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Todos vamos a morir. Puedes elegir cómo hacerlo

La muerte es inherente a la vida. Forma parte del mágico ciclo de la renovación constante. Pero es un asco pensar en ello y tener la certeza de que va a ocurrir. Yo también quiero ser inmortal.

Que algo sea impopular no significa que no debamos reflexionar sobre ello, y hoy quiero hacer un ejercicio de reflexión acerca de los caminos que nos llevan hasta nuestro final. Mas en concreto en las múltiples maneras en las que podemos llegar al final.

Alguien incapaz de leer un manual básico de nutrición está condenado a una muerte prematura Clic para tuitear

Soy consciente de que este no es un tema popular, incluso puede que ya no estés leyendo el artículo por su título, pero si continuas me acompañarás en una reflexión acerca de lo que tenemos en nuestras manos para encaminar nuestros respectivos finales de la manera menos dolorosa posible.

Y créeme cuando te digo que está muy relacionado con lo que hacemos hoy, tengas la edad que tengas.

Así que, sin mas líos, te invito en Mi Báscula Me Odia, a que me acompañes en este pequeño viaje. ¡Comenzamos!

Somos seres sociales y necesitamos las relaciones sociales en nuestra vida. Nos aportan amistad, amor, puntos de vista diferentes, retos y mil cosas más. Es insano renunciar a ellas

Las mil muertes de una vida

Este post no va a ser cómodo de leer y lo sé. Pero necesito que descubramos juntos la cantidad de factores que afectarán en tu muerte y que ya han empezado a mostrarse.

Además, no tengo un guion como en otras ocasiones. Iré escribiendo lo que me fluya y veremos qué sale.

Los dogmas nos llevan antes de tiempo a la tumba Clic para tuitear

Nunca tenemos en cuenta que morimos un poco cada día. Que nuestros hábitos y nuestro entorno afectan de forma absoluta a lo que nos ocurra. Yo mismo siempre me pongo de ejemplo con mi evolución física y mental.

Repetir una y otra vez que la comida saludable es muy necesaria para la calidad de nuestra vida y, por extensión, de nuestra muerte, no hace que el mensaje pierda fuerza

Hace poco más de dos años mi sobrepeso tenía asociada una erupción en la piel de la cual me han quedado secuelas en las piernas. Por suerte son más estéticas que otra cosa, por lo que no me preocupan demasiado.

Otras taras asociadas a mi sobrepeso son la curvatura de mis cervicales, vamos, que tengo un poco de chepa. Y la lesión de mi rodilla izquierda. Ambas son consecuencia de mi sobrepeso, por mucho que hoy en día no lo padezca con la intensidad de hace dos años. Mi diagnóstico de diverticulitis a los 41 años y la opción de vivir los próximos 40 o 50 con una colostomía hecha se incorporaron a mi vida.

Por resumir diría que a mayor independencia de la familia mayor posibilidad de mejora física. Las familias tienden a mirarse el ombligo demasiado, ignorando el mundo exterior y todas sus posibilidades. Clic para tuitear

Esa era mi realidad a los. Hoy con 44 ya no lo es. ¿Milagro? En absoluto.

Los factores que alteraron mi muerte se han visto determinados por los hábitos de mis tres últimos años. Hoy en día tengo claro que me voy a morir igual, pero es casi seguro que mis últimos años no me los pasaré postrado en una cama o en un sofá sin poder moverme a causa de mi sobrepeso y con una bolsa de plástico recogiendo mis heces en el costado. Y eso es mucho. De alguna manera he cambiado mi tipo de muerte.

Pero hay más cosas que han cambiado a causa de esto y las vamos a conocer.

La muerte de la soledad

Uno de los factores comunes en las personas que sufren obesidad es la falta de movilidad. Esa falta de movilidad conlleva que no pueden realizar tareas que otras personas sí pueden, como realizar largos paseos, rutas de senderismo o cualquier otra actividad al aire libre que no sea sentarse en una tumbona a beber cerveza mientras se comen pipas.

Casi todo el mundo a gozado de la compañía de algún grupo social en su vida. Estos grupos se conforman en la adolescencia y, por multitud de razones, se van disolviendo a lo largo de los años. Cuantas más taras físicas coleccionamos, más pronto se pueden disolver estos grupos, por lo que el fantasma de la soledad comienza a planear a nuestro alrededor. El que no avanza al ritmo del entorno…

Vivir en compañía alarga la esperanza de vida. Tener alguien al lado con quien convivir puede ser la mejor de las medicinas

En esos periodos se suele encontrar pareja y se consolida una familia, y aunque el círculo familiar se agranda, mitigando la repercusión de las taras físicas, nuestro nivel de actividades sociales puede verse afectado. Y esto tiene mucho que ver con el abandono físico que podemos ser capaces de tolerar.

La familia va a acompañarnos en nuestro viaje sea cual sea el destino. En muchas ocasiones puede medrar más que ayudar, incluyendo malos hábitos. También es cierto que nos puede beneficiar si algún miembro aporta buenos hábitos a nuestra vida, pero por lo general, lo que necesitamos lo encontraremos fuera de la familia. No dentro.

La soledad en familia es causa de muerte. Cuando vencemos nuestros fantasmas y acudimos a un centro deportivo, sea un gimnasio, un estudio de pilates o una academia de baile, me da igual, se produce el milagro que mucha gente necesita: conoces personas con tus mismas inquietudes que no son familiares tuyos. Por lo que sus opiniones y argumentos son neutrales, no sesgados. Y casi nunca tienen la necesidad de complacernos con placebos alimenticios. Más bien al contrario. Se pueden establecer retos y piques sanos en busca de un objetivo saludable común. Y a medida que ese objetivo se acerque, más horizontes se abren a nuestro alrededor.

Por resumir diría que a mayor independencia de la familia mayor posibilidad de mejora física. Las familias tienden a mirarse el ombligo demasiado, ignorando el mundo exterior y todas sus posibilidades.

Y cuando tu círculo crece, las bajas en tu entorno más cercano no hacen que la habitación de tus sentimientos se encoja, al fin y al cabo una pérdida es una pérdida, pero sí que lo mitiga. Siempre preferimos que nos diga guapo una amiga que nuestra madre, ¿no?

Manten cerca a tus amigos y más cerca a tus enemigos. Necesitas gente a tu alrededor para que la vida cobre sentido. ¿Pintarías un cuadro si no fueras a mostrárselo a nadie?

La muerte del estilo de vida

Cuando nos preguntamos por qué engordamos la mayoría recurre a las calorías ingeridas. Y esa es una parte muy sesgada del discurso.

La lista de las cosas que nos engordan y que nos puede llevar a la muerte es larga, e incluyen los alimentos ultra procesados, las grasas trans, el sedentarismo, el tabaquismo o el alcoholismo. Pero también son causas de obesidad nuestro entorno social, nuestra economía, nuestro lugar de nacimiento, nuestras creencias y nuestra posición social. Las zonas más desfavorecidas económicamente reúnen las tasas más altas de obesidad en el primer y segundo mundo. El tercer mundo es tan sumamente pobre que no les llega ni para ultra procesados.

Claro que nos mata nuestra incultura. Alguien incapaz de leer un manual básico de nutrición está condenado a una muerte prematura. Esa persona que decide escuchar los dogmas establecidos a lo largo de los años en su familia sobre que los huevos son malos y la leche desnatada buena, pues está condenado a tener carencias nutricionales. Y pongo ese ejemplo, un tanto sesgado, como muestra de la punta del iceberg. Si se cree eso, qué se creerá acerca del aceite de oliva, de un puñado de nueces o de un filete de panceta ibérica.

Por tanto se puede decir que los dogmas nos llevan antes de tiempo a la tumba. Cuando creemos que el colesterol hay que bajarlo a toda costa a base de estatinas pero perpetuamos el mito de que una copa de vino al día es saludable, tenemos un grave problema de información sesgada.

Necesitamos sexo en nuestras vidas. ¿Hace falta explicar por qué? Cuanto más mejor, dentro de los gustos y filias de cada uno

Fumar, dormir poco por ver mucho Netflix, hincharnos a cañas los fines de semana y matarnos de hambre el resto de los días, nos llevará a la tumba antes de hora. Y esto ocurre por una sencilla razón, y esta es que las cosas nunca son tan simples.

Si fuera tan sencillo como tomar estatinas para prevenir enfermedades coronarias, pues hace décadas que no tendríamos las tasas de muertes por estos eventos como tenemos en el primer mundo, pero tendemos a ser simplistas. Buscamos el solucionismo total, que un único cambio altere todo nuestro mundo para bien. Que una bajada en un marcador sanguíneo sea el paradigma de la salud.  Y nunca es así. No existen apps de móvil que te lo resuelvan todo.

Hay que disfrutar de las cañas del fin de semana, caray, si no la vida sería un asco. Pero compensar los desmanes sin un programa integral de salud es absurdo, ineficaz y a la larga, lesivo en extremo. Date un atracón en KFC alguna vez, cuando te apetezca, mientras que descanses bien, comas muchas verduras y frutas, hagas ejercicio, rías, disfrutes de la vida y te relaciones con muchas personas, tu salud no se verá afectada. Y ese creo que es el secreto de la vida. Usar la acción reacción para casi todo es más que simplista.

Por eso más que nunca deberías examinar tu entorno social, las costumbres que imperan. Sé que es duro romper con ciertos patrones y hacer ciertas preguntas. Pero a lo mejor no estás planteándote las preguntas correctas. ¿Quieres una afección coronaria a los cincuenta? ¿O un colon destrozado como yo tenía a los 40 años? ¿Quieres que tu hijo o hija de 10 años tenga el doble de sobrepeso que tú a su edad? ¿Crees que por darle ese capricho en forma de snack o de dulce vas a mejorar su calidad de vida? Tal vez esas sean las preguntas que debas formularte, no las de a cuantas personas de tu entorno les va a parecer bien o mal que dejes esos malos hábitos.

La muerte de la hipocresía

Como te he comentado al principio este iba a ser un post un poco especial. He hecho muchos artículos de análisis, recomendaciones, recetas, programas de ejercicios y demás consejos como para permitirme esta licencia literaria. Y no quisiera concluir sin pegarle dos tiros al nivel de hipocresía que todos albergamos en nuestro interior.

Si nuestra vida dependiera de la respuesta a la pregunta: ¿quieres mejorar tu estado físico y mental?, la mayoría de la gente confesaría que en realidad no quiere mejorar su estado físico y mental, que lo que realmente quiere es que el estado físico y mental de su entorno empeore. El mal de muchos es la consigna vital de la mayoría. Mientras que el de al lado esté peor, pues yo estoy genial…

Tal nivel de estupidez lo único que hace es que nos muramos antes de tiempo. Y no solo eso, sino que lo haremos rabiando, con largas enfermedades, tortuosos tratamientos, marrones familiares para ver quién cuida del enfermo y mil cosas malas añadidas más. Todo por mirar para otro lado cuando se habla de tabaco, o justificar que si tal cosa lo hace todo el mundo pues no será tan malo.

Un coche no funciona sin combustible y nosotros tampoco sin descanso. Renunciar a horas de sueño por realizar otras actividades es matarse un poco cada día

En la época de la antigua Roma se mandaba a los reos a ser devorados por los leones en la arena del circo y a todo el mundo le parecía bien. Hoy sería impensable y esto pasa porque el pensamiento humano evoluciona. Hay que esforzarse en ello, y lo más maravillosos es que el esfuerzo colectivo de la humanidad nos brinda hoy en día un nivel de información tan vasto y tan gratuito que necesitaríamos diez vidas para abarcarlo. Todo ese conocimiento debería utilizarse en la mejora de cada individuo, en la búsqueda de la mejor versión de uno mismo. Eso es lo mejor para el entorno, para el colectivo social de turno y para el individuo.

El mal de muchos no vale en este siglo XXI porque la falta de información no es un problema. Querer autocomplacerse en lo mal que está uno con su diabetes, su sobrepeso, sus malas relaciones personales, su pareja infiel o sus hijos despegados, es más una búsqueda de empatía que de una solución. Lo he comprobado muchas veces ya. No queremos soluciones a nuestra situación queremos que nos escuchen y que la sesión acabe en un milagro. Y eso no va a pasar.

Si tienes 20 años, 30, 40 o los que sean y aun no te has fastidiado del todo el cuerpo, puedes empezar a decidir cómo quieres morir. No te andes con las ramas ni te engañes, porque en el fondo a quien quieres engañar es a tu entorno para generar esa empatía de la que te hablo.

Y comienza desde ya a tocar cada una de las 30 teclas del piano para cambiar ese destino. Cada una de ellas obrará un cambio y todas en conjunto obrarán el milagro. Todo lo demás es hablar por no callar. Y si no puedes mejorar el silencio…

Resumen
Todos vamos a morir. Puedes elegir cómo hacerlo
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Todos vamos a morir. Puedes elegir cómo hacerlo
Descripción
La lista de las cosas que nos engordan y que nos puede llevar a la muerte es larga, e incluyen los alimentos ultra procesados, las grasas trans, el sedentarismo, el tabaquismo o el alcoholismo. Pero también son causas de obesidad nuestro entorno social, nuestra economía, nuestro lugar de nacimiento, nuestras creencias y nuestra posición social. Las zonas más desfavorecidas económicamente reúnen las tasas más altas de obesidad en el primer y segundo mundo. El tercer mundo es tan sumamente pobre que no les llega ni para ultra procesados.
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