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Las mentiras sobre la restricción calórica

Adelgazar es como el ADN, cada caso es único. La restricción calórica parece que vale para todos.

Si algo he aprendido en todos estos años sobre dietas y pasar hambre es que la mayoría de las recetas clásicas no funcionan a largo plazo. Y el resto… tampoco.

Todos conocemos la definición e locura que hizo Einstein en su día: Hacer las mismas cosas una y otra vez esperando resultados diferentes. Pues así somos. Máquinas de repetir esquemas cuya única diferencia es el nuevo nombre de moda que alguien le ha dado.

¿Y por qué surge este post de hoy? Porque hay algo que no cuadra en esta mierda. Después de más de dos años de cambios de hábitos y bajada de peso he terminado por detectar ciertos patrones. Y créeme cuando afirmo que no te van a gustar ni un pelo.

Por hacer analogía te diré que para tener un blog como este, joven y con (espero) futuro, hay que seguir una serie de pautas para triunfar, sea el triunfo lo que cada uno quiera que sea.

He leído millones de cosas en los últimos meses sobre posicionamiento, SEO, networking, redes sociales, horarios de publicación, frecuencias, dominios, extensiones, temáticas, comentarios en otros blogs del sector, y un sinfín de cosas más que me llevan a una última duda final: ¿qué cojones debo hacer?

Pues la respuesta es sencilla a la par que desalentadora: un poco de todo.

Y esa es la terrible verdad. Para llegar a algo en el mundo de los blogs hay que dar pasos en muchas direcciones esperando que cada camino aporte lo suyo. Ah, y una buena dosis de paciencia, ya que estamos.

Ahora planteo la analogía.

Si para ser blogger hay que tener en cuenta todos esos aspectos y muchos más, ¿por qué para perder peso, controlar la ansiedad por la comida, nuestra relación con los alimentos y que la pérdida de peso sea duradera, hay que matarse de hambre? ¿No hay vida más allá de la restricción calórica?

¿Por qué la inmensa mayoría de las dietas oficiales se basan en eso? ¿Por qué la mayoría de las alternativas también se basan en pasar hambre? ¿Por qué hay que hacer ejercicio a la vez? ¿Por qué hay que llevar una vida saludable? ¿Por qué hay que tener fuerza de voluntad a toneladas? ¿Y por qué existe el efecto rebote? ¿Por qué todo, ABSOLUTAMENTE TODO lo relativo a la pérdida de peso recae sobre la fuerza de voluntad de la persona obesa?

¿Y por qué cuando el peso vuelve lo achacamos a que no ha sabido mantenerse disciplinada? ¿Qué cojones tiene la comida que tomamos hoy en día para que estemos así?

Como ves hay mucha tela que cortar aquí, así que no nos entretengamos con los aperitivos y vamos a por el plato principal.

Berrea
Así me pongo cuando intentan hacerme comulgar con piedras de molino

¿Cómo está tu cuerpo de receptivo?

No conozco otra disciplina exacta a parte de las matemáticas (las exactas, porque hay inexactas… ay, señor). Dentro de las ciencias poco más exacto vamos a encontrar. Hasta las leyes universales de la física se rompen a veces.

Esto es más complicado que restar calorías entrantes de las colorías salientes.

Por tanto es un poco temerario hablar de recetas infalibles para la pérdida de peso, ¿no crees?

Y esto aplica a cada uno de nosotros. Porque tú y yo no somos iguales. Si tú eres de los Beatles y yo de los Stones, ¿por qué lo que a ti te adelgaza me va a funcionar a mí?

Ejemplos, por favor, que se entiende mejor.

Pues, a parte de la evidencia de que el barullo hormonal de una mujer y de un hombre no es el mismo, tenemos las peculiaridades del día a día. A saber:

  1. Estado de ánimo. La química de nuestro cerebro no es la misma cuando estamos alegres que cuando estamos tristes. ¿Crees que esto no afecta a tu dieta?
  2. Salud física. No es lo mismo intentar adelgazar estando con gripe que sin ella. O con una otitis, o con un esguince
  3. Cuál es tu peso acumulado de partida
  4. Cuál es tu edad. La flexibilidad metabólica no es igual con 20 que con 50 años
  5. En qué zona del mundo has nacido
  6. Cuáles son tus tradiciones familiares o sociales
  7. De qué raza o etnia eres
  8. Cómo te alimentaste en la infancia
  9. Cuáles son los hábitos de tus padres y hermanos
  10. Cuál es tu nivel económico
  11. En qué época del año has decidido ponerte a dieta

La lista es improvisada pero no inventada. Todas y cada una de esas razones influyen en el desarrollo, velocidad y capacidad de éxito de tu dieta.

Es obvio que existen líneas maestras que se pueden utilizar para conseguir los objetivos, pero la restricción calórica no es una de ellas. Es por eso que me cabrea tanto las dietas de cajón de médico de cabecera (con todos mis respetos), donde no se investiga ya no las razones de por qué esa persona quiere perder peso, sino las causas por las que lo acumuló.

Toma 1000 calorías al día y perderás peso. ¡Restricción calórica para todos! Joder, ojalá fuera tan sencillo.

El falso mito de la restricción calórica

Hay veces que se nos olvida que venimos de las cavernas. Hace pocos miles de años éramos cazadores recolectores y nos alimentábamos cuando podíamos. Y no era todos los días.

Nuestro cuerpo evolucionó de tal manera que se convirtió en una máquina perfecta para adaptarse a la escasez.

Así nació la flexibilidad metabólica. Gracias a ella nos adaptamos a lo que nos toque. Si restringes calorías lo pasarás mal unos días, puede que semanas, pero tu cuerpo sabe perfectamente lo que tiene que hacer con independencia de lo que la comunidad científica divulgue.

Por suerte tenemos mecanismos en nuestro interior que no dependen de las opiniones de expertos.

¿Pero se pierde peso?, pensarás. Y tanto, pero se recupera totalmente al tiempo. No hay estudios científicos concluyentes que demuestren que la pérdida de peso conseguida por una restricción calórica dure más allá de cinco años. ¿Conoces alguno? Estaré encantado de leerlo.

El cuerpo se adaptará a eso, y a las 800 calorías, o 600. Por eso se adapta a los batidos tipo Herbalife, hasta que deja de hacerlo e incluso engorda.

¿Nunca te ha ocurrido eso de que apenas comas pero aun así no pierdas peso?

Y voy a más. ¿No te ocurre lo mismo cuando haces deporte? Yo llevo un tiempo viendo como si hago deporte y determinada dieta no pierdo ni un gramo. En cambio, hago el mismo deporte y otro tipo de dieta y sí que pierdo. ¿Magia? En absoluto. ¿Paso hambre? Con una sí y con la otra no.

feedback
Con lo sano que es

Tu relación con la comida

En lo artículos sobre el hambre emocional (parte uno y parte dos) trate este tema en profundidad. Quiero comentar algo más sobre esto.

Sigo convencido de que los 7 pasos que propuse funcionan para mejorar tu relación con la comida, pero ahí trato la ansiedad. Ahora quiero tratar la culpa.

Lo que te voy a contar ahora lo habrás escuchado mil veces. No te preocupes, voy a romper una lanza a tu favor. Que el mundo se deje de gilipolleces. Todo no es culpa tuya.

¿Has oído o te han dicho algo de esto alguna vez?

  • Has recuperado el peso porque no has mantenido la dieta. Si la hubieras mantenido un poco más. ¿Cuánto es un poco más?
  • Te falta fuerza de voluntad. ¿Después de quince meses a base de brócoli me vienes con esas?
  • Picoteas demasiado. ¿En una dieta de 1200 calorías? ¿uno o dos picoteos a la semana han de hacerme engordar?
  • No has cambiado tus hábitos del todo. Vale, mi cuñado hace deporte, vida sana y se ha hecho monje budista. ¿He de hacer lo mismo para perder quince kilos?
  • No te has tomado las pastillas o los polvitos saciantes. ¿El secreto mejor guardado son esos polvitos mágicos? ¿En serio?
  • Tus genes son así. O sea, que soy de genes gordos. ¡Qué le voy a hacer entonces!

Hay muchos estereotipos más. Estos son solo una muestra. Pero quédate con el mensaje. Todo gira entorno a que el paciente hace mal las cosas. O no eres lo suficientemente constante, abnegado, de voluntad férrea, genéticamente preparado o atlético nivel olímpico. Siempre hay una razón por la que fracasas.

El sistema que te dan no. Ese es perfecto. El fallo siempre está en ti.

¡Venga ya!

La pirámide alimenticia

No quiero profundizar en esto porque mucho se ha hablado ya el tema (aquí, o aquí, o aquí por ejemplo). Tal vez en un futuro… Pero debes replantearte lo que nos han enseñado desde siempre. No podemos construir nuestra alimentación a base de harinas y alimentos procesados.

Yo no tengo todas las respuestas, ni mucho menos. Sí que me he dado cuenta de lo que funciona y de lo que no. Mi resumen sería este:

  • Dietas hipocalóricas. Efectivas a corto plazo e inútiles a largo plazo
  • Dietas hipocalóricas con ejercicio. Lo mismo. Cortoplacistas pero inútiles a largo plazo
  • Comer de todo con moderación. Totalmente inútil (lee esto). Te puedes comer todas las clases de bombones de una pastelería con moderación. Te garantizo que engordarás. Y con lo que no es de la pastelería también.
  • Hacer las dietas con nombre propio. Como la de Atkins, Dukan, Herbalife, el Método Nosequé, etc. Poco efectivas a largo plazo.
  • Comida real, sin procesados, alcohol, azúcar, limitando lácteos, pasta y granos y con un 75% de frutas y verduras. Altamente efectivo, con o sin deporte.

Es evidente cual es la mía. Y he probado todas las de la lista. La restricción calórica se puede evitar.

Te recomiendo que la pruebes durante una temporada. No pierdes nada y es muy sencilla de seguir. Además, no tienes que pesar alimentos ni hacer alquimias extrañas. Solo cocinar alimentos y comerlos.

No es mi culpa
Solo me hago responsable de lo que me hago responsable

No es mi culpa

Me responsabilizo de lo que realmente me compete. De lo que no, no.

No es mi culpa que los procesados engorden.

No es mi culpa que la industria me diga que beba Coca Cola.

No soy el responsable de que se produzca tal exceso de maíz en el mundo que nos lo metan en casi todos los alimentos, sobre todo en forma de azúcares.

No tengo nada que ver con que los mayores fabricantes de productos ultra procesados subvencionen casi todos los organismos públicos.

No tengo nada que ver con que haya mucha comunidad médica cobrando comisiones por recetar según qué cosas.

No soy responsable de que los productos orgánicos sean mucho más caros que los industriales.

No tengo la culpa de que no se forme nutricionalmente a los niños en los colegios.

No tengo nada que ver con que en estos colegios, institutos y universidades haya máquinas expendedores de snacks llenos de azúcar, sal y grasas poco saludables.

No tengo por qué soportar que se me juzgue como débil, glotón, vago o perezoso por tener sobrepeso.

No tengo por qué matarme de hambre o reventarme a hacer deporte porque casi todo lo que nos venden esté diseñado para engordarnos como si fuéramos ganado.

Y todo esto lo digo porque me encanta que todo el mundo asuma sus responsabilidades. Yo asumo las mías. Pruebo, experimento y llego a mis propias conclusiones.

Pero por encima de todo, odio que me tomen por tonto.

Un abrazo a tod@s.