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Los sicarios de la felicidad. Yo quiero creer…

Así pues, lo que alguien lleva en sí mismo es lo más esencial para su dicha. Sin embargo, como su contenido suele ser tan magro, la mayoría de los que ya han superado la lucha por lo más básico se sienten tan infelices como aquellos que aún están enzarzados en ella. La vaciedad de su fuero interno, lo insulso de su consciencia y la pobreza de su espíritu los impulsan a buscar únicamente la compañía de quienes son semejantes a ellos; porque similis simili gaudet [«Lo similar se complace en lo similar»]

“Aforismos sobre el arte de vivir”

Arthur Schopenhauer (1788-1860)

 

En los últimos tiempos, gracias al consejo de un colega, estoy leyendo mucho a Schopenhauer. Llámame triste, si quieres, pero junto con la estoica sabiduría de Marco Aurelio, he encontrado a mis dos filósofos de cabecera. Al menos los de esta temporada.

Al empezar a escribir este post no tengo claro su título, pero sí mas o menos lo que quiero trasmitir. Quiero hablar de la felicidad. De su búsqueda, de su fragilidad y del negocio que conlleva. Pero, sobre todo, quiero hablar de salud. Condición sine qua non para que se de la felicidad.

Porque en Mi Báscula Me Odia no solo quiero hablar de dietas. También quiero tratar los alimentos del alma. Si esos estómagos están vacíos poco nos va a importar el exterior.

Dale a like después de leer esto. De lo contrario me tendré que gastar una pasta en Amazon para llenar el vacio

 De qué va este blog ¿de sicarios? ¿de creer?

Le he dado muchas vueltas al sentido que tiene hacer un blog como este. Tengo un título de coach nutricional, pero no soy nutricionista, ni médico. Soy un deportista amateur, alguien que ha perdido mucho peso en los últimos tiempos, que ha dejado de fumar y que cree que se le pueden añadir años a la vida si crees en ello de verdad.

Aprendo con cada línea que escribo y que leo y estoy convencido que esto puede ser útil a alguien que, como yo, andaba perdido hace un tiempo sin saber cómo encauzar su vida.

No es tanto la fórmula de “haz esto y esto otro y verás qué bien te quedas” como la idea de “yo he estado ahí y esto es lo que sentí. Y ahora siento esto” No se si me estoy explicando…

Hago esta reflexión como introducción por dos razones: la primera porque he cumplido un año escribiendo aquí. Y la segunda, porque quiero saber de qué escribir este año, el que viene y los demás.

Si, siempre lo reconozco, soy un gran cínico. Y Schopenhauer un triste. ¿Pero eso nos quita razón? Yo creo que no. Clic para tuitear

Y no es que necesite centrarme sobre la temática de mi blog. Creo que está bastante clara cuál es. Sino más bien el camino que deben tomar mis artículos.

Quien está al lado nos sonríe. Pero eso no importa. importa más un like enviado desde la otra parte del mundo

Hacer un artículo técnico como el que escribí sobre las bebidas energéticas o el del ajo negro me resultan muy satisfactorios. Aprendo a la par que me divierto, porque siempre he sido un lector voraz y un escritor apasionado. No solo tengo un gran apetito por la comida. También por el saber.

El pero viene ahora. Decía no sé quién, que las frases nunca empezaban hasta que llegaba el “pero”. Y este es muy grande. Esos artículos, costosos en cuanto a su preparación, documentación, esquemas y demás, son poco visitados. Y, oye, esto es internet. Aquí importas si tienes visitas. Si solo hiciera esto para mi no tendría un blog. Tendría un diario en una libreta.

Esto no es una pataleta, es una reflexión. Esos artículos me encantan, pero son agotadores. Otros post como este, donde simplemente me planto delante del teclado y escribo todo lo que me pasa por el alma son mucho más sencillos de hacer y llegan más hondo.

Al final es la disyuntiva entre informar o apasionar. ¿Se puede apasionar informando? ¿Y al revés? Tal vez si a todo. Solo nos falta el cómo.

No es alquimia. Es mundo interior. Mas de nosotros y menos de fuera

 El significado de la felicidad

Esta introducción me sirve como marco perfecto para lo que quiero transmitir hoy. Escribir en un blog como este, o de otro de desarrollo personal, sirve para hacer que la gente se sienta mejor. Y al hacerlo, sentirnos mejor con nosotros mismos.

¿Cómo medimos desde este lado el estado de felicidad de nuestros lectores? Pues midiendo las visitas a nuestro blog, los comentarios a los artículos y el feedback general que nos llegue por los distintos medios que disponemos, sean de pago o no.

¿Esto es bidireccional? Sin duda. Queremos ayudar a los demás y que los demás nos ayuden en el proceso. Nada de esto es desinteresado. Nunca lo ha sido y nunca lo será. La felicidad de cada uno pasa por asuntos que involucran a los demás. Cuanto más feedback, más felicidad; cuantos más likes, más felicidad; cuantos más comentarios, más felicidad. Hasta que un día se nos cae internet… Adiós a la felicidad.

¿Cuando fue la última vez que disfrutaste a solas? ¿Sin necesidad de la aprobación de nadie?

Schopenhahuer insiste en su libro “Aforismos sobre el arte de vivir” que la felicidad radica 9/10 partes en una salud adecuada. Y no solo habla de la salud física, también lo hace de la emocional. De hecho, la considera cuatro veces más importante.

El conocimiento universal se ha de transmitir de forma libre y desinteresada. Clic para tuitear

Insiste en que la felicidad se encuentra cuanto más amuebladas estén las habitaciones de nuestro interior. Cuanto más llenos estén los cajones de nuestro conocimiento. En definitiva, cuanta más vida en soledad tengamos más felices seremos.

Tal vez parezca un poco alejado de la realidad, y más cuando lo dice una persona que nació en una familia muy acaudalada y que nunca tuvo que pelear por poner un plato de comida en la mesa. ¿Pero le falta razón por eso? Yo creo que no.

En los tiempos que corren gran parte de nuestra felicidad está en manos de lo que los demás decidan. Nuestras cuentas en las redes sociales son los escribas de nuestra felicidad, los que deciden si merece la pena que sigamos adelante con nuestra actividad o no. Google Analytics es el dueño de la felicidad de mi blog. Si los números de GA son felices, yo he de serlo. ¿Y si no es así? Pues queda el plan b: paga por tu felicidad.

El poder de la sonrisa es tremendo. Mírate en el espejo y sonríe

 El alcance de la felicidad

Todo es tan frágil en nuestra sociedad actual que no encontramos motivos para alegrarnos ni aunque nos exploten en la cara.

El ser humano necesita mucho de todo a todas horas. Constantes estímulos que nos demuestren que lo que hacemos tiene sentido. Lo que antes comentaba de este blog: si mi felicidad ha de depender de las cifras de GA tendría que ser el hombre más desdichado del mundo.

Y doy fe que lo he sido. Y doy fe de que tengo recaídas constantemente.

Por eso la World Wide Web pone todos sus medios a mi alcance para que mi búsqueda de la felicidad no pare. Y me lo quiere hacer tan fácil que lo único que me pide a cambio es un poco de vil metal. ¿Qué significa un puñado de euros a cambio de esa felicidad que tanto añoro?

Cómo me conoce internet y las redes sociales, mejor que yo a mi mismo. Apela a uno de los sentidos más básicos de la humanidad: la necesidad de integrarse en la manada. A mayor reconocimiento social, mejores condiciones en la manada. Mejor acceso a la comida, a las hembras (o machos, no quiero pecar de machirulo) y a las zonas protegidas de la cueva.

Por tanto, como Blogger, haré un anuncio en Facebook Ads, o en Adsense, o por Instagram, o contrataré un curso de coaching, o de mentoring, o compraré eBooks y tutoriales, o asistiré a webinars y seminarios presenciales, donde todo el mundo estará encantado de regalarme un montón de felicidad a cambio de mi maldito dinero.

Y si no eres Blogger, explorarás sin destino el Prime Day de Amazon, actualizaras tu Instagram cada 5 minutos, buscarás en Facebook lo que hacen tus conocidos y esos cientos de amigos agregados que tienes que no recuerdas por qué están ahí, y revisarás Twitter preguntándote por qué nadie retuitea tus aportaciones.

Felicidad bidireccional. Para unos más que para otros.

Y así me podré acostar contemplando como suben mis cifras en GA y como tengo sueños húmedos gracias a eso.

Y tu te acostarás tranquilo viendo que tu pedido de Amazon ya está en tu ciudad.

¿Ahí reside la felicidad? ¿A esto hemos llegado?

Si, siempre lo reconozco, soy un gran cínico. Y Schopenhauer un triste. ¿Pero eso nos quita razón? Yo creo que no.

Lo único seguro es que mañana despertarás tú contigo, nada más

 La fragilidad de lo frágil

Tal vez todo lo que he escrito hasta ahora me lleve a este punto final: lo que es frágil siempre será frágil. Pero nada se refuerza si no pone a prueba esa fragilidad. Es como una planta que crece, se hace fuerte gracias a que le viento la mueve.

Estoy muy de acuerdo con que la felicidad nace de nuestro interior, pero es muy difícil hacerla aflorar desde ahí. Y eso el mercado lo sabe, explotando hasta la saciedad nuestras debilidades. ¿Significa esto que no sirve para nada lo que nos venden? Pues no señor. Eso sería de necios. Al Cesar lo que es del Cesar.

El conocimiento universal se ha de transmitir de forma libre y desinteresada. Ayudar a los demás es maravilloso, ver cómo alguien crece, despunta en un campo y brilla con luz propia. Si tú has intervenido en el proceso pues mucho mejor.

Todo lo que no sea sencillo de explicar y trasmitir es, por definición, peligroso. Y eso ocurre con la cuota de felicidad que le asignamos a todos estos contenidos de internet. El bien supremo no radica en trasmitir estos conocimientos y ver cómo puedes cambiar la vida de las personas, sino cómo monetizarlos.

Porque si mejoras a las personas a cambio de su dinero ¿qué tiene eso de malo?

Mira los psiquiatras, cobrando barbaridades a la hora. ¿Les importa la felicidad del paciente? Sin duda, pero si arreglan el problema demasiado pronto sus cuentas personales se resentirán. ¿No supone eso una especie de sentimientos encontrados? Yo diría que sí. Apelaremos al bien común.

El problema, para mí, es ir de cara. Yo he hecho un par de cursos sobre blogging, donde se primaba la búsqueda de la felicidad personal y la ayuda a los demás por encima de todo, siempre que se monetice la idea. De lo contrario, ¿dónde está la felicidad?

¿Por qué mueren si no la mayoría de los blogs antes de un año? ¿Es porque la gente no los ha monetizado lo suficiente? ¿No hemos encontrado la felicidad por el mero hecho de escribir en el blog? ¿Ayudar a los demás con las palabras escritas sin esperar nada a cambio no es suficiente? Es evidente que para la mayoría no lo es. Ni para mi tampoco. Todos necesitamos dinero para vivir, es parte de la felicidad ¿no? ¿O era el mundo interior? Qué lío…

Estas preguntas que hago tienen un único propósito, y es el de hacerte las preguntas correctas con cada emprendimiento, bien sea ponerte a dieta, hacer un blog o dedicarte a la filatelia. El orden de las preguntas vendría a ser algo así:

  1. Esto que voy a hacer para qué lo hago

  2. Si no me aporta lo que busco de forma inmediata, ¿continuaré con ello?

  3. En caso de que no continúe con ello, ¿debo volver a formularme la primera pregunta?

A partir de la tercera pregunta considero que todo lo que se nos ocurra está de más.

Vivimos en un mundo de likes, hypes y anglicismos varios que representan la felicidad, olvidándonos que ésta siempre ha estado en nosotros. Si haces un buen plato de comida a quien primero debe gustarle es a ti. Si escribes algo, tu primer lector eres tú. Si empiezas a correr, el chorro de dopamina final es para ti. Si ese pantalón que no te entraba ahora ya lo hace, la alegría es tuya. Que Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat y mierdas similares no te lo arrebaten.

Todo empieza siempre en ti, no en los demás. No es necesario la constante aprobación de los demás da igual en qué forma sea, si no nos aguantamos a nosotros mismos. Esa es la primera premisa, por no decir que casi es la única premisa válida.

Por tanto, y dando por sentado que eres una persona preocupada por tu salud física y mental, te incito a que respondas a las 3 preguntas que te he formulado. Que busques los tesoros donde crees que se encuentran, no donde dicen las tendencias que se encuentran.

Porque muchas veces un buen libro, un poco de blues de fondo y un té verde es el mejor camino a la felicidad.

¡ME VOY DE VACACIONES! Con este artículo me despido de tod@s vosotr@s hasta el 3 de septiembre. La nueva temporada traerá muchas cosas interesantes. Hasta entonces, se feliz.

Resumen
Los sicarios de la felicidad. Yo quiero creer...
Nombre del Artículo
Los sicarios de la felicidad. Yo quiero creer...
Descripción
Vivimos en un mundo de likes, hypes y anglicismos varios que representan la felicidad, olvidándonos que ésta siempre ha estado en nosotros. Si haces un buen plato de comida a quien primero debe gustarle es a ti. Si escribes algo, tu primer lector eres tú. Si empiezas a correr, el chorro de dopamina final es para ti. Si ese pantalón que no te entraba ahora ya lo hace, la alegría es tuya. Que Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat y mierdas similares no te lo arrebaten.
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