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Orgánico o no. Esa es la cuestión

Lo orgánico es más que una moda. No ha y más que pasearse por las estanterías de frescos de cualquier supermercado para descubrirlo.

Mantequilla orgánica, patatas orgánicas, kiwis orgánicos, harina de trigo ultra procesado orgánico. Está claro que si lleva la dichosa palabra orgánico el producto de turno se convierte en líder de ventas. Y si le acompaña la etiqueta sostenible, pues ni te cuento.

Lo que es o no es orgánico lo deciden unas cuantas personas en un despacho. Clic para tuitear

Podría acabar este post muy rápido diciendo que el adjetivo “orgánico” se refiere a su método de cultivo, no a la calidad del producto. Lo dice la FAO en la primera línea. Pero como me gusta enrollarme un poco más en mis post, pues vamos a darle un poco de cera al lucrativo mundo de los cultivos orgánicos.

Por tanto, hoy, en Mi Báscula Me Odia , vamos a ser lo más orgánicos posible.

 Empezando por la definición de orgánico

Qué es y qué no es orgánico.

Orgánico es un alimento cultivado o criado según unos estándares decididos en la Unión Europea, para Europa, o en USA para los americanos, o en China para… bueno, queda claro ¿no?

Mucho cuidado con lo que parece orgánico y no lo es. Vigilemos los envoltorios.

Lo que es o no es orgánico lo deciden unas cuantas personas en un despacho. Y eso da como resultado unos alimentos producidos, de forma general, sin hormonas, antibióticos, pesticidas, fertilizantes o ingredientes genéticamente modificados, entre otras cosas.

Si te quedas más tranquilo comprando orgánico, pues adelante. Añadidos químicos te vas a ahorrar. ¿Mejor para tu salud? Pues hombre Clic para tuitear

Lo que se considera permitido o no aparece en una lista publicada para cada país por los organismos sanitarios competentes de turno. Aunque no debemos hacernos lio con esto. Son prácticamente los mismos en todas partes, Monsanto mediante.

Y esa es la definición de orgánico. Punto final. No hay mucho más a parte de envoltorios con verdes prados, abuelas cocinando y sellos homologados. En cuanto a sabor, prestaciones del producto o diferencias nutricionales con respecto a los no orgánicos no hay nada más.

Sushi
Comemos por los ojos. Es que nunca se nos olvide

 ¿Es igual un orgánico que uno que no lo es?

Como en todo en la vida hay matices. Habrá cultivos orgánicos chapuceros que de pena verlos y otros de producción intensiva que nos entran por los ojos a la velocidad del rayo.

Pero lo que realmente importa en esto es la percepción que tiene la gente de lo que es o no es saludable. Basta con ver una manzana amorfa, con algún que otro agujero, desconche y zonas rugosas para que se nos quite las ganas de hincarle el diente.

En vez de eso, vemos otra manzana lustrosa, brillante, con la piel inmaculada, gritándonos con su fulgor rojizo que nos la comamos, y se nos cae la baba. Hasta que llega el dependiente y nos dice que la primera manzana es de cultivo orgánico. Como no ha sido cultivada con pesticidas ni nada, pues sale como el creador la trajo al mundo. Amorfa perdida.

En ese momento nuestra percepción cambia. De repente ya no nos parece tan asquerosa la primera manzana.

¿Realmente es mejor una que otra? Pues más allá de esta percepción, no hay demostrado mucho más.

¿Le preguntarías su origen a este chuletón? ¿Qué te he dicho de comer por los ojos?

 ¿Cuáles son las diferencias?

Depende del estudio científico de turno. Ya sabemos cómo se las gastan los científicos cuando la procedencia de su financiación viene del norte o del sur. Oye, que hay gente integra también, no me cabe duda, pero suelen estar en el paro.

En esto, como casi en todo lo que rodea a la nutrición, nos movemos por filias y fobias. Según a quién consultes, el uso de los pesticidas tampoco es algo tan grave, dado que el problema es la poco sostenibilidad del sistema de cultivo orgánico.

¿Conclusiones? Pues lo de siempre. Si te quedas más tranquilo comprando orgánico, pues adelante. Añadidos químicos te vas a ahorrar. ¿Mejor para tu salud? Pues hombre… depende a quien le preguntes.

Seguimos.

Las manzanas, manzanas son. Siempre sanas y saludables después de lavarlas bien

 El peligro de las banderas saludables

Los seres humanos somos manipulables y nos movemos por modas. Eso los científicos lo saben y les preocupa. Saben que somos capaces de dejar de ingerir alimentos buenos solo porque están procesados de forma industrial.

Si la campaña mediática es buena, caeremos como pardillos en las redes publicitarias. Hace años, con el escándalo de las carnes rojas pasó esto mismo. Tuvieron que manifestarse todos los productores del mundo para que la OMS gritara por activa y por pasiva que se refería a los productos cárnicos procesados, no a los chuletones. Pero dio igual, el daño ya estaba hecho.

Por eso siempre debemos vigilar la procedencia del viento que mueve la bandera de turno. Lo hace mirando nuestro bolsillo, no nuestra salud.

Así que vamos a ver un par de mitos sobre lo orgánico.

¿Todo lo que se le pone a los cultivos es malo? También ha ayudado a su mejora. En el equilibrio está el camino

 Lo orgánico es mejor porque no tiene pesticidas

Según los libros de normas de cada país, para que un alimento se considere orgánico debe cumplir una serie de reglas, como no usar fertilizantes sintéticos 3 años antes de ser cosechados y cumplir con las prescripciones técnicas de cada país.

Pero cumplir una norma no significa que el resultado final sea el que nosotros creemos. El resultado final solo se ajusta a lo que la norma pide.

¿Por qué planteo esta disyuntiva? Por la lista de preguntas que me surgen, como por ejemplo:

¿No usar pesticidas químicos supone no usar pesticidas de ningún tipo? Para nada. Significa no usar los que aparecen en una lista como no permitidos

¿Si el pesticida no es químico estamos a salvo? Nos podemos contaminar igual con un pesticida de los autorizados si al agricultor se le va la mano, o el pesticida está en mal estado

¿La exposición a estos agentes es nociva? Según la OMS no porque la cantidad a la que estamos expuestos es muy baja, pero los trabajadores que los manipulan sí que corren peligro

¿Entonces sí que serían peligrosos? ¿Ves dónde está el problema? Todo termina siendo siempre un “si, pero” o un “no, pero”, y las frases nunca empiezan hasta que no llega el “pero”.

Como puedes ver nunca encontramos certezas.

Los colores, lo que perciben nuestros sentidos, en ocasiones nos ayuda y en otras…

 Lo orgánico es más saludable

Como te he comentado casi todo está en nuestra cabeza. Ni siquiera estudios profundos sobre los beneficios de los productos orgánicos nos arrojan resultados concluyentes.

En el meta análisis que cito, basado en investigaciones sobre carne orgánica y convencional, se llega a la conclusión de que, a pesar de que existen diferencias, éstas no son lo suficientemente concluyentes como para asegurar que es más beneficiosa una carne que otra.

No se está diciendo que no sea mejor una carne de pasto que una estabulada. No va por ahí el estudio. Está hablando de que a nivel molecular no hay una diferencia sustancial y que es necesario estudiar mucho más el tema.

Otras voces demuestran que la calidad de la grasa de esas carnes varía de forma sustancial de unas reses a otras. Los niveles de omegas eran diferentes según se criaran de una u otra forma, en invierno o en verano.

Volvemos a lo del punto anterior. Como decía Sócrates, solo sé que no se nada.

En la búsqueda de la comida real estará siempre la solución. No te quepa duda

 Concluyendo de forma orgánica

Por dar una conclusión salomónica diré que, si te puedes permitir lo orgánico, hazlo. Daño no te va a hacer. Entra dentro de la nueva cultura de sostenibilidad que tan bien le viene a este planeta.

Que, como siempre digo, no sólo nos influye lo que comemos. Nos influye cómo pensamos, cómo vivimos, dónde vivimos y muchos otros factores más. Lo orgánico se ha convertido, como todo, en un argumento de ventas más. Sus virtudes se pueden ver desdibujadas por esa obsesión mundial por la riqueza desmedida.

Poder comernos un pollo como los que se cultivaban hace 300 años es un objetivo para muchos, pero tal cosa es imposible. El planeta es distinto, nuestro impacto sobre él es terrible y, aunque se intenta cambiar las cosas, seguimos hiriendo a la gigantesca roca que nos da cobijo.

Al menos hoy en día grandes sectores de la población se plantean términos como lo que hemos tratado hoy, cosa impensable hace unas décadas. Las líneas de trabajo deben ir encaminadas hacia una alimentación lo más natural posible. Y no me cabe duda de que llegaremos a algo en un futuro.

Mientras tanto, sigamos leyendo etiquetas y desconfiemos de los envoltorios verdes, las fotos de abuelas cocinando y los sellos de aprobación. Comamos mas alimentos y menos productos y todo irá bien.

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Orgánico o no. Esa es la cuestión
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Orgánico o no. Esa es la cuestión
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Lo que es o no es orgánico lo deciden unas cuantas personas en un despacho. Y eso da como resultado unos alimentos producidos, de forma general, sin hormonas, antibióticos, pesticidas, fertilizantes o ingredientes genéticamente modificados, entre otras cosas. Lo que se considera permitido o no aparece en una lista publicada para cada país por los organismos sanitarios competentes de turno. Aunque no debemos hacernos lio con esto. Son prácticamente los mismos en todas partes, Monsanto mediante.
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