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Dieta Paleo. Entrevista a un Neandertal

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Se han terminado las vacaciones para la mayoría y ahora caes en la cuenta de que el nombre de este blog tiene más sentido que nunca. Las cervecitas, las tapitas… que sí, que te has puesto como un cochino en una charca y ahora toca volver al redil, que las navidades están muy cerca y hay que recuperar el tiempo perdido…
Así que comenzamos el nuevo curso escolar hablando de dietas, o sistemas de alimentación para ser más exacto, ya que la palabra dieta tiende a estar relacionada con restricciones, pesaje de alimentos y pasar hambre, mucha hambre. Y aunque suene pretencioso, de dietas y de estar gordo tengo un master cum laude nivel dios, así que sí, sonaré arrogante y marisabidillo, que para eso este es mi blog y escribo lo que me parece.

Pues créeme cuando te digo que pasar hambre para perder peso no es necesario. Pasar hambre es de necios si sabes hacer bien las cosas. Te puedes alimentar de forma saludable, perder peso y estar a tope de energía. Y para que pueda iluminar tu vida empezaremos con uno de los sistemas alimenticios que más fama han adquirido en los últimos tiempos, con ejércitos de seguidores por todo el mundo. Mi intención es aportar una visión general sobre esta dieta y darte mi opinión, como siempre. Si no lo hago reviento…

Así que deja de llorar por esas lorzas que han vuelto a tu cintura y lee con atención lo que sigue porque te puede ayudar. Y si no lo hace, al menos no quedarás como un ignorante (o ignoranta… qué difícil se ha vuelto el castellano) cuando alguien saque el tema.

dieta paleo

La dieta paleo

Paleo vida, paleofood, palealcoholic, paleo adictos… De todo se está escuchando.

Dicen que es la nueva (ya no tanto) dieta de los famosos, la que usa Novak Djokovic, Mile Cyrus o Megan Fox, por ejemplo. La dieta definitiva que nos va a hacer reencontrarnos con nuestros ancestros. El nutritivo camino que hará que recuperemos nuestro cuerpo de forma definitiva. Si tantos deportistas y famosos la hacen y lucen esos cuerpos serranos de escándalo, ¿por qué tú no?

¿Es posible alimentarnos como cuándo vivíamos en las cavernas?

¿De dónde se obtiene la información de lo que comían nuestros antepasados de hace cientos de miles de años? ¿Es viable hoy en día? ¿Es sostenible? ¿Es la nueva dieta Atkins?

Intentaré aportar lo que he experimentado y lo que he aprendido al respecto. Como ocurre con cualquier cosa en la vida, tiene sus luces y sus sombras, pero te podrás formar una opinión bastante completa después de leer el artículo.

Hablemos hoy un rato de la dieta del paleolítico.

Origenes

Nos debemos remontar a los años 70 para encontrar las primeras referencias a esta dieta de la mano del gastroenterólogo Walter L. Voegtlin. Aunque alcanzaría su mayor popularidad a partir de los trabajos del profesor Loren Cordain en el año 2001 y su bestseller “La dieta Paleolitica”,  con su libro “Food and Western Disease” o Rob Wolf con su obra “La solución Paleolítica” entre otros. Fueron ellos quienes asentaron las bases de esta nueva forma de alimentación basada en nuestro pasado remoto. Aquí en España también contamos con Carlos Pérez como nuestro gran divulgador nacional, con sus libros “Paleovida” o “Mis Recetas Paleovida”.

Aquí tenéis algunos títulos por si os interesa, y por si queréis contribuir con la causa…

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La premisa en sí tiene mucho sentido: si en el paleolítico nadie estaba obeso, las enfermedades cardiovasculares no existían, ni el alzheimer, ni las depresiones ni nada que no fuera morir de viejo a los 40 o de un garrotazo por culpa del jefe del asentamiento rival, ¿por qué no analizamos su alimentación para ver si las claves de la dieta sana van por ahí?

¿Tal vez fue la ingesta de cereales procesados que llegó con el neolítico una de las causas de nuestro progresivo deterioro? ¿Tal vez la vida sedentaria y la ingesta cada vez mayor de hidratos de carbono? Necesitaríamos un viaje en el tiempo para saber de primera mano cómo era la dieta de nuestros ancestros. Y en ese mismo viaje nos daríamos cuenta de que la mayoría de los alimentos que se comían entonces hoy no existen. También nos daríamos cuenta de que esos primeros homínidos se alimentaban de proteínas magras, verduras, frutos secos y semillas. Apenas había fruta y, por descontado, no había productos de importación como hoy en día. Un neandertal del centro de Europa no consumía grasas saludables provenientes de los aguacates. Creo estar bastante seguro de esta afirmación. ¿Hablamos de sostenibilidad? Por favor…

Por tanto la dieta paleo pretende que nos reencontremos con una forma de nutrición, adaptada claro está, que se asemeje a lo que hemos comido durante millones de años en nuestra evolución. Si nuestra naturaleza lo ha sabido asimilar durante tantas generaciones y se ha demostrado que no nos hace daño, ¿por qué deberíamos alimentarnos de otra manera?

Qué se puede y qué no se puede comer

Lo cierto es que hay mil millones de páginas que hablan de esto, así que haré un breve resumen. Una pequeña búsqueda por google te ayudará, si no siempre puedes mirar aquí o aquí. Lo que quiero es urdir los mimbres de la exclusiva que viene más tarde…

Empezamos por lo que no se puede. O lo que Felipe, nuestro antepasado del paleolítico no comía ¿Qué no sabes quién es Felipe? Pues el de esta imagen.

paleo
Felipe ¿eres tú?

Te lo presenté en el artículo ¿Por qué engordamos? Cosas que no sabías de la obesidad, artículo que deberías leer cuando termines con este.

¿Qué es lo que Felipe no comía? Pues no comía pasta, harinas, lácteos, azucares, alimentos procesados, alcohol o legumbres. ¿Y qué comía entonces? Pues todo lo demás, a saber, frutas, vegetales, carnes y pescados, mariscos, nueces, semillas y grasas saludables como olivas o aguacates (donde hubiera). Y te garantizo que todo lo demás que sí se puede comer es mucho más extenso de lo pueda parecer, y más hoy en día. Desde luego mucho más que entonces.

Así que simplifiquemos para no liarla. Para hacer la dieta paleo dejarás de consumir lo siguiente:

  • Leche y derivados
  • Harinas y derivados
  • Cualquier cosa procesada que no sea un alimento real. Por ejemplo, un bote de aceitunas está procesado pero es un alimento natural (mira la etiqueta para que no lleve cosas raras)
  • Cualquier tipo de alcohol o refresco que no sea agua
  • Cualquier legumbre o arroz
  • Cualquier zumo de frutas envasado (prácticamente todos llevan azúcar y además es un alimento procesado)
  • Cualquier azúcar o derivado

Como cada punto da para un artículo en sí mismo, desgranemos unas pocas cosas como si fuera el mismísimo Felipe el que me lo fuera preguntando. Bueno, a mí no. A Mr. Paleo.

cavernas

Entrevista a un Neandertal

¡Exclusiva mundial!

A continuación se ofrece un extracto de la entrevista mantenida con el Neandertal llamado Felipe hace 50.000 años… ¡toma flipada!

Después de los pertinentes saludos y de acomodarnos alrededor del fuego en la cueva, comenzó la charla…

Felipe: ¿Mr. Paleo, por qué no puedo beber leche?

Mr. Paleo: Pues porque ningún animal en la naturaleza en su estado adulto toma leche. Una vez que creces tu cuerpo deja de producir lactasa y no puedes digerir bien la leche. Eso te inflama y hace que tengas barrigón.

Felipe: Pues un compañero de mi cueva toma leche y no le pasa nada.

Mr. Paleo: No me mientas, Felipe. Hasta dentro de unos cuantos miles de años no nacerá el primer humano mutante con persistencia de la lactasa. Tu compañero de cueva es intolerante a la lactosa seguro.

Felipe: Entonces, cuando ese descendiente mute, ¿la leche será apta?

Mr. Paleo: No atasquemos nada más empezar. Mi argumento es que ningún ser vivo adulto toma leche. Sigamos avanzando.

Felipe: Vale, menudo carácter. ¿Y el queso, se puede? ¡Con lo bueno que está!

Mr. Paleo: ¡Y tanto que está bueno! Pero hasta el año 8.000 a.C. según algunas fuentes no se comenzó a fabricar queso, así que un tío del paleolítico como tú no pudo haberlo comido, por lo que es muy probable que te siente mal.

Felipe: ¿Y qué pasa con la harina? El trigo es algo natural que crece de forma libre ¿Por qué no  podemos comer harinas ni derivados?

Mr. Paleo: Por la misma razón que con el queso. Hasta dentro de muchos miles de años no existirá, por lo que no lo puedes haber consumido y lo más probable es que te hiciera daño.

Felipe: ¿Lo más probable? Eso no es un gran argumento, Mr. Paleo. Si a partir del año 8.000 a. C. se comenzó a fabricar pan y desde entonces la humanidad lo ha consumido, ¿por qué es malo?

Mr. Paleo: Pues porque el pan en sí es un alimento pobre. Como carbohidrato hay muchos mejores que el pan, como por ejemplo la patata u otras féculas. La gente del neolítico podría hacer un pan más natural que les ayudara en las épocas de hambruna. Pero hoy en día se utiliza un tipo de grano de trigo obtenido a base de hibridación que es bueno para aguantar plagas y para que los bancos de semillas vendan mucho grano, no por sus nutrientes y beneficios para nosotros.

Felipe: Vale. Aparco el pan por el momento. ¿Qué les pasa a los procesados? Todas las industrias tienen sellos de calidad en sus productos. ¿Por qué son malos?

Mr. Paleo: Porque al igual que para estar en contacto con la naturaleza nos vamos al bosque y no a un invernadero, con la comida pasa lo mismo. La mayoría de trastornos alimentarios se eliminarían solo con este gesto. De hecho, eliminar alimentos procesados ya es una manera de adelgazar. Si crece en las plantas y en los árboles, corre, vuela o nada, adelante. Si sale de una máquina con un bonito envoltorio, sospecha.

Felipe: ¡Eso me lo apunto! Lo de la leche y el queso no me ha convencido demasiado, pero esto sí que me ha gustado. Al igual que me gusta la cerveza. ¿Tampoco la puedo tomar?

Mr. Paleo: En esto te voy a poner de ejemplo el Principio  de Pareto y su regla del 80-20. Esto significa que, por ejemplo, el 20% de la población ostenta el 80% de algo. O que el 20% de tu esfuerzo debe darte el 80% de tus resultados. Con la dieta es igual. Mientras que el 80% de tus ingestas sean las correctas, el 20% puede ser libre. Aquí tal vez entre tu cervecita del fin de semana, o ese día en el que te tomas la tostada con cosas, o el plato de pasta, o ese trozo de tarta casera. No hay que ser un talibán con las dietas, ni con nada en la vida.

Felipe: Supongo que con las legumbres es igual.

Mr. Paleo: Las legumbres en su estado natural contienen antinutrientes que nos inflaman el estómago, por lo que hay que reducir su uso a la mínima expresión. Aunque la mayoría de esos antinutrientes desaparecen cuando se ponen en remojo y con la cocción, como se hace con las habichuelas, por ejemplo. Con el arroz ocurre lo mismo que con el pan. Hoy en día se ha hibridado tanto el grano de arroz que se comercializa que ha perdido su espíritu beneficioso. Un arroz integral, con su cáscara, aportaría algo más a nuestra dieta. Eso sí, tomado de forma esporádica.

Felipe: De acuerdo. Los zumos supongo que están prohibidos por ser un producto fabricado.

Mr. Paleo: Tú lo has dicho. Si quieres tomarte un zumo de frutas, hazlo tú. Aunque es mejor comerse la fruta entera y aprovechar la fibra natural que contiene. A parte de eso, ¿has probado esos zumos de bote? A mí no me gusta nada su sabor, y menos lo que pone en la etiqueta. Algunos zumos contienen menos de un 10% de fruta y aun así lo venden como zumo de fruta. Quedaría mejor que pusiera “Con un 10% de fruta y un 90% de no se te ocurra preguntar. Servir muy frio, así notas menos los químicos”

Felipe: Aunque tengo dudas, casi que lo comprendo todo, pero aún hay algo que me rechina. Por qué patata no y boniato sí. Por qué se ponen los niveles de tolerancia a los alimentos con líneas tan finas. Nosotros en el paleolítico comemos lo que pillamos hasta saciarnos y no nos pasa nada.

Mr. Paleo: Eso son dos preguntas en una. En primer lugar, la patata tiene mucho más almidón y un índice glucémico más alto que el boniato.

Felipe: ¡Pero si el boniato es más dulce!

Mr. Paleo: Sí, es correcto. Pero la palatabilidad de un alimento no siempre tiene que ver con su composición. Y eso pasa con la patata. Otro ejemplo es el pan. En occidente el pan es la mayor fuente de sodio que existe. Y su índice glucémico es superior al del azúcar blanca. Y la gente sigue diciendo “pero si solo es pan…”

Felipe: Puedo estar de acuerdo con lo del pan. Eso no te lo discuto, pero a pesar de ser del paleolítico y tener cara de bruto he hecho mis deberes y aquí hay cosas que no me cuadran. La patata tiene menos calorías, más proteína y menos hidratos de carbono que el boniato. Teniendo los dos grandes cantidades de glucosa, el boniato también tiene más. Lo de la palatabilidad queda genial en una charla de bar, pero en la práctica no veo la diferencia entre un producto y otro. Si cabe, el boniato tendría que ser la víctima, no la patata.

                En este punto de la entrevista Mr. Paleo respiró hondo y sonrió. Felipe había llegado a las conclusiones que debía llegar.

Mr. Paleo: Has dado en el clavo, Felipe. Como te he comentado antes, no hay que ser un talibán. No existen alimentos buenos y malos y no se pude ingerir o dejar de hacerlo por la fecha en la que llegaron a nuestra mesa. O, como en el caso de la patata y boniato, con argumentos que no tienen demasiada base. ¿Patata no y yuca sí? Uno de los argumentos en contra de la patata es que no se debe comer porque no llega a Europa hasta que la trae Colón, por tanto los europeos no estamos acostumbrados a ella.  ¿Y sí lo estamos al plátano macho? ¿Y cuándo llegó el plátano macho a Europa?

Felipe: Ahora mismo estoy confundido.

Mr. Paleo: Y lo comprendo. Te estoy hablando de cosas que ocurrirán miles de años en el futuro. Te haré unas aclaraciones a ver si te ayudan. La dieta paleo es una muy buena herramienta porque elimina alimentos procesados, gran cantidad de hidratos de carbono procedentes de harinas, dulces fabricados y alcohol. Tales cosas por sí mismas son beneficiosas, como lo son dejar de fumar, dormir 8 horas y no estresarse, por ejemplo. Recuerda el 80-20 de Pareto. Las cosas no son blancas o negras, existen los grises. No se pude sugerir que eliminemos el pan para después publicar recetas de pan paleo, o muffins paleo, u otras tartas paleo. El efecto placebo para tu cerebro es de limitado recorrido. Si cambias tus hábitos (que es lo único que cuenta) hacia este sistema de alimentación para seguir pensando en bizcochos, panes o pasta apta para la dieta paleo no estás cambiando nada en esencia. Lo que debes reconstruir son los hábitos, no cambiar los ingredientes. De lo contario, a la mínima desecharás el sucedáneo y volverás a lo de siempre. Por tanto, los argumentos a favor o en contra de este alimento o de este otro también desaparecen.

Felipe: Entonces, ¿qué hago? ¿Continuo con mi dieta paleo?

Mr. Paleo: Continúa con lo que te funcione, y si en algún momento necesitas otra cosa, repasa qué es lo que tienes en la naturaleza que te pueda saciar. Seguro que acertarás. Entre un donut y un puñado de nueces, ¿qué te sacia más? ¿Qué será más sano? El sentido común siempre ayuda.

Aquí termina esta parte de la entrevista con Felipe. No tenía claro si le había ayudado o le había confundido más. Por si las moscas, Felipe siguió almacenando granos y frutos secos como si fuera una ardilla. Continuó con la caza y la pesca y siguió fuerte como un roble muchos años. Pero eso es otra historia.

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Resumiendo

En lo personal odio las dietas restrictivas. He hecho las suficientes como para saber que al final dejan de ser eficaces. Las cosas que duran unos pocos meses y después se diluyen no molan nada. Es mejor ir conociendo nuestro cuerpo y ver qué te funciona y qué no.

A mí me fue genial en mis primeros meses, asentado la base de mi nutrición actual. Abrazo todos los productos naturales, por eso lo paleo me atrae. Odio los argumentos tajantes al igual que los dogmas, porque llega un momento en el que no se sostienen, que chirrían, como le pasa a Felipe. Que se condenen unas lentejas pero que se acepte en ñame me parece, cuando menos, confuso. Que un alimento venga del otro lado del planeta, aparte de ser poco sostenible, entra en conflicto con otros dogmas de la misma dieta, como es el caso de la patata antes mencionado.

El mayor problema de estas cosas siempre es la radicalización. No hay diferencia entre un paleo radical, un vegano radical o un religioso radical, sea de la religió que sea. No escuchará más dogmas que el de su propio credo y eso medra, no construye nada. Defender en foros a capa y espada las virtudes de la quinoa y demonizar el arroz, sea integral o no, me parece que es ser muy corto de miras. Y más viendo casos como la paradoja asiática, más concretamente la famosa dieta de Okinawa. Que ahora la quinoa esté de moda no implica que haya que sacar de nuestra cesta de la compra otros productos, sin más argumentos que los de “es paleo” o “no es paleo”. Porque “yolo”.

Lo sano es sano. Eso no es un dogma. Al igual que lo natural es natural, y así todos los aforismos que se nos ocurran. Haz dieta paleo a falta de otra cosa. Hazla si comes mal o comes demasiado de lo que no deberías comer. Es una muy buena solución. No demonices a este u otro alimento por su procedencia, fecha de presentación en sociedad o cualquier otro argumento con poca base. No se necesita explicar demasiado por qué no es bueno beber demasiado alcohol, ¿verdad? Pero cuando explicar porque no se puede comer habas más allá del argumento de los antinutrientes nos lleva horas de duro debate, algo pasa…

Que sí, gafapastudos, que no me olvido del argumento del ácido fítico y las legumbres. Ese ácido que desaparece en su inmensa mayoría con el remojo y la posterior cocción. ¿O es que tú eres de esos que se come las habas, las lentejas o las judías crudas? ¿Eres una cabra acaso? ¿Hablamos de la solanina, alcaloide altamente tóxico, presente en tomates y berenjenas? ¿Por qué nadie habla de eso, por ejemplo?

Yo mismo me respondo. Porque es una gilipollez. Y es un debate estéril y sin fin.

Otro día más. Igual vuelve Felipe y nos pone en nuestro sitio…

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