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Balance calórico, dopamina, tragaperras y la teoría sobre la reconquista lipídica (TRL)

Balance calórico
En ocasiones la mezcla de conceptos es la mejor manera de entenderlos.

Sé que te has puesto a dieta muchas veces. Y que has conseguido perder peso en casi todas las ocasiones. En algunas de ellas incluso mucha cantidad de peso, hasta el punto de que no te reconocías al mirarte al espejo.

Pero aquello no duró y eso duele.

Poco a poco recuperaste el peso perdido. Poco a poco tu esfuerzo desapareció y los kilos de más regresaron.

Veías fotos antiguas con tu gente y escuchabas frases como “qué bien estabas ahí”.

Eso duele más.

Hasta el punto de que llegaste a creer que no podías luchar con esa realidad. Y la respuesta es ambigua: sí y no.

Hoy vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre esto y comprobar qué tienen que ver las tragaperras con tu sobrepeso.

Qué hay de verdad en el mundo del balance calórico y qué leñes es eso de la teoría sobre la reconquista lipídica.

Vayamos por partes, como dijo JD.

 La dopamina, ¿bendita o maldita?

Hablemos antes que nada de esta hormona.

La dopamina es un neurotransmisor responsable de nuestros más bajos instintos y de los más altos. Es deseo y adicción; es castigo y recompensa; es pasión y apatía. La dopamina es tristeza y felicidad.

Dopamina
Las hormonas son más rebeldes que los adolescentes. No las castigues, aprende con ellas y te irá mejor

Y en ocasiones ciertas neuronas prosinápticas realizan peticiones de dopamina por encima de sus posibilidades, dando como resultado un deseo exacerbado por algo en concreto. Y ese algo se trasforma en una adicción.

No podríamos vivir sin dopamina puesto que nuestro cuerpo la genera para que el concepto “sentirnos vivos” tenga sentido. Clic para tuitear

El lado oscuro surge cuando se descontrola nuestra necesidad de dopamina, siempre y cuando ese descontrol provenga de algún tipo de adicción que resulte dañina para nosotros.

Si por estas casualidades de la vida tu dopamina se dispara al comer acelgas, pues tampoco es tan problemático. Pero eso no pasa. Lo siento.

 Las adicciones, adicciones son

Como doy por sentado que a nadie se le acelera el pulso al ver un plato de acelgas nos olvidaremos de este supuesto.

¿En qué supuestos es válido el descontrol de la dopamina?

Pues en los estados alterados de la conciencia. Véase las drogas, el alcohol, el juego y, por supuesto, la comida.

Ahora abordaremos la comida. Antes vamos con el juego. Quiero establecer una analogía que, para la mayoría, resulta evidente: la relación entre la ruina económica y la adicción a las máquinas tragaperras.

Creo que está fuera de toda duda el hecho de que nadie sale ganador en una batalla contra una máquina tragaperras. A la larga perderás siempre. Para eso fueron creadas: para quedarse con todo tu dinero.

 El autoengaño como motivación

Sin embargo los adictos a las máquinas juegan una y otra vez, perdiendo una y otra vez. Mismas acciones, mismo resultado. Evidente, ¿no?

Luego llegan las leyendas urbanas. Todos conocemos a ese amigo al que siempre le toca el premio cuando va con nosotros. Ese amigo nunca te va a contar lo que se gasta en las máquinas cuando tú no estás delante.

¿Cómo es esto posible?, nos preguntamos. ¿Es que no se dan cuenta que el único que gana es el dueño de la máquina?

Nuestro instinto racional dice que sí. Nuestras conexiones sinápticas embriagadas de dopamina dicen lo contrario. Por esa razón este amigo imaginario del que hablamos perderá su patrimonio, sus amigos, su familia y, en algunas casos, su vida.

 El balance calórico entra la ecuación

Aclarado estos puntos sobre la dopamina y la adicción a las tragaperras, extrapolemos el experimento: cambiemos tragaperras por comida rápida, o bollería industrial, o cualquier otro exceso calórico.

Parto de la base que ya expliqué hace unas semanas de que no todo en la vida son las calorías. Te recomiendo en especial la parte “No es mi culpa”.

Es evidente que la usurera industria alimenticia de hoy en día es muy responsable de toda esta obesidad. Y serían los únicos culpables si no hubiera existido la obesidad en el pasado. Pero resulta que en la antigua Mesopotamia ya había obesidad, y eso que no existían las Panteras Rosas ni los Donuts.

Por tanto no repartiré mierda a los demás y nos centraremos en nuestras responsabilidades por un día.

Nos encanta el juego. Nos encanta apostar, vivir al límite. Y a causa de ello, perdemos hasta la identidad

 Más es más, nos pongamos como nos pongamos

Yo me descontrolo cuando tengo delante una pizza 4 quesos.

No lo puedo evitar. Ahora mismo estoy pensando en ella y estoy salivando.

Si me la ponen delante junto con una cerveza bien fría, devoraré hasta la caja. Mi dopamina me recompensará a cada bocado con una embriaguez química digna de los más exquisitos opiáceos.

Y después de devorar la caja entera y contemplar los bordes resecos que he desechado, una sensación extraña, que no es la pesadez de estómago, me sobreviene sin remisión.

Luego llegan los remordimientos y el sentimiento de culpa. ¿No bastaba con dos raciones? ¿Había que comerse cuatro? ¿La pizza entera…? ¿En serio, Rubén?

En esos momentos no soy muy distinto al adicto a las tragaperras. De hecho somos casi idénticos a todos los niveles.

Mi comportamiento, perpetuado en el tiempo y aceptado socialmente mucho más que el del ludópata, provocará con el tiempo los siguientes efectos secundarios: mi peso subirá, eso es lógico.

Si nada lo remedia, el sobrepeso me hará perder movilidad. A causa de ello puedo perder el trabajo. En consecuencia tendré el mismo resultado que el ludópata: perderé mi patrimonio, mis amigos, mi familia y, tal vez, la vida.

balance calórico
No todo es sumar y restar calorías. Por supuesto que importan, pero no lo son todo

 Cuando la dopamina se activa, se activa

No quiero dramatizar, sino lanzar un mensaje: mismas causas tienen los mismos efectos. Eso es una adicción, qué importa el tipo de adicción que sea.

Somos adictos a la comida no porque la necesitamos para vivir (que también), sino porque está fabricada para ello. Clic para tuitear

Aunque nos pongamos a dieta volveremos una y otra vez a los alimentos que no debemos tomar, ya que nuestro cerebro nos dirá que porque por una vez…

Y casi siempre es así. Quien más y quien menos ha echado una moneda a una tragaperras y eso no le convierte en ludópata. Pero algunas y algunos sí que se convierten.

Ese es el mensaje: somos propensos a las adicciones porque estamos creados para ello, pero no sólo nosotros, sino todos los animales.

Es lo que hay.

 La obesidad y las adicciones: teoría de la reconquista lipídica

En este punto confluyen todas las líneas de pensamiento de este post. Vamos a explicar qué es la teoría de la reconquista lipídica o TDL

Por un lado tenemos nuestro sistema de recompensa condicionado por el nivel de dopamina de cada individuo.

Por otro lado la certeza de que una adicción es una adicción, aunque sea de comida.

Luego el hecho de que el balance calórico no es el único responsable del sobrepeso, pero sí influye cuando nos descontrolamos con comida rápida y exceso de azúcares.

El resultado es un sobrepeso galopante que nos hace vivir (por ejemplo) en un cuerpo 40 kilos por encima de nuestro peso ideal.

Y un buen día decidimos que ya está bien y que todo ese peso sobra. Le ponemos todas las ganas del mundo y comenzamos una dieta, o un plan de alimentación como a mí me gusta llamarlo.

perder peso
Lo importante es ganar la guerra. Habrá batallas que pierdas, tenlo claro

 Tu cuerpo es como la mafia

Siempre va a reclamar su parte.

Demos por hecho que has tenido éxito y te has quitado esos 40 kilos de más ¿Crees que tu cuerpo no los va a reclamar? Pues si crees eso… Clic para tuitear

Piensa lo siguiente: llevas 15, 20 o 30 años con sobrepeso. Todo tu cuerpo ha realizado sus actividades cotidianas con esa obesidad encima.

Tus articulaciones, tus órganos internos, tu piel, tus huesos, tu sangre, tu linfa, hasta tus pensamientos han vivido adaptados a ese sobrepeso. Y de repente, en cuestión de meses, ha desaparecido.

Lo que llevaba contigo una vida entera ha dejado de existir y solo una parte de tu cerebro entiende por qué: la parte racional. ¿La recuerdas? Es la misma que le dice al ludópata que no gaste dinero en las tragaperras, que lo va a perder.

¿Y qué dice el resto del cerebro? Pues lo que lleva diciendo toda la vida: repite pizza, abre otra coca cola, esta noche al McDonald’s y mañana tortitas para desayunar.

¿Y qué opina el resto de tu ser? Pues lo mismo. ¿Qué esperabas? ¿Una trasformación integral en meses?

¿Es que un exfumador deja de ser fumador alguna vez? Dale un cigarro después de 30 años sin fumar y verás. Clic para tuitear

¿Y un ex alcohólico? ¿Y un ex ludópata?, ¿un ex asesino?, ¿un ex lo que sea…?

 No todo está perdido, ni mucho menos

Claro que se puede cambiar de vida, pero requiere tiempo y adaptación. Requiere reeducación, autoconocimiento y control de la dopamina, entre muchas otras cosas.

Es como subir al Everest. Necesitas varios campamentos base. De lo contrario, y teniendo en cuenta todo lo expuesto, tu ser utilizará los medios que sean necesarios para que vuelvas a la zona de confort original.

La obesidad no se marcha porque mutiles tu estómago, te mates de hambre o tomes batidos. La obesidad se larga cuando te lo crees y te acostumbras a ella. Es como una relación de pareja: hay que ir poco a poco. Clic para tuitear

Es duro de admitir, pero debes pensar en los términos en los que piensa un adicto a las tragaperras que quiere dejarlo. Si ellos lo consiguen y rehacen sus vidas, ¿Por qué tú no?

Y podrás disfrutar de tu dopamina sin problemas.

¡Felices enlaces prosinápticos!

 

Resumen
Balance calórico, dopamina, tragaperras y la teoría sobre la reconquista lipídica (TRL)
Nombre del Artículo
Balance calórico, dopamina, tragaperras y la teoría sobre la reconquista lipídica (TRL)
Descripción
Luego el hecho de que el balance calórico no es el único responsable del sobrepeso, pero sí influye cuando nos descontrolamos con comida rápida y exceso de azúcares. El resultado es un sobrepeso galopante que nos hace vivir (por ejemplo) en un cuerpo 40 kilos por encima de nuestro peso ideal
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mI bÁSCULA mE oDIA
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