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Trastornos de la alimentación. Están dentro de ti y lo sabes

La bulimia y la anorexia son los trastornos de la alimentación más conocidos de nuestro tiempo.

Junto con la alimentación compulsiva, la adicción a ciertos alimentos chatarra y los periodos de hambre auto infligidos como modo de castigo, conforman un círculo destructivo que no solo va degradando nuestro cuerpo, sino que destroza nuestra mente y nuestro entorno social.

No traigo al blog la clave que solucionará todos estos problemas, que todos y cada uno de nosotros padecemos o hemos padecido en mayor o menor medida durante algún periodo de nuestra vida. Traigo una serie de razones por las que estos trastornos se dan en nuestro tiempo, junto con algún que otro elemento que puede ayudar a combatirlo.

Entendamos que cuando alguien se da un atracón de patatas fritas, aunque no lo vuelva a hacer en un año, está cayendo en las pautas de las que voy a hablar. No implica necesariamente que se tenga ningún problema, pero sí que albergamos dentro una semilla que puede brotar en un momento dado y que nos puede complicar mucho la vida.

No nos asustemos que para eso está la información, para combatir el miedo. Y hoy, en Mi Báscula Me Odia , vamos a tratar de no indigestarnos y de no volver loco a nuestro cuerpo.

Comenzamos.

 Seguimos siendo animales

No hace mucho tiempo, hablando con un conocido, le hice una referencia a nuestra condición animal para hablar del más allá, del cielo y del infierno. No se trataba de una conversación teológica, sino más bien comentábamos lo que tenemos los seres humanos que nos hace tan especiales.

Hice referencia a que no somos más que un mono con más masa cerebral que un buen día tomo consciencia de sí mismo. Y desde entonces no ha parado de liarla y de fastidiar el planeta. Mi interlocutor se indignó un poco y negó el hecho de que seamos animales. “Nosotros hemos creado la filosofía, las matemáticas, el arte…” de me decía. Y no le negué esas verdades, aunque le insistía diciendo que el hecho de que seamos un animal inteligente no soslaya la realidad de que seamos animales.

¿Por qué comento esto? Porque me parece interesante para lo que quiero argumentar. Nuestras reacciones ante los alimentos, el hecho de que seamos capaces de desarrollar adicciones obedece a nuestra condición animal, aunque se nos haya olvidado.

Lo contextualizaré: en el pasado, del que tanto me gusta hablar, nuestra diversidad alimenticia era la que era. Determinadas (y cortas) épocas al año disponíamos de una fuente de azúcares y carbohidratos en forma de frutas y vegetales. Quizás miel si había suerte. Pero luego llegaba el lema de la casa Stark y el invierno se apoderaba del entorno, por lo que esa mágica fuente de energía desaparecía hasta nueva orden. Así que nuestro cerebro dictaminó sentencia al respecto: come hasta atiborrarte porque esto se acaba.

Esto, que nos ocurrió durante 8000 generaciones, sigue muy vivo dentro de nosotros. Por eso comemos compulsivamente alimentos ricos en azúcar y carbohidratos. Nuestra conciencia ya se encargará después de flagelarnos.

Buscar el equilibrio, la identidad y saber quiénes somos ayudará en la comprensión y solución de nuestro trastorno

 Trastornos mentales, azúcar y carbohidratos

Aunque esté muy de moda condenar los azúcares y los carbohidratos hay que recordar que el cuerpo los necesita. El cerebro se alimenta de glucosa al igual que nuestro hígado. Y los carbohidratos son la moneda energética que más le gusta al metabolismo, por su rápida transformación y absorción.

Ahora bien. Los dos denominadores comunes en todos los trastornos relacionados con la alimentación se deben al deterioro del sistema endocrino y al agotamiento de los neurotransmisores cerebrales que le explican a nuestro cerebro qué elecciones debe hacer.

Nuestras reacciones ante los alimentos, el hecho de que seamos capaces de desarrollar adicciones obedece a nuestra condición animal, aunque se nos haya olvidado. Clic para tuitear

Un abuso de azúcares y carbohidratos dispara la cantidad de insulina en sangre, un caldo de cultivo para todos los trastornos de la alimentación. Como su pico de actuación sube muy rápido y baja igual de rápido, los neurotransmisores se alteran y nos dan la orden de comer más. Eso hace que las tripas nos crujan a las dos horas de haber comido. Volvemos a comer más azúcar y más hidrato, volvemos a disparar la insulina; subimos el nivel de tolerancia porque el sistema está saturado de tanta insulina; volvemos a lanzar neurotransmisores a lo loco de un lado al otro del cerebro; volvemos a tener hambre; se inicia el ciclo de nuevo.

Este resumen muy básico de lo que nos ocurre al abusar del azúcar y de los carbos se repite a diario sin que nos demos cuenta. Veámoslo en una lista:

Desayunamos tostadas o cereales azucarados, con miel, mantequilla o algo similar. Acompañado de café con leche, leche con cacao o un zumo azucarado en tetrabrik

Almorzamos un bocadillo, o una empanadilla, o un cruasán, o un puñado de galletas saladas de la máquina, o unos mikado…

Comemos espagueti, macarrones, filetes empanados, lasaña, o cualquier cosa acompañado de media barra de pan

Merendamos otra tostada, o galletas, o nos saltamos este paso. Da un poco igual a estas alturas

Cenamos pizza, o sobras del medio día, o un sándwich de jamón y queso y a la cama

Antes de dormir un poco de chocolate, o unas galletas de esas bio, solo faltaba

No hace falta ser nutricionista para saber que la cantidad de harinas y azúcar que he descrito en este día cualquiera supera cualquier tabla recomendad por la OMS. Y no seas de esos que dicen muy estirados que ellos nunca han comido así. No te mientas que está muy feo.

 Entonces, ¿qué debo comer?

Buena pregunta.

Recordemos lo que hace nuestro cuerpo al comer ese exceso de hidratos y azúcar con otra lista, un poco más concienzuda:

Comes azúcar e hidratos simples en exceso y el nivel de glucosa sube muy rápido

  El páncreas libera insulina a chorros

  Los receptores de la glucosa se abren en canal para recibirla con los brazos abiertos

  Gracias a esto los niveles de glucosa bajan

  La glucosa se usa de inmediato para obtener energía, pero si nuestro nivel es alto, se almacenará en el hígado y en los músculos en forma de glucógeno

  Si nuestro nivel es rematadamente alto, como le pasa a la mayoría, se almacenará en forma de grasa para un uso futuro

  Si seguimos con la misma pauta, los receptores de glucosa se negarán a abrir sus brazos más, generando una resistencia a la insulina

  El páncreas se pone a trabajar el doble de rápido para generar mayor cantidad, pero los puñeteros receptores se niegan en banda. No hospedan a más glucosa

  Si perpetuamos nuestros hábitos, los caprichosos receptores pondrán el cartel de “cerrado para siempre”, dejando a las células sin glucosa

  Nuestro cerebro interpretará que el cuerpo necesita más carbohidrato para satisfacer la demanda de glucosa, ya que las células están muertas de hambre, a pesar de que el torrente sanguíneo está infectado de glucosa

  El cuerpo establece un extraño comportamiento en este punto: almacena cada vez más grasa y demanda cada vez más hidratos y azúcar, generando al mismo tiempo una necesidad de insulina del exterior

  Cuanto más hidratos y azúcar se comen, más demanda el cuerpo y peor funciona todo

  Llegados a este punto no puedes parar de comer de esa manera. Tu cuerpo se ha deformado por el peso excesivo y eres diabético tipo 2. ¿Cuál será tu siguiente paso? Hacer dieta

Te pones a dieta y de golpe dejas de comer, generando un tsunami de desajustes en tu interior que disparan todas las alarmas habidas y por haber

  Comes una pizca de hidrato, una pizca de azúcar y empiezas a perder peso a la misma velocidad que crece tu mala leche y tu ansiedad

  Duras unas pocas semanas antes de volver a tus hábitos de siempre, obteniendo los resultados de siempre

Para acabar con este desarrollo de los acontecimientos te formularé una pregunta sencilla: ¿no has pensado en comer otra cosa?

Y ahora es cuando tú me devuelves la pregunta y me dices ¿y qué quieres que coma? Pues muy sencillo: comida real.

La montaña rusa de los estados de ánimo termina por detenerse. Ten paciencia y llega la final

 Los trastornos de la alimentación se combaten con comida

Nuestro cuerpo necesita retos. Necesita salir de lo que resulta fácil para poder mejorar y encontrar lo que mejor le funciona. En Dragon Ball, Son Goku se hacía más fuerte con cada pelea. Sobre todo cuando le daban una paliza. Pues aunque no te lo creas nos pasa lo mismo.

Una alimentación a base de proteínas, grasas y carbohidratos complejos como arroz integral, avena, patata o boniato. No se lo pongas fácil a tu cuerpo dándole pan. Que trabaje para crear energía, ya que gastará energía para producirla.

 Usar la grasa y la proteína para producir energía

Aunque no comiéramos nada de hidratos, nuestro cuerpo procesaría la glucosa para alimentar el cerebro. Este proceso se llama gluconeogénesis. Simplificando, es la manera que tiene el cuerpo de transformar la grasa y las proteínas en azúcar. En ese proceso se crean una sustancias de deshecho llamadas cetonas, que colorean nuestra orina y hacen que nos huela el aliento de forma diferente. Si alguien ha hecho la dieta Atkins sabrá de lo que hablo.

En este proceso se desgasta una gran cantidad de energía que, por lógica, nos hace perder peso. A esto se le añade el increíble poder saciante de la proteína y de la grasa y el hecho de que nos de cero antojos. ¿Conoces a alguien que devore fuentes y fuentes de pechugas de pollo? A que no. ¿Y bolsas de patatas fritas onduladas? ¿A que no puedes parar? Tu cuerpo es más listo que tú.

Prueba si no me crees, a comer lomo de orza, una carne muy especiada sumergida en aceite para su conservación. Cuando lleves dos o tres trozos te rezumará el aceite por las orejas y se te atragantará el lomo. En un primer momento pensarás que estás comiendo demasiadas calorías, pero es falso. Te saciarás mucho antes y tardarás más en hacer la digestión, por lo que la sensación de plenitud durará más tiempo y los antojos tardarán más en aparecer.

Volviendo a los carbohidratos te diré que el cuerpo no distingue entre complejos y simples. Sí que es diferente el esfuerzo que hacemos en metabolizarlos. Recuerda: a más esfuerzo, más desgaste y mejor para nuestra flexibilidad metabólica.

Podría ser la recomendación de una firma de ropa para que nos entren sus pantalones. Por desgracia es la realidad de miles de personas cada día

 Bulimia, anorexia y privación de alimentos

Cuando entramos en ciclos de descontrol que intentan ser compensados unos con otros, la catástrofe está asegurada. Es como la paradoja del adicto a la tragaperras. Se arruina intentando recuperar un estatus inicial en el que no estaba arruinado. Y cuanto más busca volver al principio, más se aleja de él.

La bulimia llega tras unos atracones desenfrenados que intentan tapar siempre un problema subyacente. Mientras dura el atracón, por lo general de comida chatarra, nuestro cuerpo está atravesando todos los procesos de los que he hablado antes, haciendo saltar todos los topes y todas las alarmas.

Posteriormente, cuando la culpa lo invade todo, llega la segunda parte: los vómitos. Vomitar es un sistema de defensa natural de nuestro cuerpo por el que intenta deshacerse de un agente contaminante. Bien sea porque necesita el estómago vacío para un proceso de curación o bien porque el malestar tiene origen en el sistema digestivo. Cuando vomitamos una serie de hormonas salen a la palestra, como el cortisol, generando un estado de estrés adicional al problema que ya teníamos. El resultado es un aumento de los niveles de insulina, de endorfinas y más neurotransmisores para intentar controlar el estrés. En pocas palabras: es apagar un fuego con gasolina.

La anorexia y la privación de alimentos podrían desmarcarse un poco de estas conductas, pero no es así. Es el yang de la bulimia. Esa espiral de autocastigo con grandes privaciones de alimentos genera periodos en los que lo único que se digiere es comida chatarra. Eso, a su vez, genera un sentimiento de culpa del que ya hemos hablado que desemboca en más privación.

Estos trastornos de la alimentación hacen que nuestro cerebro no esté bien alimentado, ni nuestras células, por lo que el raciocinio se ve igualmente alterado. El hambre no deja pensar con claridad, distorsiona una visión en el espejo y hace que tomemos decisiones equivocadas.

¿De qué manera se regresa a la senda correcta? Comiendo lo que siempre deberíamos haber comido: comida real.

Olvídate de esto. Ahí no encontrarás las soluciones que buscas

 La dieta madre

Nuestra dieta de cabecera debe componerse de alimentos reales, con pocos procesados y con poca cantidad de azúcares refinados. Cualquier alimentación ordenada permite alcanzar unos niveles estables de azúcar en sangre sin que la confección de nuestra dieta nos genere demasiados problemas.

Piensa en lo que comerías en una zona del planeta en la que no existan Mercadonas ni nada que se le parezca. Dispondrías de caza, pesca, bayas, granos salvajes, frutas y verduras naturales. Quitándole el romanticismo de las películas de supervivientes en islas paradisiacas, de todo eso se debería componer tu dieta para que los niveles de insulina en la sangre sean los correctos.

No se lo pongas fácil a tu cuerpo dándole pan. Que trabaje para crear energía, ya que gastará energía para producirla. Clic para tuitear

No quero pecar de dramático porque no lo soy. Una química alterada en nuestro cuerpo afecta a todo lo que somos. Cambia nuestras decisiones, nos deprime, nos hace elegir de mala manera y nos impide descansar de forma correcta.

Corregir las pautas alimenticias y retirar las enormes cantidades de azúcar y de carbohidratos que comemos puede ser difícil. Los trastornos de la alimentación no se van a marchar sin pelear. De hecho es tal la adicción que tenemos que pasaremos el mono. Y es un mono similar al de dejar de fumar. Lo sé. Lo he vivido en mis carnes. Pero solo dura dos semanas. Luego los antojos disminuyen y podemos sentir que tenemos el control.

He vivido todas las fases que he descrito excepto la anoréxica. Cuesta horrores dejar los malos hábitos, no te voy a mentir, y necesitas hacer deporte para que todo encaje. Pero se consigue. También dejé de fumar en el proceso, lo cual fue un premio añadido. Mi ritmo cardiaco, mis niveles en sangre, mis trastornos del sueño, mis cambios de humor y mis dolores de espalda fueron desapareciendo paulatinamente. Y es que somos lo que comemos, que no te quepa duda.

Revoluciona tu alimentación y sacarás lo mejor de tu ADN. Y mientras lo haces, comparte, comenta y disfruta.

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Trastornos de la alimentación. Están dentro de ti y lo sabes
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Trastornos de la alimentación. Están dentro de ti y lo sabes
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Un abuso de azúcares y carbohidratos dispara la cantidad de insulina en sangre, un caldo de cultivo para todos los trastornos de la alimentación. Como su pico de actuación sube muy rápido y baja igual de rápido, los neurotransmisores se alteran y nos dan la orden de comer más. Eso hace que las tripas nos crujan a las dos horas de haber comido.
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