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Mi báscula me odia

La crisis de los cuarenta

9 octubre, 2017
cuarenta años

Hola motivad@.

Llega un momento en la vida en el que atravesamos una serie de barreras que nos van a marcar para siempre. Son hitos que se alcanzan y se superan, como el primer beso, el primer día de trabajo, la primera ruptura amorosa o la primera cogorza. Y que dejarán una marca imborrable de la que siempre nos acordaremos.

Una de ellas es la barrera de los cuarenta años. Ese momento en el que, por ser generalista, llegamos a la mitad de nuestro ciclo vital. Los años de infancia y juventud forman parte del pasado y se nos abren unos horizontes en los que nuestra experiencia y madurez nos ayudarán a recorrer los años que nos quedan.

¿O no?

Porque, seamos sinceros, cumplir cuarenta años es una mierda. Nunca más te llamarán chico o chica. Ni eres joven ni eres mayor. Estás en esa tierra de nadie en la que estás obligado a todo y apenas tienes coberturas sociales. Eres un adulto de pleno derecho, para lo bueno y para lo malo.

Pero no te deprimas. Te contaré unas cuantas cosas e intentaré poner una sonrisa en tus labios. Al fin y al cabo, se puede ser un cuarentón o cuarentona sin morir en el intento. Hoy trabajaremos un poco nuestra mente.

Los cuarenta. Demasiado lejos de todo

Esa es una de las claves. Cuando naces y eres pequeño papá y mamá se ocupan de todo. Incluso ya crecidito, a tus dieciocho, alardeando de tu mayoría de edad, recurres a tus progenitores cuando hay problemas. Esta tónica continúa unos cuántos años después, con carnets jóvenes y descuentos por estudiantes. La vida transcurre de cobertura social a cobertura social hasta que se te va agotando la treintena.

Te vas dando cuenta porque te interesa más hablar de economía que de amor o amistad. Sueles tener pareja estable o estar casado ya. Los chiquillos han llegado o se acercan por el horizonte. Sin darte apenas cuenta estás abandonando un estado de sobreprotección maravillosa para entrar en tierra de nadie. Ya eres un miembro de pleno derecho de la sociedad. Mamá y papá ya no pueden hacer mucho por ti, salvo dejarte dinero si te van las cosas apretadas. La administración te recuerda cada vez que haces un trámite que eres adulto y que tienes todas las obligaciones del mundo. Es lo que hay.

Si tienes hijos has de pagar guarderías, cumpleaños, colegios, horas especiales para no llegar tarde al trabajo. Te olvidas de tu tiempo libre, de tus aficiones, de lo que te emocionaba unos cuantos años atrás, mientras sigues hablando en el bar o en la cena de nochebuena de política, de economía y del independentismo catalán. No queda nada sobre los sueños, el amor y la amistad.

Y un buen día, te levantas por la mañana, te miras al espejo y es tu cumpleaños. Contemplas cuatro décadas con los ojos llenos de legañas. Te lavas los dientes y notas que se te mueve uno. Recuerdas ese artículo que leíste un remedio casero para las patas de gallo, porque estás viendo que las tienes. Tú, que siempre habías tenido la piel lisa como la superficie de un jarrón de cristal soplado. ¡Puñetas! -dices en voz alta – ¿eso es una cana?

Si. Te han salido canas. La crisis de los cuarenta está llamando a tu puerta.

crisis de los cuarenta

La crisis de los cuarenta para él

Los hombres somos de Marte y las mujeres de Venus. Entre géneros gestionamos este advenimiento de madurez y responsabilidad de distinta manera. ¿Y qué es lo que hace un hombre cuando cae en la cuenta de la edad que ha alcanzado? Pues es sencillo. Trabaja en su remedio de forma inmediata.

A los cuarenta años no nos solemos andar con tonterías, no nos queda tanto tiempo. En realidad, sí que queda, pero se nos pasa rápido. Lo normal es que a estas edades la situación económica sea estable. Digo por general, que nadie se me ataque, que casos hay como moscas. A montones y revoloteando alrededor.

Pues eso, que nuestros recursos suelen ser mucho más abundantes que cuando teníamos, no sé, veinticinco años. Y esos mismos recursos, unidos a la necesidad de hacer un millón de cosas en el tiempo que nos queda, incluida la de rejuvenecer a cualquier precio, nos lleva a tomar mil iniciativas diversas.

Las más recurrentes serían:

  • Renovar el vestuario por uno más juvenil. Que las canas no nos tapen el bosque. Una camiseta chula de Desigual y unos pantalones llenos de cremalleras y ale, a triunfar en las noches de sábado
  • Comprar un coche deportivo. Esto es un clásico al alcance de pocos. Pero una gran cantidad de cuarentones cambian su viejo coche por uno más grande o con más motor, o las dos cosas a la vez. Que por caballos que no sea.
  • Volver a hacer esas cosas que hacías. Como salir con los colegas cuarentones que están en situaciones similares a la tuya y que, con suerte, piensen y sientan igual que tú. No siempre será el caso. O volver a coleccionar soldados de plomo, comics o lo que sea que coleccionaras. O volver a hacer deporte como un energúmeno, como me ha pasado a mí.
  • Ir por la calle explicándole al mundo cómo son las cosas, porque a tus cuarenta años no te puede discutir ni dios. Tú lo tienes todo claro y nadie te va a comer la cabeza. Este punto se cumple hasta que llegas a los cincuenta, momento en el cual repites la misma frase cambiando la edad. Y así hasta el final de tus días.

Estos son una muestra de los estereotipos más recurrentes. Son estereotipos porque se repiten de una u otra forma y se perpetúan en el tiempo. No están todos los que son, pero si son todos los que están.

crisis de los cuarenta

La crisis de los cuarenta para ella

¿Qué significa para una mujer cumplir los cuarenta? A grandes rasgos comparten con los hombres la necesidad de aferrarse a la juventud a toda costa. Pero existe un gran matiz. La bomba hormonal llamada menopausia acecha escondida entre los arbustos. Más pronto a o más tarde sus señales se dejan ver.

La juventud, la tersura y demás se nos escapa a ambos sexos a la par. Dependiendo de genéticas y hábitos a unos se les nota más que a otros, pero nos repetimos los mismos mantras. Las mujeres también hablan más de economía que de amistad, igual que los hombres. Se plantean la existencia y la cercanía de la muerte en términos similares. Porque a pesar de ser distintos en muchos fundamentos no lo somos.

Y qué temas recurrentes encontramos. Pues a saber:

  • Que venga alguien más joven a sustituirnos. ¿Qué va a venir la mañaca esa a quitarme el puesto? No sabe con quién se está metiendo
  • Miras esos michelines, o las estrías que te ha dejado el embarazo y recuerdas esa cinturita que lucías hace unos años. No sufras, que hay remedio para eso. Si has sido madre, o ya tienes criados a los niños o poco les queda. En cualquier caso, retomando rutinas deportivas recuperarás tu silueta.
  • Si has crecido emocionalmente con los años y tu pareja no, empiezas a plantearte muchas cosas, como mandarlo a hacer puñetas. Has sacrificado años por los niños y esfuerzo en ese proyecto de matrimonio que no funciona. Te decides y lo dejas. Mejor ahora que más tarde.

Estos ejemplos son mucho más emocionales que los de los hombres. Esto es así porque, aunque en lo básico coincidimos como ya he dicho, la mujer tiene una visión a largo plazo diferente. El hombre piensa más en recuperar el pasado. La mujer más en afrontar el futuro. Ambos géneros deberían mirar más al presente y nos irían mejor las cosas a todos.

A los cuarenta debes ser quien quieres ser

Los niños, o no los has tenido o están casi criados. Si has decidido ser padre a los cuarenta pues ánimo y a darlo todo. Para el resto que tienen el trabajo hecho o casi, llega el momento de recuperar camino y vivir de verdad, a lo grande, sin miedos y con recursos.

Últimamente repito mucho que la gente a estas edades se pasa el día haciendo balance. Qué es lo que hacía cuando era joven y qué es lo que haré cuando me jubile. ¿Y ahora? ¿Qué se supone que vas a hacer ahora mismo? Es inevitable tener remordimientos por las cosas que no se han hecho o que se han hecho mal. También es lógico creer que la vida comienza a escapase y que quedan muchas cosas por hacer aún. No te preocupes, que queda tiempo.

El tiempo es relativo, lo sabemos, y pararse a pensar sobre lo que queremos para el resto de nuestros días no es sinónimo de atacarse y querer hacer de todo en un mes. Tiempo hay. Y ninguna época en la vida es igual a la otra. Por la misma razón que hablas de política y economía más que de amistad y de amor, debes analizar tu momento actual. Piensa que la crisis de los cuarenta trasciende a esa década. Para muchos y muchas se prolonga más allá de los cincuenta en una enconada búsqueda de la juventud perdida.

Nada se ha perdido porque nada se tenía. La vida es una constante transformación que nos lleva de un punto A a un punto B sin solución de continuidad. A y B molan, al igual que mola C y D. Vuelvo a lo que decía. Preocupados por el pasado y por el futuro. Olvidándonos del presente.

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