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¿Te cuento cómo vas a fracasar con tu dieta?

Fracasar con tu dieta

Vas a fracasar con tu dieta. Tenlo claro.

Tal vez te parezca un poco cínico por mi parte un artículo así (bastante personal, te anticipo), que habla de por qué vas a fracasar con tu dieta. Responder la pregunta de por qué no puedes perder peso es parte de mi misión.

Tal vez pienses que se me ha ido un poco la olla y que yo soy el primero que no sigo mis propios consejos.

Puede que pienses que soy un vende humo más que promete lo que no puede dar, como tantos otros por internet, y que no predica con el ejemplo.

Quizás pienses que, tarde o temprano, sacaré un producto para que lo compres y, de esa manera, enriquecerme a tu costa, abandonando tanta soflama por la comida real y esas cosas.

¿Sabes qué? Tal vez tengas razón, o tal vez no.

Y todo esto lo digo con un propósito, como siempre, porque dentro de todos nosotros se encuentra nuestro mejor amigo y nuestro peor enemigo.

El amigo es el que nos hace luchar, empujar cada mañana, madrugar para llevarnos a los niños al cole y después ir al trabajo cogiendo tres líneas de metro. Es el que nos grita que nos levantamos cuando caemos, el que siempre ve el vaso medio lleno, el que sabe que siempre hay esperanza… el que nos dice que vamos a perder ese peso que nos sobra.

Y luego está el otro. El ser oscuro que está esperando el tropezón para gritarte “te lo dije”, el que te recuerda cada día cuáles son tus carencias, el que te grita que no lo vas a conseguir por mucho que lo intentes, el que se ríe a tus espaldas cuando te llenas de optimismo. El que no permite que te olvides de que eres gordo como tu padre y como tu abuelo.

Hoy vamos a hablar de ese cabroncete que, como ya sabrás, gana muchas veces.

Hoy toca hablar de los perdedores.

¿Éxito?

Nuestro entorno nos bombardea con historias de éxito por doquier, de personas que, a pesar de las muchas adversidades, lograron sus metas fueran las que fueran. De esos seres superiores que desafiaron todo lo que tenían en contra para lograr su propósito.

Estamos rodeados de sus mensajes en Instagram, que nos adoctrinan diciendo que no existe el fracaso, sino los resultados. Yo mismo pongo frases así en las redes sociales.

Un mensaje no es un mensaje hasta que no se hace propaganda sobre él. Si “I´m loving it” fuera el mensaje clave de la Crítica de la Razón Pura, todos amaríamos a Immanuel Kant, pero esa triste frase es una soflama de McDonald’s, sin más valor que el que se le asocia a la marca de la M, con el colesterol que eso implica, y con un único objetivo: que compres hamburguesas. Profundo, ¿verdad?

Exito
Los baremos para medir el éxito a veces se encuentran en lugares muy extraños

El concepto de éxito va asociado a la publicidad que se haga de él, a la consecución de objetivos dentro de nuestros esquemas sociales que deben ser fácilmente reconocibles, mesurables y comúnmente aceptables. ¿Consideraríamos éxito romper 46 retretes en nuestra cabeza en un minuto? Para el común de los mortales no. Para Kevin Shelley, que el 1 de septiembre de 2007 estableció esa marca mundial, recogida en el libro Guinness de los Records, sí que lo es.

Esto es aplicable a cualquier cosa en nuestras vidas, ¿pero y en las dietas? ¿Cómo medimos la consecución del éxito?, ¿con los kilos de menos que marca la báscula?, ¿con el nivel de salud de nuestra sangre? Y ya que hablamos de sangre, ¿es ese marcador el más fiable para determinar nuestra salud?, ¿deberíamos combinarlos con más?; ¿es el volumen de ejercicio semanal, combinado con la dieta, lo que determina ese éxito?; ¿qué cuota hay que alcanzar para lograrlo?; ¿quién fija la cuota?, ¿cuál es la mezcla perfecta?…

Podría seguir así durante días.

¿Sabes ya lo que quiero decir? Son nuestros valores lo que lo determinan. Así de simple. Tanto para fracasar con tu dieta como para triunfar.

LA CLAVE: tener claro que fracasar con tu dieta es uno de los muchos componentes del éxito. Aunque no lo termines de entender.

Seguimos.

¿Adherencia?

Tal vez anden por aquí los tiros. Si antes hemos hablado de objetivos ahora toca el medio que utilizaremos para su consecución.

Tendemos a seguir métodos que son o demasiado extremos o demasiado laxos. Pasamos de la abundancia más absoluta al hambre extremo sin solución de continuidad. ¿Te acuerdas de tu peor enemigo? Está esperando con ansia esos contrastes.

Si la clave para no permitirte fracasar con tu dieta es que comas pezuña de ñu fermentada en vinagre de loto azul dos veces al día, pues la llevas muy guapa, que lo sepas.

Cuanto más altas son las expectativas, más exigente será el medio. Cuanto más te exijas más te estresarás y antes se pasará tu enemigo a saludar.

LA CLAVE: pautas sencillas, fáciles de entender, sin torturas y con descansos. Y sobre todo, sin prisas. O vete olvidando de la adherencia dichosa, no la encontrarás si te exiges demasiado.

¿Monotonía?

Has encontrado esa dieta definitiva de una semana que piensas repetir una y otra vez, semana tras semana, hasta perder esos 30 kilos.

A la quinta semana te la sabes de memoria. Has anulado tu agenda social porque no puedes saltarte una coma de lo que pone en ese papel que te pasó una compañera del curro. Sientes que cada comida, cada cena, cada desayuno es un capítulo más del rancho que te espera el resto de tu vida.

La cara que pones cuando ves que te toca pechuga a la plancha con brócoli… otra vez

Llevas dos meses con la dieta, seis kilos perdidos y cuatro consultas con el psicólogo para que te explique por qué te estás sacando el permiso de armas, si tú nunca habías querido matar a nadie. Pero ahora lo quieres hacer. Y cada día que pasa, cada porción de rancho que digieres, te hace sentir que estás más cerca de un sitio al que nunca quisiste llegar. Y eso que el éxito te aguardaba y que era fácil de llevar. ¡Si hasta podías comer pan y todo!

Dios, cómo anhelas comer en un restaurante chino.

LA CLAVE: haz variada tu alimentación y tu forma de cocinar, o el fracasar con tu dieta estará garantizado. Usa especias y da un curso de cocina si es preciso. Cualquier cosa vale para engañar a los sentidos.

¿Entorno?

Te parece recordar que alguien dijo una vez que la mejor manera para no fracasar con tu dieta era enfrentarte a las tentaciones.

Resuelto a demostrarle al mundo que tú puedes con todo, asistes a todos los eventos sociales que te llegan y a algunos más. Te cuelas en bodas y haces viajes programados a los escaparates de las pastelerías de tu ciudad. No visitas un canal de cocina de YouTube sin suscribirte. Lo que sea con tal de volverte inmune.

Y yo te pregunto ¿te volverías inmune al oxígeno si dejases de respirar? No te estrujes la cabeza. La respuesta es no. Te morirías. Y como alimentarnos es algo más que cubrir una necesidad fisiológica básica, todavía es más complicado. Respirar es respirar. Puede oler mal o no, pero no hay muchas más opciones en la carta. Con la comida es algo más complejo, variado, crujiente, cremoso, explosivo, fuerte, suave, dulce, picante, ácido, amargo y, sobre todo, umami. Por eso tu enemigo interior sabe que vas a fracasar con tu dieta. Porque él, al igual que tú, tiene claro que todo está condenadamente rico.

No vas a poder resistirte a todo por siempre. No lo conseguirás. Nadie lo ha hecho y ha seguido vivo. Y necesitas a tu entorno, a tu gente, si no quieres que tu psicólogo sea tu mejor amigo. Eso es muy triste.

LA CLAVE: selecciona los eventos. No acudas a todos, pero a los que acudas, disfrútalos. Solo se vive una vez.

¿Objetivos?

Pues sí. Viene muy bien fijarlos. Sobre todo a principios de año. Así tenemos 12 meses por delante para contemplar como faltamos a nuestra palabra de forma sistemática.

Ahora en serio. ¿Los necesitas? Para perder peso hay que tener un objetivo claro: perder peso y ganar salud. Bueno, eso son dos objetivos. Si quieres ponte metas, pero es complicado ajustarse a un calendario exacto sin fracasar, sobre todo si tienes en cuenta todo lo que te he contado con anterioridad.

Para fracasar con tu dieta los objetivos no son un inconveniente en absoluto. Todo cabe aquí. Sobre todo cuando te planteas perder de enero a junio diez tallas. Cómo disfruta tu enemigo íntimo con esas apuestas tan alocaditas (como diría Flanders).

Un objetivo implica un compromiso. Ese compromiso se debe establecer en un tiempo determinado. Tanto el objetivo, como el compromiso, como el tiempo previsto para su ejecución han de ser realistas. Y el problema es que no somos realistas cuando nos ponemos a dieta puesto que lo hacemos por razones emocionales. Emoción y razón son antagónicos. Por tanto, ¿Cómo pretendes racionalizar en tiempo y espacio algo que, por definición, es competencia de las emociones? ¿Es cuantificable el amor, el odio, la indiferencia, la pereza, el aburrimiento o la alegría? Más allá de mucho o poco no, no lo son, claro está.

LA CLAVE: ser realista y desprenderte de operaciones bikinis, de ese modelito que me quiero poner para la boda y que no me ponía desde que tenía 12 años y de que tu cuñada ha perdido kilos antes que tú. Igual no pierdes tanto peso, pero no te desquiciarás en el proceso.

Ánimo. Que la báscula diga el lunes que has cogido un kilo después de ese fin de semana loco no es para tanto

Asume que fracasar con tu dieta es lo que te espera

La vida se volverá más sencilla. Es como esa frase que dice que no te tomes la vida tan en serio que nadie sale vivo de ella. Somos perdedores que, de vez en cuando, encestan.

Adelgazar y engordar forman parte de los ciclos naturales de la vida de cualquier ser vivo. Solo el ser humano, con su enorme poder para volverlo todo del revés, ha convertido esto en un asunto que requiere especializaciones de alcance universitario.

No debería ser complicado vivir en el cuerpo que cada uno desee si se cumplieran determinados requisitos, pero tal cosa nunca se va a dar y todo el peso recae sobre nuestras conciencias. No se trata de salir derrotado de antemano, sino de tener claro que el ciclo bajada y subida de peso existe y es algo natural.

Adelgazar 40 kilos no es fácil ni rápido. Necesitas descansos, cambiar de aires, volver a comer dulce y saber qué estas dejando de zampar para apreciarlo más en el futuro. Lo importante es hacer paradas controladas, quitarte el mono y seguir hasta la meta final.

Y aunque lo consigas, aunque llegues a la dichosa meta, tu enemigo interior te recordará, por ejemplo, que has envejecido. Que tu piel no es la que era. Que te han salido canas. Que tus rodillas no aguantan el ejercicio. Que tienes cara de enfermo. Que tus hormonas están locas y que tu cuñada tiene mejor tipo que tú aunque hayas adelgazado.

No llames al psicólogo otra vez, no hace falta. Se trata de llegar, no de batir records.