siempre me digo a mi mismo que hay que ir con buena cara y buena actitud por la vida. Que la resiliencia debe estar siempre presente en mi caja de herramientas, pero oye, hay momentos en los que uno no ve cómo va a salir de ese problema en cuestión, da igual la índole del problema.

De forma automática, nuestro cuerpo empieza a inundarse de cortisol, una hormona tiroidea que pr

oduce la glándula suprarrenal y que se libera como respuesta al estrés. Simplificando diré que utilizamos el cortisol para ponernos en guardia o defendernos de algún ataque. En la antigüedad, si nos atacaba un Dientes de Sable, utilizábamos el cortisol y su capacidad de incrementar el nivel de azúcar en sangre para salir huyendo y subirnos a un árbol. Hoy en día no podemos hacer eso.

Hoy, si tienes un mal día procura descargarlo con tiento al llegar a casa o inundarás de cortisol a tu pareja y ese será el germen de una pelea.

Si has perdido el trabajo, tienes 45 años y aun te quedan quince de hipoteca, mantén la sonrisa y el optimismo o, de nuevo, tu duelo contaminará tu entorno. Nadie te invitará a las fiestas porque tienes una cara de amargado que…

Si te han diagnosticado una enfermedad incurable, pues ale, no pasa nada. Mantengamos la sonrisa que la corriente iniciada por “El Secreto” dice que solo con tus pensamientos positivos lograrás que el Universo conspire para que te cures.

En multitud de ocasiones no queremos compartir con nuestros seres queridos ese o aquel drama (da igual la gravedad) por no agobiar. Pero ese noble sentimiento hace que tampoco podamos liberar la carga y no todo el mundo cuenta con los recursos económicos como para acudir a un psicólogo.

Entonces, ¿cómo puedo digerir el mal momento? ¿Cómo puedo ser resiliente si me acaban de echar del trabajo? Pues hay maneras, y las vamos a ver. Pero reivindico el derecho a pasar el duelo, a estar tristes y a estar enfadados durante un tiempo prudencial. Y ese tiempo prudencial lo debe decidir cada uno con un diálogo interior.

Que tu pareja, tu madre o un amigo te achuchen para que sonrías no siempre es la solución, ni vas a salir de ese estado depresivo antes.

Caerse y no levantarse

Eso nunca. No podemos caer en un pozo sin fondo y no salir nunca.

De la misma forma que reivindico mi derecho al duelo, con mis tiempos para digerirlo, reivindico que la vida sigue. Tal vez pienses que no hay nada más duro que el fallecimiento de un familiar, y tienes toda la razón. Pero no eres la única persona a la que le ha ocurrido eso en la vida.

Tu madre, tu padre, un hijo o tu pareja ha muerto y no ves que esa losa de tristeza que te aplasta vaya a desaparecer jamás.

Es un momento difícil, de los más grandes que vayamos a sufrir en la vida, pero no es único. No solo te ha ocurrido a ti. Eso es lo que más claro hay que tener. Ese duro momento es común a todos los mortales y todo el mundo tarde o temprano pasará el duelo. Es el caso de resiliencia definitivo, porque pocas cosas más dolorosas puedes encontrarte en la vida.

En esas circunstancias apóyate en gente que ha pasado por lo mismo. Te contarán cosas tristes y tal vez te traigan recuerdos dolorosos, pero comprobarás que han seguido con sus vidas y que han pasado página.

Hemos perdido la capacidad de hablar de las cosas importantes con nuestra gente, por la misma razón por la que no miramos a los ojos: no queremos desnudar nuestra alma ante nadie por si se vulnera nuestra intimidad. Reivindico también la necesidad de hablar de cosas de verdad, no siempre de banalidades. Conozco parejas que no han hablado entre ellos de verdad desde hace años. ¿Cómo vas a poder librarte de ciertas mochilas que te asfixian si no tienes nunca con quien compartirlas?

La resiliencia la debemos aportar de serie, pero se riega y crece gracias a nuestro entorno. Somos seres sociales y necesitamos de los demás, por eso no debes perder el contacto con tus amigos del instituto, ni con aquel loco que conociste en un viaje y que luego fue tu amigo durante dos o tres años, pero que de repente dejaste de ver.

Entonces, ¿qué hacer?

Una de las cosas que más echan de menos las personas mayores, cuando comprueban cómo su entorno va muriendo de viejo, es el no haber conservado las amistades de su juventud. Haced la prueba y pasaros por una residencia. Preguntad a algún anciano o anciana si echa de menos a esos amigos a los que, no se sabe muy bien por qué, dejo de ver a la mitad de su vida.

Los amigos y la familia te dan resiliencia en grandes cantidades.

Si tienes una razón por la que vivir te levantarás de cualquier desgracia. Cuando leí el libro de Victor Frankl El hombre en busca de sentido, le encontré sentido a muchas de estas cosas, válgame la redundancia. En un entorno como el de un campo de concentración, las personas que tenían alguien a su cargo vivían. Los que ya no tenían a nadie, morían.

Es así de simple y así de drástico.

Si no tienen razones por las que luchar, no lo harás y no te levantarás. Hasta el hecho de que el teléfono móvil se te cuelgue se convertirá en un drama del que no verás salida. Habla de verdad con tu gente, con tu pareja, con tu mejor amigo, y verás cómo tu mochila se vacía.

Haz una lista de diez cosas buenas que tengas en tu vida. Pruébalo, verás cómo se te ocurren más de diez. En mi caso, las dos primeras de mi lista son mi mujer y mi hijo. Las dos en la primera posición.

¿Te ha pasado algo malo? Pasa el duelo, tómate tu tiempo. Reflexiona sobre lo ocurrido. Si es un fallecimiento, piensa en los buenos ratos con ese familiar. Revisa esas fotos que tan feliz te hacía mirar antes de que faltara.

Si es una pérdida de trabajo, dale la vuelta a la situación. No voy a engañarte, reinventarse es difícil. Es un camino duro y a veces descorazonador, pero es apasionante. Te dará fuerzas y desde luego que te subirá el ánimo a ti y a los tuyos. El dinero va y viene, y debes tener claro que siempre podrás ganar más.

Si has tenido la desgracia de que se te haya roto la nevera, o el móvil, o la tele de plasma… En fin, en temas materiales de esa índole no entro. Si le tienes tanto apego a tu iPhone hasta el punto de caer en depresión por que se te rompa, yo no te puedo ayudar.

Hay una buena campaña publicitaria (buena por la frase que voy a decir) que nos ha dejado un lema: lo importante es saber qué es lo importante.

Tengo que insistir también en la necesidad de hacer deporte y tener una alimentación equilibrada como uno de los pilares claves para que nuestra resiliencia esté a tope. Hipócrates decía que tu alimento fuera tu medicina y que tu medicina sea el alimento. Hoy, más que nunca, no se puede concebir una correlación de mente sana sin cuerpo sano.

Haz deporte, come sano y tu cerebro será capaz de entregarte sus máximos niveles de colaboración. Todo lo demás vendrá sólo

Y por último, recuerda que siempre amanece al día siguiente y que nada nunca es tan grave.

 

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