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Superalimentos, cosas curiosas acerca de ellos (sobre todo la #03)

Superalimentos

Todo es súper en estos tiempos. Súper-mama, súper-curioso, súper-gracioso, superhéroe… Y a este súper grupo tenían que llegar los superalimentos.

Mira que lleva tiempo el ser humano comiendo todo lo que pilla. De hecho, cuando éramos cazadores- recolectores, nuestro acceso a una gama variada de productos era más bien escasa. Lo que pilla se convertía en lo que podía.

Hoy no hay que temer por si vamos a comer. Hoy nos preocupamos mucho más por la calidad de los alimentos que llegan a nuestra mesa. Por su origen, su estado, si han sido cosechados de forma orgánica, qué nos va a aportar a nuestro organismo, y un sinfín de razones más con la que nuestros antepasados no podían ni soñar.

Y como el alimento ya no es un problema, nacen los superalimentos. Una evolución natural (o no tanto) con la que nutrirnos y pasar al siguiente nivel.

Hoy, en Mi Báscula Me Odia , vamos a hablar un poco de ellos, a ver qué conclusiones sacamos.

 Unos antecedentes antes de ver qué es un superalimento

Me encanta la historia de las dietas y de lo que hemos comido y comemos. Pero avancemos en el tiempo para no atascarnos. Lleguemos a la época en la que comenzamos a dominar los cultivos y el ganado. Nos asentamos en bellos parajes cerca de ríos y creamos las primeras ciudades.

La gente seguía alimentándose con lo que podía o había. En época de abundancia todo el mundo necesitaba una talla más de túnica y en época de escasez todos a marcar tableta. Así eran las cosas.

Los superalimentos suelen ser pequeños pero muy nutritivos. Tanto que con añadirlos a la dieta que hacemos hoy en día ya estamos superalimentados. ¡Y podremos hacer súper cosas! Clic para tuitear

Seguimos avanzando. Comenzamos a conservar los alimentos. Secamos, maceramos, adobamos, cocinamos de todas las formas posibles y guardamos en hielo lo que podemos para que el alimento nos dure. Y seguimos comiendo lo que la naturaleza tiene a bien entregarnos.

Nos vamos acercando a nuestros días

El tiempo pasa y llegamos a la revolución industrial. La humanidad está un pelín harta de comer siempre lo mismo, a saber: cereales, leche, huevos, tocino y cerveza. Y eso en los mejores casos. En épocas más duras se hacía pan con harina de mala calidad, te con cáscaras de pan quemado y se comían nabos y guisantes que compartíamos con el ganado y los cerdos.

Es con Napoleón Bonaparte cuando se comienzan a hacer las primeras conservas transportables, y por una cuestión de logística militar. Hay que comprender que los grandes avances tecnológicos de la humanidad han tenido sus mayores impulsos a raíz de las guerras.

Había que alimentar a las tropas de forma eficaz. No se puede derrotar a los rusos con el estómago vacío. Así que el emperador convocó un concurso bien pagado para que algún iluminado aportara ese gran invento que, hasta el día de hoy, se sigue utilizando.

Ya a mediados del siglo XIX se podía disfrutar de una gama más variada de alimentos sujetos a la estacionalidad y las cosechas, pero si gozabas de un salario en las ciudades y no te morías de tuberculosis, podías comer todos los días.

Damos otro salto, dejando atrás la gran depresión de principios del siglo XX para llegar a las dos grandes guerras de nuestra historia. El proceso de conservación ha mejorado con creces y cada vez es mayor la variedad y duración de los alimentos.

En la primera guerra mundial se desarrollaron empaquetados especiales y resistentes a las inclemencias del tiempo (y de las trincheras). Pero es en la Segunda Guerra Mundial cuando se unen la industria, las universidades y los gobiernos para crear todo tipo de raciones, adaptadas a los diferentes climas y con multitud de sabores y variedades. ¡Todo sea por derrotar al enemigo!

Luego, las grandes guerras se acabaron, la humanidad continuó a lo suyo y los métodos productivos nos han traído la súper abundancia de estos tiempos, en el primer mundo al menos. Y con ellos, multitud de trastornos de la alimentación, pero ese es otro tema.

 

#01 – Qué son los superalimentos

Por definición algo “súper” tiene que ser increíble, grande o poderoso.

Los superalimentos suelen ser pequeños pero muy nutritivos. Tanto que con añadirlos a la dieta que hacemos hoy en día ya estamos superalimentados. ¡Y podremos hacer súper cosas!

No eres más superalimento por tu origen, o por esta u otra cualidad específica, eso es xenofobia nutricional. Clic para tuitear

Tonterías aparte. Lo que un superalimento nos puede aportar al cuerpo es una concentración altísima de nutrientes en comparación con otro tipo de alimentos.

Aquí dejo una galería para que puedes acceder a algunos de ellos si quieres más información:

Por ejemplo, el acai es una baya que procede de una palmera (euterpe oleracea) y que contiene un nivel altísimo de antioxidantes.

A parte de eso, este superalimento posee otras características como las siguientes:

Favorece la vista

Contiene vitaminas A, B. C y E

Repleta de ácidos grasos 3, 6 y 9

Mejora la artritis

Mejora la capacidad de concentración

Mejora las digestiones

Aumenta los niveles de energía

Estimula la desintoxicación del cuerpo

Ayuda para adelgazar

Mejora la circulación de la sangre

Y la lista sigue.

Si quieres documentarte sobre las propiedades de esta baya ( o de cualquier otro superalimento) hay mucha información en la red. No es objeto de este artículo hacer una enciclopedia de los superalimentos. Seguimos.

Por definición podríamos decir que el acai es un superalimento por todas las propiedades citadas. En contraposición tenemos la triste zanahoria, que también contiene beta carotenos, ayuda al cuerpo a obtener vitamina A y es clave para prevenir enfermedades como el cáncer.

Aquí me surge una duda. ¿Por qué el acai está en la Champions League de los superalimentos y la zanahoria no? ¿Qué nos ha hecho la zanahoria para no ser tratada de usted como el acai?

Si hago una lista de las propiedades de la zanahoria similar a la anterior obtenemos esto:

Rica en fibra

Aporta ácido fólico, magnesio y vitamina C

Ayuda a la formación de los huesos

Mejora la fertilidad y la reproducción

Repleta de antioxidantes

Mejora el sistema inmune

Mejora el crecimiento

Mantiene la salud intestinal, previniendo el estreñimiento

Controla el azúcar en sangre

Se puede presentar su candidatura.

Con los datos en la mano podría asegurar sin miedo a equivocarme que la zanahoria también es un superalimento. Entonces, ¿por qué uno sí lo es y el otro no? ¿Por su alta concentración de nutrientes? Hay estudios contrastados que certifican de sobra sus bonanzas (aquí, aquí). ¿Cuál es la vara de medir?

Contestaré a esa pregunta en el punto #03.

#02 – Qué tipos de superalimentos hay

La lista de superalimentos conocidos es larga, de hecho cada vez más, siendo los más famosos los siguientes:

¡Qué chula me ha quedado la infografía!

Como digo, hay muchos más. Vamos a hacer una pequeña lista aparte de los de la imagen:

Semillas de lino: Rico en omega 3

Garcinia cambogia: Tiene propiedades adelgazantes y saciantes

Espelta: Aporta gran cantidad de proteínas, minerales y vitaminas

Aceite de oliva virgen extra: Pocas presentaciones requiere

Equinacea: Combate resfriados

Stevia: Edulcorante natural. Combate el cáncer y otras dolencias

Coco: Fuente de minerales. Su aceite y su leche están repletos de beneficios

Jengibre: Sirve de antiinflamatorio y analgésico

 Piña: Saciante y gran poder adelgazante. ¡Y está de muerte!

Kombucha: Hongo cuya infusión es una bebida probiotica

Y seguimos con otros, como lichi, te verde, wasabi, cálamo, maíz morado, lúcuma, camu camu, levadura, baobab, noni, cúrcuma, ajo, limón, cebolla, nuez, canela, arroz integral, avena, arándanos, manzana, uva, plátano, coles, lentejas, calabaza… ¿sigo?

Si te has fijado, he ido pasando de superalimentos exóticos de nombres raros y propiedades aún más raras a otros que podrían conformar tu cesta de la compra de cualquier semana.

¿Podría incluir la zanahoria en este grupo? ¡Si, por favor! Por supuesto que la incluimos.

Así que usando el menos común de los sentidos me atrevo a asegurar que superalimento es todo aquel que te aporta un beneficio al cuerpo, en mayor o menor medida, siempre y cuando sea natural, forme parte de la comida real y su procedencia sea lo más orgánica posible.

Y como la lista no parará de crecer, podemos añadir unos cuantos más:

Remolacha, apio, garbanzos, judías, sandía, pera, alubias, soja, lentejas, patatas, boniatos, guisantes, repollo, lechuga, achicoria, rúcula, melón, espinaca, acelga, ajos tiernos, puerro… y todas las malditas frutas, verduras, hortalizas y legumbres del mundo mundial, que son cientos.

¿Ves carne o pescado por aquí? Pues no, porque por lo visto no aporta nada a nuestro organismo, así que no se puede considerar un superalimento (ironic mode off).

Que si, que hay que añadir la carne y el pescado a la lista. No te apures.

marketing
Hay mucho de ancestral en el marketing

#03 – Los superalimentos y el marketing

Como te podrás imaginar por el tono del artículo todo nos conduce a este momento.

Como comerciante, si te puedo vender 125 gramos de polvo de acai a 17,00€ (eso son 136,00€ el kilo… madre del amor hermoso) pues mucho mejor que un kilo de zanahorias a 50 céntimos.

Mi único trabajo para venderte artículos así consiste en decirte cosas como estas:

Lo ancestral que es. Desde tiempos inmemoriales lo comían los indígenas de aquí y allá, a lo mejor porque no tenían mucho más de dónde tirar y la baya abundaba por esos lares

Las ingentes (absurdas) propiedades que tiene. Que no digo que no las tenga, pero no comemos solo por las propiedades de los alimentos. Los comemos por más razones como el sabor, nuestra cultura culinaria, etc. Y todos tiene propiedades de algún tipo. De lo contrario comeríamos plástico, que es bien abundante hoy día

Que lo comían los mayas. Y este pueblo era tan sabio que predijo un fin del mundo que no ha llegado y se extinguieron sin saber nadie cómo. ¡Venga, que el aval no tiene precio!

El complejo proceso de fabricación que tiene. Cuarenta años para que salga la flor. Luego hay que fermentarla en cuclillas cerrando un ojo, colar el caldo en las noches de luna llena solo por una virgen pelirroja, y almacenarlo en vasijas hechas con polvo de huesos de colibrí ¡Cómo no te voy a cobrar 140,00€ el kilo!

Que se ha usado en la medicina tradicional asiática desde hace 3000 años. Vale, ¿pero te operarías de apendicitis con esa medicina? Los tiempos modernos nos han traído estudios científicos modernos. No están enfrentados a la tradición, de hecho son complementarios. Pero ante lo que opinaba un curandero del sur de Mongolia Interior y lo que ha publicado el mes pasado la American Journal of Clinical Nutrition, pues me quedo con ésta última, con todos mis respetos para el curandero mongol. No es nada personal

Es muy importante no mezclar marketing y salud en nuestra cabeza. Ya lo hacen otros por nosotros. La mejor defensa es la información contrastada.

Los productos mencionados en todas las listas de este artículo están repletos de nutrientes y de beneficios para nuestro cuerpo.

No eres más superalimento por tu origen, o por esta u otra cualidad específica, eso es xenofobia nutricional. El mercado sí que ha hecho que lo sean por sus precios. No alimentamos nuestro cuerpo con algunos de ellos, alimentamos nuestro ego.

Come lo que te plazca dentro de tus posibilidades.

Vegetales

#04 – La dieta de los superalimentos

El equilibrio está en la lógica, el balanceo de carga y las buenas prácticas.

Todo tu menú, si está compuesto por comida real lo más pura que te puedas permitir, está repleto de superalimentos. No necesitas esa spirulina mágica o ese resihi que te haga inmortal. Siento decirte que todos nos vamos a morir. Lo han hecho hasta los ancianos asiáticos que descubrieron el hongo milagroso. Aléjate de procesados, contiene muchas cosas que no te interesan, como ya conté con las pechugas adobadas de pavo y el pan de avena del mercadona.

Mientras que tu alimentación se componga en un 75% de frutas, verduras, hortalizas y legumbres, dejando el 25% restante para carnes, pescado, pasta y lácteos, estarás superalimentado.

Necesitamos los súper aportes de todos y cada uno de ellos. No vamos a adelgazar más por tomar bayas de goji por la mañana si después comemos cuatro veces a la semana en el McDonald’s. Cómelas porque están dulces y te encantan. Al fin y al cabo la comida está a la cabeza en el imperio de los sentidos.

Y ten claro que todo alimento aporta lo que tu cuerpo necesita. Yo me como los boniatos asados porque me encanta su sabor, no por sus propiedades.

Tengo un bote de chucrut en la nevera muerto de risa porque me lo compré en su día por las propiedades que tiene, pero esa puñetera col fermentada no hay quien se la coma. Hay otros probióticos, como los pepinillos encurtidos, para alimentar a mi microbiota intestinal que si que me gustan. Eso es lo que has de buscar.

Come sano, come bien y natural. Tu cuerpo y tu bolsillo lo agradecerán.

¡Feliz súper búsqueda!

Resumen
Superalimentos. Cosas curiosas acerca de ellos (sobre todo la #03)
Nombre del Artículo
Superalimentos. Cosas curiosas acerca de ellos (sobre todo la #03)
Descripción
Todo tu menú, si está compuesto por comida real lo más pura que te puedas permitir, está repleto de superalimentos. No necesitas esa spirulina mágica o ese resihi que te haga inmortal. Siento decirte que todos nos vamos a morir. Lo han hecho hasta los ancianos asiáticos que descubrieron el hongo milagroso.
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Mi Báscula Me Odia
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