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Sostenible. Lo que no te han contado

El cambio climático, el medio ambiente, la sostenibilidad, el calentamiento global, la ecología… ¿Hasta qué punto el individuo puede aportar en esta lucha? ¿Está en nuestra mano hacer el planeta más sostenible? ¿Cuánto impacta esto en nuestra salud?

Una de las principales quejas de la corriente vegana gira entorno a la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario actual, basado en una dependencia enorme de la carne que no existía a mediados del siglo XX.

La sustitución de los cultivos múltiples con poca cantidad de ganado se ha sustituido por cultivos extensivos con granjas de engorde aledañas. Estas granjas de engorde son ese mal necesario que nadie quiere saber que existen mientras que el contenido de su barbacoa siga intacto.

El ser humano tiende a mirar para otro lado cuando encuentra algo que no encaja en su cuadro de valores. Es mejor enterrarlo bajo el argumentario de lo políticamente correcto antes que afrontar el problema. Porque el problema duele, y mucho.

La calidad de los cultivos que tenemos, infectados de fertilizantes, y la calidad del ganado de consumo, que se alimenta de esos cultivos híper fertilizados, deja bastante que desear en términos de salud total.

Hoy planteo un artículo para la reflexión. Hoy toca un poco de medio ambiente.

¿Reflexionamos juntos?

Cultivo Sostenible

Lo que cultivamos

Cierto es que gran parte del suelo cultivable del planeta se destina a forraje para las granjas de ganado y porcinas.

En estados Unidos el problema está alcanzando proporciones épicas. El Dilema del Omnívoro de Michael Pollan aborda este asunto en profundidad, dibujando un escenario que a ratos da miedo y a ratos también.

Es de esos libros que no se si recomendar. ¿Hasta qué punto quieres conocer la realidad de nuestros alimentos? Una vez que contestes a esa pregunta podremos seguir.

En España aún no padecemos un problema tan grave, ya que la mayor cantidad de suelo cultivado se destina al cereal. El forraje para ganado ocupa el quinto lugar después del cereal, olivares, viñedos y frutales. Pero en el resto del planeta no se tiene tanta suerte.

Según un informe de la FAO las cosas no son iguales para África, América del Sur y Asia. En Estados Unidos tampoco lo tienen mucho mejor. Más allá de la tala de bosques para ocupar inmensas superficies orientadas al pastoreo se encuentra la desertización global. ¿Es esto sostenible?

La salud del suelo es cada vez peor. El legado que nuestras generaciones futuras se van a encontrar de no aplicarse nuevas políticas es terrible. Medio planeta puede convertirse en desierto si no se regenera el suelo.

Nuestro sistema de cultivo tradicional

En España, sin ir más lejos, el sistema tradicional de barbecho ha funcionado desde siempre para dejar descansar la tierra. Se dividía en dos la superficie total cultivable y se iba turnando su explotación, de tal manera que el suelo podía recuperarse de forma natural.

Los niveles de NPK (nitrógeno, fósforo y potasio) se restauraban gracias a la acción de las malas hierbas y a la vida orgánica subterránea. Poco a poco ese sistema se está abandonando gracias a que los abonos químicos suplen la acción de la naturaleza.

Esta suplementación del suelo hace que se doblen las cosechas pudiendo renunciar a las zonas de barbecho. Más producción igual a más dinero, aunque el precio pagado por esa producción disminuya también a la mitad y, de paso, se hipoteque el futuro.

Más allá de la economía del agricultor se encuentra la salud de ese suelo sobreexplotado. Tras varias cosechas intensivas el suelo dejará de dar de sí y la tierra se volverá estéril. Ni siquiera las malas hierbas crecerán. La vida orgánica abandonará su hábitat natural y el desierto avanzará sin remisión.

Esto ya está ocurriendo en grandes superficies a lo largo del planeta. Que llegue a España solo es una cuestión de tiempo.

Con esa premisa se inicia el documental “Sostenible” que emite Netflix, abordando todo esto desde la perspectiva de un granjero americano llamado Marty Travis que cree que es posible cambiar las cosas.

Lo recomiendo 100×100 para tener una visión general de cómo funciona la agricultura y ganadería mundial.

sostenible

Nuevas rutas de suministro

Si le preguntas a cualquiera cuánto está dispuesto a pagar por un producto de una determinada calidad, la mayoría dirá que lo necesario sin pasarse. Si es bueno, bonito y barato, pues mejor.

Todos damos por hecho que tener una variedad de frutas y verduras ecológicas a nuestra disposición supone un coste muy elevado. Y es así. Hoy por hoy no es comparable el precio de un kilo de tomates comprados en una gran superficie a los de un cultivo ecológico. Y entrar en un debate sobre los beneficios personales que nos aporta no justifica para la mayoría un sobre coste.

¿Pero qué opinaría la gente si se le explica que es posible beneficiarse de esos productos a un precio razonable? Y razonable es muy poco más que lo que ofrece la gran superficie. Es posible, sin duda alguna, cuando se crea un sistema de comercio local eficaz y en sinergia total.

¿Y qué significa esto? Pues una vuelta a las antiguas costumbres, a lo que se ha hecho toda la vida. Comprendo que plantearse ir a buscar un granjero local que te venda las verduras puede ser algo tedioso, además, te tienes que conformar con lo que cultive por temporada.

¿Y si quiero naranjas en agosto y uvas en abril? Pues te jo…

Cambiando de proveedores

Soy el primero que comprende que el tiempo es un recurso escaso. Esta sociedad que hemos creado, donde el resultado y la urgencia se anteponen a la calidad y la salud, entra en una contradicción de base con lo que propongo.

¿Descentralizar nuestra compra semanal para acudir a cinco o seis sitios? ¿Has enloquecido, Rubén? Tal vez sí.

Muchas veces planteo el tema de la sostenibilidad en tertulias, mientras tomamos un café de Colombia acompañado con unos baklava turcos. Acabamos de comer comida china, acompañada de lambrusco italiano. Y hemos ido a recoger la comida al restaurante en un coche coreano.

¡La globalización es fantástica! Aunque sea insostenible. Y ten muy claro que la calidad se ha quedado en el camino.

Sin ser tan exóticos, cuando te comes un tomate cultivado en Brasil, en vez de proceder del pueblo de al lado, algo estás sacrificando.

Si el del pueblo cuesta el doble no es por codicia, es por una multitud de factores entre los que están los costes de producción, la explotación de la mano de obra y del suelo, los híper cultivos, la fertilización exagerada, la extorsión a los productores locales del otro lado del mundo… mira sino la guerra del aguacate. Anda, que importamos mucho en todo esto.

legado familiar

Dinamiza tu entorno más cercano

Esta reflexión es algo que me planteo desde hace bastante tiempo. Buscar una cadena de proveedores locales que satisfagan todas nuestras actuales necesidades no es nada sencillo. Siempre, de alguna forma hay que recurrir a una gran superficie.

Pero todo lo que se camine en ese sentido será terreno conquistado.

La calidad de los alimentos importa mucho. La salud económico de tus vecinos también, por supuesto, pero la interna, la tuya, la que corre por tus venas está en el primer lugar.

Todos deberíamos convertir nuestro abastecimiento semanal en un deporte en el que premiamos a los productores locales mientras ellos nos premian a nosotros con su calidad.

Y ahora hablemos del dinero. Porque esta es siempre la mayor escusa de todas.

Y las excusas son como el culo, decía Clint Eastwood en “El Sargento de Hierro”, todos tenemos uno. Nuestras prioridades deberían reajustarse en este sentido. No podemos seguir regateando cincuenta céntimos a un kilo de patatas y gastarnos cien veces más en compras inútiles en Amazon.

Con el importe de la última cosa que compraste y que apenas usas tendrías para comprar puerros ecológicos y locales durante tres o cuatro meses. Haz el cálculo por curiosidad.

Somos lo que comemos

El siguiente paso en la evolución humana, después de estos años atropellados de sobre explotación planetaria, debería ser bajar el ritmo un poco. Una desaceleración progresiva no nos vendría mal.

La comida real, el estilo de vida saludable, el mindfulness, las terapias para controlar el hambre emocional, el deporte, la vida sana y todo lo que escribo en Mi Báscula Me Odia, son patas de la misma mesa. Y todo va enlazado con todo. No se puede conseguir un objetivo sin avanzar con todos los demás a la vez.

En general, es más una filosofía, o un modo de vida, que un cambio puntual en algo. Es parte de la evolución a la que me estoy sometiendo y la que tanto recomiendo.

Comer menos carne, menos pasta y pan, más comida real de comercio local, muchas verduras, frutas y legumbres es lo que todos deberíamos hacer. Dedicarle más tiempo a la búsqueda de recursos locales saludables y menos a las grandes superficies.

Seguro que hablando con ellos encontraremos agradables sorpresas. ¡Y haremos nuevos amigos!

¿Estás dispuesto a hacer este reto?